Arequipa

Aníbal Pepper, el “doctor gringo” y su familia al servicio de los pobres

18 de marzo de 2018
Aníbal Pepper, el “doctor gringo” y  su familia al servicio de los pobres

Aníbal Pepper es un médico arequipeño con raíces cusqueñas que reside hace 50 años en EE. UU. Sin embargo, nunca ha olvidado el Perú ni a su tierra natal. Ha liderado misiones médicas y donaciones para diferentes hospitales del país, especialmente para el Honorio Delgado. Su vocación de servicio ha llegado a tal punto que hace 36 años y por 4 meses, junto a su esposa e hijos norteamericanos se internó en el valle del Cusco para dar servicio médico a campesinos sin recursos. Desde el 3 de abril, su hija –médico de profesión- hará lo propio. Junto a su esposo y tres hijos, replicarán la experiencia de Pepper. ¿Qué mejor regalo que dar vida a los que menos tienen? 

 
Por: Elizabeth Huanca U.
 
Aníbal Pepper Figueroa se hizo médico para ayudar a los demás. “Qué mejor regalo que dar vida”, dice sonriente este galeno de 80 años con acento norteamericano, pero que es más arequipeño que el Misti.
 
Quería seguir los pasos de su padre, Hugo Pepper Macedo, uno de los primeros y más reconocidos odontólogos de Arequipa que laboró muchos años en el hospital Goyeneche, sin embargo encontró su propio camino en el servicio “rural”, en el apoyo a los más pobres y a los pacientes quemados.  
 
Pepper estudió Medicina en la Universidad San Agustín, pero se fue a vivir a Estados Unidos hace 50 años, donde se casó con Ann Pepper con la que tuvo tres hijos, Michael, Elizabeth y Alisson. En Norteamérica se especializó en cirugía laparoscópica y desde esa tierra se las ha arreglado para volver más de 70 veces a su ciudad natal y diversas partes del país con misiones médicas y ayuda económica para socorrer a diversos hospitales. Es un hombre de servicio.
 
En Arequipa, con donaciones de la Sociedad Americana de Médicos Peruanos (PAMS), la ONG que reúne a cerca de 1000 médicos peruanos residentes en Estados Unidos, logró fundar la Unidad de Quemados en el hospital Honorio Delgado hace 35 años. Cada año vuelve al nosocomio con más aportes en equipos y medicamentos para dar alivio a los que por desgracia han marcado su vida por el fuego, agua hirviendo o las descargas eléctricas. Este año, su misión es socorrer al hospital General, que pasa una grave crisis en su centro quirúrgico.
 
DOCTOR EN VIETNAM
Su vocación por ayudar a los quemados nació en la Guerra de Vietnam. Tenía casi 30 años, había ganado una beca para especializarse en Estados Unidos y se encontraba en la mitad de su ciclo de residencia en el Hines Hospital de la Loyola Medical Center de Chicago, cuando fue llamado para servir al Ejército Norteamericano que se enfrentaba en conflicto. No quería, pero tuvo que aceptar. Con el cargo de “Mayor” se especializó en el campo en cirugía de guerra. Allí atendía diversos casos, pero los “quemados” impactaron hondamente en su carrera. 
 
Varios años después, en una de sus visitas a la Ciudad Blanca, se dio con la ingrata sorpresa de que en el hospital Honorio Delgado, los pacientes con 30% de quemaduras fallecían por falta de equipos e infraestructura para su atención. “Eso era inconcebible”, dijo molesto, entonces se puso como meta crear una unidad especializada. La mejor implementada del Sur y así lo hizo. Pepper con un ejército de especialistas trae cada año, cirujanos del extranjero para intervenir a quienes quedaron con secuelas de quemaduras, labio leporino u otros males congénitos de manera gratuita. Las misiones recorren diversas partes del país. Han canalizado al momento US$ 60 millones al Perú, US$ 2 millones llegaron directamente al hospital General, Goyeneche y Pedro P. Díaz.    
 
SERVICIO EN EL 
VALLE SAGRADO
Pepper no solo tiene sangre arequipeña. Las raíces cusqueñas viven en él. Su madre, Carmen Figueroa Yabar nació en el Valle Sagrado (Urubamba) por eso cada año, además de visitar Arequipa, regresa a este hermoso paraje cusqueño, donde hasta ahora vive parte de su familia. 
 
En 1982, el doctor Aníbal cumplió uno de sus sueños más anhelados como médico. Hacer servicio médico en un pueblo recóndito. Eligió el distrito de Yucay, ubicado a tres horas de la ciudad de Cusco, en el Valle Sagrado de los Incas. Su esposa y sus hijos Michael (12) y Elizabeth (10) lo acompañaron en esta aventura. 
 
Se instalaron en el pequeño pueblo, donde solo existía una posta precaria con una enfermera a cargo. La población no tenía servicio médico, mientras que el agua y luz solo era por horas. 
 
Pepper se instaló con el permiso del alcalde del lugar y llevó consigo equipos y medicamentos que a través de PAMS había reunido. Fueron cuatro meses al servicio gratuito de personas pobres. 
 
“Ha llegado un doctor gringo”, se escuchaba decir, entre la gente del pueblo que cada domingo se congregaba en la plaza central para la misa. 
 
Sus hijos estudiaban en la única escuela de la zona y su esposa lavaba la ropa en el río y la tendía en medio de molles y ramas para hacerla secar. 
 
El galeno confiesa que se fue con toda su familia porque quería que sus hijos y Ann vieran que había dos mundos. En Estados Unidos, los niños se divertían con bicicletas y juegos de televisión; en Yucay, los niños eran felices jugando sin aparatos sofisticados, corriendo alrededor de sus burros, tomando leche recién ordeñada y hasta cuidando vacas. Quería, además, que aprendieran sobre la gratitud. Su padre y su tío, médicos de profesión, le dijeron que el reconocimiento más grande, siempre venía del que menos tenía. Y así fue. 
Un día, antes que cierre la posta, un grupo de campesinos llegó cargando a un hombre herido por el cuerno de un toro. El varón estaba envuelto en una manta, cuando Pepper lo vio, este tenía los intestinos afuera. El galeno, ya había sido entrenado en Vietnam para atender emergencias en medio de la precariedad. Así que solo con anestesia local y el apoyo del chofer de la comuna del distrito, intervino al varón y cinco días después este fue dado de alta. 
 
Al día siguiente, muy temprano, Román, el hombre que salvó, su esposa e hijos llegaron hasta su puerta trayendo un chancho entero como gratitud al médico. Pepper, con ayuda de Ann y algunas mujeres del pueblo cocinaron la carne en un horno y el delicioso plato fue repartido a todo el que gustase. Todo ante la atenta mirada de sus pequeños hijos que mientras aprendían de la vida en el campo, perfeccionaban su castellano.
 
En Yucay, Pepper fue médico múltiple. Era pediatra, ginecólogo, cirujano y hasta obstetra. Una noche, lo llevaron para que atendiera el parto en un anexo lejano. Atendió el alumbramiento iluminado solo con una vela. Cuando la criatura llegó al mundo, el galeno se dio con la ingrata sorpresa de que no había llevado nada para sellar el cordón umbilical. Solo atinó a sacarse la hilera del zapato, pedir a un familiar de la parturienta que la haga hervir para desinfectarla y con ella amarró el ombligo del niño. De aquella experiencia, Pepper guarda una hermosa foto. En ella se ve a la joven mujer con el neonato en brazos.
 
La posta no era muy visitada antes de la llegada de Pepper, pero cuando se supo de su arribo llegó a tener hasta 40 pacientes a día. Muchos campesinos venían desde anexos lejanos para recibir atención. Por años fueron olvidados por el Estado y era un verdadero milagro tener un médico en el pueblo.
 
El galeno recuerda que el día que se fue, la población hizo una fiesta de despedida. Fueron momentos inolvidables de nostalgia y alegría. Sin embargo, se fue con pendiente. Pocos días antes de su partida, María, una niña de 12 años fue llevada a la posta. Pepper detectó que tenía un problema en el corazón y debía ser intervenida urgentemente. Gestionó su traslado al hospital del Niño en Lima y desde Estados Unidos, con apoyo de un grupo de galenos enviaron una válvula coronaria para que sea implantada en la niña. Supo que María, soportó la operación y se salvó. Pepper no volvió a saber más de ella, pero confía en que hoy sea una mujer sana y feliz.
 
TERCERA GENERACIÓN          
La experiencia de Pepper en el valle de Yucay se repetirá este año. Sin embargo, no será él quien vuelva a la tierra de su madre para servir a los campesinos. Su hija Elizabeth, una médico internista que ahora tiene 46 años, ha decidido replicar la obra de su padre y el 3 de abril se instalará en este pueblo junto a su esposo Jeff Lahti, un galeno especialista en emergencias y sus tres hijos Cooper (13), Carmen (11) y Charlie (09). Los niños ya han sido matriculados en la escuela de la zona. Su madre, quiere que ellos como lo hizo ella cuando era niña conozcan el Perú profundo y aprendan a ser felices en un mundo distinto, que no quiere que sea ajeno a ellos. 
 
Pepper, por estos días, no cabe de emoción. Él será el encargado de llevar y dejar a su hija en el valle. Se siente orgulloso. Con ella y sus nietos, tres generaciones de su familia, sabrán lo que es vivir para servir. Pepper es un hombre extraordinario, su familia también.
 
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