Perú

Lenguas originarias: ¿Requisito para un examen o compromiso con el país?

30 de agosto de 2025

Una lengua originaria es la memoria histórica, cosmovisión e identidad.

Por: Federico López Mamani.

Cada cierto tiempo, miles de docentes en el Perú se preparan para rendir evaluaciones en lenguas originarias. El objetivo inmediato es claro: aprobar un examen que permita acceder al nombramiento, a una reasignación o a cargos de mayor responsabilidad. Sin embargo, este escenario plantea una reflexión inevitable: ¿aprendemos estas lenguas por verdadero compromiso cultural o solo porque se nos exige como requisito burocrático?

El aprendizaje de una lengua originaria, en muchos casos, se reduce a un medio para lograr objetivos personales o profesionales. Una vez alcanzados, el esfuerzo desaparece y el conocimiento queda en el olvido. Surge entonces la pregunta crítica: ¿qué sentido tiene dominar una lengua únicamente para un examen, si luego no se utiliza en la práctica ni se traduce en un aporte a la comunidad educativa?

El problema no es solo individual, también es institucional. El Estado, a través del Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura, resalta constantemente valores como la diversidad, la inclusión y la interculturalidad. Pero en la práctica, estas políticas suelen quedarse en discursos y documentos normativos, sin presupuestos claros ni acciones sostenibles que garanticen una verdadera educación intercultural bilingüe (EIB).

Asimismo, los gobiernos regionales, las municipalidades, las instituciones educativas y las familias no siempre asumen su parte de responsabilidad. Mantener vivas las lenguas originarias no debería ser una tarea impuesta por una evaluación, sino una labor compartida, transmitida desde la comunidad y fortalecida en las aulas.

En un país pluricultural, reducir las lenguas a un requisito es invisibilizar su valor profundo. Una lengua no es solo un conjunto de palabras: es memoria histórica, cosmovisión e identidad. Limitarla a un examen empobrece su significado y pone en riesgo su continuidad.

El gran desafío está en dejar de ver las lenguas originarias como simples escalones para ascender en la carrera docente y comenzar a reconocerlas como patrimonio cultural de todos los peruanos. Si queremos un país coherente, necesitamos políticas claras, presupuesto real y, sobre todo, compromiso social.

Las lenguas originarias son voces ancestrales que aún laten en nuestras montañas y en la memoria de los pueblos. Reducirlas a un requisito administrativo es silenciarlas. No se trata de aprender una lengua para pasar una prueba: se trata de vivirla, enseñarla y proyectarla como parte de nuestra identidad colectiva. Solo así podremos hablar de interculturalidad con legitimidad y de un Perú que realmente respeta y preserva su diversidad.

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