Arequipa

Ana busca 25 mil firmas para una muerte digna

9 de febrero de 2020

En esta lucha por conseguir una muerte digna, ya consiguió 14 mil firmas de las 25 mil planteadas.

Ana Estrada mantiene su lucha por lograr una muerte asistida, prohibida por la ley peruana. Ella a través de su blog está buscando 25 mil firmas para solicitar al Estado peruano que pueda practicar la eutanasia o la muerte pasiva que no está permitida en el país. Ya lleva algo más de 14 mil adherentes.
Estrada busca que no se castigue a quien la ayude a morir cuando llegue el día en que sean insoportables los dolores causados por la enfermedad que le paralizó casi todo su cuerpo, la obligó a alimentarse con una sonda directa a su estómago y a usar una traqueotomía para respirar.
Lo que ella pide es luchar por su libertad de elección, dice la psicóloga de 42 años en su blog personal “Ana: en busca de una muerte digna”. Le diagnosticaron polimiositis, una enfermedad muscular crónica y degenerativa, que se manifestó a los 14 años y que a los 20 la obligó a usar una silla de ruedas porque se cansaba al caminar y había perdido fuerza en los músculos.
Pese a las dificultades se graduó de psicóloga, trabajó como terapeuta, tuvo pacientes, ahorró dinero y se compró un departamento, tuvo pareja y crió un gato. En 2015 todo cambió. Se le debilitaron por completo los músculos de sus extremidades y los que le permiten respirar, además una neumonía agravó su estado, por lo que pasó un año en cuidados intensivos.
“Es como estar presa en mi propio cuerpo las 24 horas”, dice. Ahora necesita del cuidado permanente de enfermeras, perdió su privacidad, rompió con su pareja y dio en adopción a su gato. En el hospital aprendió que el peor momento era la hora del baño: una enfermera la sostenía, mientras la otra la limpiaba y conversaban entre ellas, pero ninguna miraba a Estrada para saber si sentía dolor.
“Cuando estás hospitalizado pierdes tu identidad, hay como una degradación del paciente”, escribió en su blog, con el índice derecho, el único dedo que puede mover.
Tras luchar contra la depresión se enfocó en su pelea por la muerte digna, lo que implica modificar el castigo que impone la ley a quien la ayude el día en que decida morir. Pese a todo, asegura que la vida es bella y por ello se tatuó aves y plantas que así se lo recuerdan.
El neumólogo Gonzalo Gianella, quien trató a Estrada, explicó que la polimiositis va dañando los músculos, poco a poco comienza a tener problemas para hablar, para deglutir, para respirar, para moverse.
Su lucha por modificar la ley para que personas en su situación puedan morir cuando lo deseen mediante la ayuda de un tercero es ahora apoyado por la Defensoría del Pueblo, que acogió su reclamo y presentó una acción de amparo ante un juez para que la ley no se aplique cuando Estrada decida enfrentar a la muerte.
En el Perú está criminalizado el homicidio piadoso con tres años de cárcel, por lo que cualquier persona o médico que quiera apoyarla podría estar cometiendo un delito, explicó Ángel María Manrique, representante del Defensor del Pueblo.
La eutanasia o muerte asistida solo es legal en Colombia, Canadá, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. En Suiza, en un estado de Australia y en varios de Estados Unidos es legal el suicidio asistido, en el que el paciente se administra a sí mismo una droga letal bajo supervisión médica.
“Soy Ana Estrada, tengo 42 años y soy de Lima, Perú. A los 12 años me diagnosticaron polimiositis, una enfermedad autoinmune, progresiva y degenerativa que atrofia e inflama los músculos, causando pérdida de fuerza. Con los años, y de manera insidiosa, las limitaciones fueron cada vez más comprometedoras. A los 20 años comencé a usar silla de ruedas y poco a poco necesitaba más ayuda para realizar mis actividades diarias como vestirme, asearme, ir al baño, alimentarme”, se presenta en su carta.
“En el 2015 mis músculos respiratorios comenzaron a perder fuerza y terminé 6 meses en cuidados intensivos. Primero me intubaron por 15 días y luego me practicaron una traqueostomía. Me alimentaron por sonda orogástrica y finalmente me realizaron una gastrostomía.
Continúa: “Así me dieron de alta bajo el cuidado de enfermeras las 24 horas y mis padres tuvieron que mudarse a mi casa porque yo ya no puedo trabajar. Mi condición actual es de semipostración, es decir, en el mejor de los días, logro estar 4 horas en mi silla de ruedas, el resto las paso en cama conectada al ventilador o respirando espontáneamente por la tráquea. También puedo deglutir y alimentarme vía oral cuando me siento bien”.
“Pero con el tiempo, llegará el momento en que perderé la poca fuerza que me queda y dependeré totalmente del ventilador, seré más propensa a infecciones y a úlceras por presión”.
Ana considera que su vida ha encontrado un sentido con la lucha de conseguir que finalmente le permitan poner fin a sus días el día cuando considere que ya no puede más. Dice que no será al día siguiente que se lo permitan, sino el día que Ella elija.
“La libertad para tener el derecho a elegir sobre mi vida y mi cuerpo y, si es que así lo deseo, poder morir en el momento que lo requiera o necesite”, señala en su carta. No quiere cometer un suicidio, como se lo sugieren, puesto que quiere hacer las cosas correctas.
La carta además es un medio más para sensibilizar a la sociedad en general, y la recolección de firmas la inició en setiembre del año pasado.
En su blog no solo recibe opiniones de apoyo, sino hasta críticas crueles, las que acepta, pues considera que cada uno es libre de elegir, como Ella pide que también se lo permitan.

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