Giuseppe Bartoli Bertolero y su poesía romántica

Por: María Luz Crevoisier
Un poeta nacido en Estados Unidos, pero de sangre peruana, ha sabido asumir todo el misterio que entraña el Romanticismo, haciéndolo suyo. Nos referimos a Giuseppe Bartoli Bertolero, quien se dejó seducir por los encantos del amor, uniéndose a esa enorme legión de creadores que transitan por el mismo camino.
Como ejemplo podemos citar a los grandes poetas ingleses Lord Byron, Percy Shelley, William Wordsworth, Keat y Shakespeare, quienes dieron evidencias de cómo la exuberancia de ese sentir puede transformarse también en bellas coplas y versos.
Bartoli (1983, Virginia) asumió el Romanticismo quizá porque va de la mano con esta desazón contemporánea que se instaló en el mundo, después de la Segunda Guerra Mundial y se ha ido agravando a medida que el hombre se alejó de la naturaleza para llenarse de ambiciones, competencias y feroces egoísmos.
Giuseppe Bartoli Bertolero, a través de su poética, manifiesta esa angustia existencial hasta llegar a un cansancio metafísico, un andar por cualquier parte y que no lo lleva a ningún sitio arrastrándolo por múltiples caminos. Pero también, y creo que aquí consigue una redención por decirlo de alguna manera, se enamora, quizá no solo de una mujer concreta, sino del mismo amor, porque repite la singular experiencia una y otra vez.
Como testimonio tenemos sus tres ediciones poéticas publicadas en Perú: Los Usos Indebidos del Amor, dedicada a Luciana Stiglich; Las Veinticinco (Horas), y Compartirte con el Mundo, dedicada a Heidy Alexandra Lizarazo.
Si nos llevamos por la declaración de Giuseppe, de que escribe un poema diario desde los 11 años, hasta la fecha en que frisa los 41, sospechamos que debe tener tantos como dicen que Lope de Vega escribió obras de teatro, las que unidas daban la vuelta al mundo. Los poemas de Giuseppe sumados podrían empedrar todas las calles de los países a donde viajó.

PARTE DE SU TRABAJO
En Los Usos Indebidos del Amor, Bartoli revela una espiritualidad que se hace trizas por el deseo carnal: «hay un tigre en mis pantalones/ que anhela revolcarte/ en un bar, entre copas, en la cama proverbial/ o donde sea que nuestros cuerpos calientes se encuentren» (El Grito de la Selva) // Estas en mis pensamientos, pero no en mi presencia/estás en mis poemas, pero no en mi presencia;/ estás en mis plegarias, pero no en mi presencia;/ pero siempre estarás presente en mi corazón».
En Compartirte Con el Mundo, utiliza al objeto amado para que lo acompañe como una brújula en su deambular por las grandes y chicas ciudades de sus innumerables viajes como Paracas, Ica, Copiapó, Bariloche, Buenos Aires, Roma, Londres, París. Miami, Copenhague, Barcelona.
Pero también para que ella, su amada, forme parte de esos lugares. Giuseppe, entrelaza estos versos con otras inquietudes, pero creemos que los versos más logrados, son aquellos que sintetizan un gran romanticismo mezclados con toda la fuerza de sus pasiones, sin descontar su eterno erotismo: «Quiero ser/ como la marea/de West Sands/ e invitarte/ mar adentro/antes/ de regresar/ con todo/ y arrastrarte/ con furia/ Es mi forma/ de amar»
Finalmente agregamos que varios de sus poemas fueron publicados en revistas de Estados Unidos, Reino Unido, Filipinas e India. También cuenta con narraciones y con la novela «El Sinchi».
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