La poeta del despojo: Idea Vilariño

La escritora convirtió el amor, la ausencia y el dolor en una voz poética breve y profunda.
Por: Julio Armando Aguilar Quicaño.
Aquella tarde de febrero de 2017 todo transcurría con una normalidad pocas veces habitual. Las nubes tiñeron el cielo de un blanco desvaído, como el vapor denso que emana de una taza de té recién hecha, mientras las gotas de agua golpeaban con suavidad los cristales de la ventana. Ajeno a todo eso, él, sentado en el sillón de la mesa 4 de la cafetería Moneys con las piernas cruzadas, leía en la pantalla del celular, perdiendo el foco de su mente, ese mensaje que ella le había enviado.
En ese texto, donde ella se desnudaba emocionalmente, le mostraba su lamento porque él nunca se dio cuenta del gran amor que le tenía, de lo mucho que había soñado con un romance a su lado. Junto al mensaje, había un archivo adjunto; era un poema que expresaba, mejor que todo lo anterior, el dolor de su indiferencia. Un poema simple pero desgarrador, escrito por una mujer que, al igual que ella, había sufrido la crueldad de un rechazo. Aquel poema era «Ya no», y esa mujer fue Idea Vilariño.
La poesía es la más auténtica y entrañable de las manifestaciones humanas. La escritora mexicana Elena Poniatowska definió a Idea Vilariño como alguien «bella y triste como su poesía», y no puede ser de otra manera, pues la biografía de un poeta es su obra misma.
SU ORIGEN
Idea nació un 18 de agosto de 1920 en Montevideo, Uruguay, dentro de una familia de intelectuales conformada por el poeta Leandro Vilariño y Josefina Romani, cuyo amor por la literatura se trasladó a la peculiaridad de los nombres de sus hijos. De ahí surge su nombre, Idea, mientras que sus hermanos se llamaron Poema, Numen, Azul y Alma. Desde muy joven ya escribía poesía; sus primeros escritos datan de cuando tenía entre 17 y 21 años de edad.
De niña estudió música, especialmente piano y violín, desarrollando la facultad del oído absoluto. Esta disciplina tuvo una fuerte influencia en su obra literaria. Según cuenta la crítica literaria Alicia Torres, en un momento dado, sus primeras obras fueron composiciones de letras musicales. Entre ellas se encuentra, por ejemplo, la «Canción a una paloma» de Daniel Viglietti, una de las más representativas del folklore uruguayo, que originalmente era un poema de Vilariño.
Asimismo, su poema «Los orientales», escrito por su profunda admiración a «la redota», es decir, la revolución de 1811, surgió como una especie de homenaje a los campesinos que defendieron sus tierras. Este fue musicalizado por el cantante José Luis «Pepe» Guerra, del dúo uruguayo Los Olimareños, una canción emblema del canto popular charrúa en respuesta a la dictadura cívico-militar bajo el mando del presidente Juan María Bordaberry.
SU RELACIÓN CON LO ACADÉMICO
Vilariño formó parte de la llamada Generación del 45, un círculo intelectual surgido entre 1945 y 1950 por reconocidos escritores uruguayos, entre los que estaban Ida Vitale, Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti. La poesía de Vilariño es imposible de no reconocer una vez que se entra en contacto con ella, marcada por una brevedad muy puntual. Al igual que muchos de su generación, su obra estuvo fuertemente influenciada por el existencialismo sartriano. Esta labor poética se sostuvo también y se caracterizó por el romance y el despojo; al ser una poesía tan breve, carecía de un lenguaje excesivo, razón por la cual la crítica habla de una «poética del despojo».
Ejerció la docencia en la Universidad de la República, fue crítica literaria y fundó las revistas Clinamen y Número. Escribía de forma compulsiva y sin imaginar que alguien podía leerla. Quizás por eso o, mejor dicho, precisamente por eso, no tuvo ningún pudor en mostrar su lado más descarnado, dolido, consciente de la muerte, del fin del amor y de la intensidad del deseo: Yo. No sé quién soy. Mi nombre ya no me dice nada. No sé qué estoy haciendo. Nada tiene ya más que ver con nada, digo yo por decirlo de algún modo.
SU GRAN AMOR
Si se preguntan el porqué del título y de esta introducción un tanto inusual, pues les diré que el desamor fue la musa de algunos de sus mejores poemas. Y ese desamor tiene nombre propio: el mismo Juan Carlos Onetti.
Según algunos testimonios, Onetti y Vilariño se vieron por primera vez a inicios de los años 50 en un bar de Montevideo que quedaba frente al río, en una costa que, a diferencia de la porteña, no le daba la espalda al agua. Él, once años mayor que ella, ya era conocido por su aclamada obra prima El pozo, publicada en 1939, así como también por La vida breve. Ella, además de poeta, era traductora de Shakespeare. La misma Idea evocó cómo fue que se enamoró de Onetti: «Estaba seduciéndome a fondo con lo mejor de sí mismo y tanto que yo me quedé convencida de que aquello era la séptima maravilla. Esa misma noche me enamoré de él. Me enamoré, me enamoré, me enamoré».
Contrario a lo que muchos se podrían imaginar, aquella relación no fue un romance de cuento de hadas; fue más bien un amorío lleno de turbulencias. El autor de Los adioses contrajo nupcias en cuatro ocasiones, dos de ellas con su prima y su sobrina respectivamente, y se casó por última vez mientras continuaba su romance con la poetisa. De igual modo, ella fue una mujer amada por muchos hombres, pero definitivamente quien la marcó fue Juan Carlos, quien le dedicó su novela Los adioses, publicada en 1954. En respuesta, la autora le dedicó su poemario Poemas de amor en 1957, donde escribe versos tan desgarradores como los de «Qué lástima»: «Qué lástima / qué lástima / estar muertos / faltar / a tan hondo deber / a tan preciada cita / a un amor tan seguro».
Nunca llegaron a concretar nada serio. Se vieron en un par de ocasiones más y de ahí cada uno desapareció de la vida del otro. Sin embargo, Onetti fue un recuerdo doloroso en la vida de Vilariño. Él murió en Madrid a los 84 años en 1994. Ella, por su lado, publicó un par de trabajos más, incluyendo una antología en 2004, y murió en 2009 a los 88 años de edad en su casa en Montevideo; nunca se casó ni tuvo hijos.
Tal vez es esa la grandeza de Idea Vilariño. Haber convertido un amor que nunca terminó de concretarse en algunos de los poemas más conmovedores de la literatura hispana. Porque ella encontró las palabras necesarias para escribir sobre el desamor con una sinceridad que todavía hoy sigue estremeciendo y encandilando a quienes la leen y logran plasmar en una hoja de papel aquellos sentimientos que no se logran expresar con las palabras.
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