Colorantes bajo lupa: lo que viene en 2027
Dos comisiones del Congreso ya respaldan prohibir la eritrosina.

Hace apenas un año, esto era
una recomendación que ninguna empresa estaba obligada a seguir. Hoy está a un
paso de convertirse en ley. En enero de 2026, la Comisión de Salud del Congreso
aprobó un dictamen que prohíbe el colorante sintético rojo N°3, la eritrosina,
y fue todavía más lejos de lo que se venía discutiendo: la prohibición ya no se
limita a alimentos y medicamentos, también alcanza a los cosméticos. Solo falta
el voto del Pleno para que quede sellada.
DOS COMISIONES, UN MISMO DIAGNÓSTICO
Esto no salió de la nada. En
octubre de 2025, la Comisión de Defensa del Consumidor ya había aprobado su
propio dictamen contra la eritrosina en alimentos y fármacos, uniendo seis
proyectos de ley que distintas bancadas venían presentando por separado. Que
meses después una segunda comisión, la de Salud, haya llegado a la misma
conclusión y la haya ampliado a cosméticos, nos dice algo importante: esto no
es un episodio aislado ni una moda pasajera del Congreso, es una tendencia que
ya se consolidó. El calendario, por ahora, se mantiene: 1 de enero de 2027 para
alimentos, 1 de enero de 2028 para medicamentos y cosméticos.
NO SOLO ESTÁ EN LOS DULCES
Mucha gente todavía cree que la
eritrosina vive solo en golosinas, gelatinas y gaseosas de un rojo bien
intenso. La realidad es menos obvia: se ha encontrado en productos tan
cotidianos como los embutidos, incluyendo algunas marcas de chorizo. Y no siempre
se nota: su presencia no siempre se traduce en un color rojo evidente, así que
el consumidor promedio difícilmente la detecta con solo mirar el producto. La
única forma segura de saberlo es leer la etiqueta y buscar las palabras
"eritrosina" o "colorante rojo N°3".
LA TARTRAZINA, LA SIGUIENTE EN LA LISTA
La eritrosina no está sola en
la mira. La tartrazina, el colorante amarillo N°5, ya tiene una disposición
vigente de DIGESA que obliga a declarar en el rotulado, en mayúscula y negrita,
la frase "Contiene Tartrazina". Y hay algo más que vale la pena tener
presente: especialistas advierten que combinar eritrosina y tartrazina en un
mismo producto podría aumentar el riesgo de reacciones alérgicas, sobre todo en
niños pequeños. Para una empresa de alimentos, esto cambia el enfoque: no basta
con revisar un colorante a la vez, hay que mirar el perfil completo de aditivos
de todo el portafolio.
QUÉ DEBE HACER UNA EMPRESA DE ALIMENTOS HOY
Con la prohibición cada vez más
cerca de convertirse en ley, esperar hasta el 2027 para reaccionar es, sin
duda, la peor estrategia. Lo primero es mapear todo el portafolio, incluyendo
esas categorías donde uno no esperaría encontrar colorantes sintéticos, como
los embutidos. Lo segundo es empezar a probar alternativas naturales
—betarraga, cúrcuma, huito, achiote— y evaluar cómo se comportan en estabilidad
y en costo antes de que la reformulación deje de ser una opción y se convierta
en una obligación con fecha límite. Lo tercero es anticipar el cambio de
etiquetado, para no terminar reimprimiendo empaques a último momento cuando la
norma ya esté vigente.
Esto no es solo teoría. En
Estados Unidos, Kraft Heinz ya recorrió ese camino con Jell-O: lanzó la línea
Jell-O Simply, en la que reemplazó los colorantes sintéticos por jugo de
frutas, jugo de vegetales y un extracto derivado de la raíz de cúrcuma, además
de reducir el azúcar. Es un buen recordatorio de que reformular con colorantes
naturales no es un imposible técnico ni un lujo de nicho: es un proceso que ya
se hizo, a escala industrial, en una categoría —la de gelatinas— tan sensible
al color como cualquiera de las nuestras. En Perú, donde además somos
productores reconocidos de colorantes naturales como el carmín de cochinilla,
el achiote o la cúrcuma, ese aprendizaje llega con una ventaja adicional: buena
parte de la materia prima la tenemos aquí mismo.
EL PUNTO CLAVE
El destino de la eritrosina en
el Perú ya no depende de si el Congreso decide prohibirla, sino de cuándo lo
hará formalmente. Y esa certeza debería cambiar la forma en que las empresas
del rubro alimentario están planificando: no como una amenaza regulatoria a la
que hay que resistirse, sino como una oportunidad para adelantarse, con una
reformulación bien hecha y respaldada por un equipo técnico capaz de traducir
la norma en un producto seguro, estable y confiable. Porque en un sector donde
la confianza del consumidor se construye producto a producto, llegar tarde a un
cambio que ya se veía venir no es solo un riesgo regulatorio: es un riesgo
reputacional.




