Arequipa

«Are-quiapí» los pueblos entre los apus: Los pueblos que construyeron Arequipa

16 de junio de 2026

Por: Juan Francisco Melgar Begazo, arquitecto, especialista en urbanismo y territorio.

Existe una idea repetida durante siglos: que la historia de Arequipa comenzó el 15 de agosto de 1540, cuando los españoles fundaron la Villa Hermosa de Nuestra Señora de la Asunta. Sin embargo, si pudiéramos retroceder apenas un día antes de aquella fecha, descubriríamos que Arequipa ya existía.

No como ciudad española, ciertamente. No con una plaza mayor, ni con iglesias de sillar, ni con el damero que hoy reconocemos como origen urbano. Existía como un territorio vivo, organizado y profundamente transformado por la mano humana.

Donde hoy vemos avenidas, urbanizaciones y edificios, existía una extensa red de pueblos agrícolas conectados por caminos, acequias y andenes. El valle del Chili no era un espacio vacío esperando ser ocupado. Era un paisaje cultural construido durante siglos por comunidades que habían aprendido a domesticar el desierto mediante el agua.

Algunos investigadores, entre ellos Bernardo Málaga Medina, sostuvieron que el nombre de Arequipa podría tener raíces mucho más antiguas que la presencia incaica y derivar de la expresión puquina Are-quiapí, asociada al territorio que se extendía entre los grandes apus tutelares del valle. Aunque el significado exacto continúa siendo materia de investigación, la hipótesis resulta coherente con una realidad innegable: antes de la ciudad española existieron pueblos, sistemas agrícolas y una compleja organización territorial que dieron identidad a este espacio.

EL VALLE HABITADO

Desde las laderas de Chiguata hasta las chacras de Tiabaya, desde las quebradas de Quequeña hasta las terrazas agrícolas de Paucarpata, el territorio estaba tejido por una compleja red de asentamientos humanos. Cada pueblo ocupaba un lugar preciso dentro de un sistema mayor articulado por el agua.

Los antiguos habitantes comprendieron algo esencial: en Arequipa, el agua era vida. Por ello desarrollaron canales, reservorios, acequias y andenes que permitieron convertir extensas áreas áridas en campos fértiles capaces de sostener poblaciones permanentes. Cuando los españoles llegaron encontraron mucho más que un paisaje hermoso. Encontraron un territorio productivo, organizado y funcional. Encontraron la base material que haría posible el nacimiento de la ciudad.

LOS PUEBLOS DEL AGUA

Yanahuara, Cayma, Paucarpata, Sabandía, Socabaya, Sachaca, Tiabaya, Characato, Chiguata, Mollebaya, Quequeña y Yarabamba no surgieron por casualidad. Todos fueron hijos del agua.

Cada uno desarrolló una identidad propia, una relación particular con el paisaje y una forma específica de aprovechar los recursos del valle. Pero todos compartían una misma lógica territorial: proteger la tierra agrícola, asegurar el acceso al agua y construir comunidad alrededor de ella.

Las acequias no fueron solamente obras hidráulicas. Fueron las arterias que dieron vida al valle y conectaron a los pueblos que, mucho tiempo después, terminarían formando parte de una misma ciudad.

Elige: decisiones que hacen empresa. Comunícate con nosotros al +51 954 150 125.

Diario EP es agencia oficial de Diario El Peruano. Publica tus anuncios con nosotros al 977773283.

LA CIUDAD NACIÓ DENTRO DE LA CAMPIÑA

Hoy solemos pensar que la campiña rodea a Arequipa, históricamente ocurrió exactamente lo contrario, Arequipa nació en medio de la campiña. Durante siglos, los pueblos agrícolas abastecieron de alimentos, mano de obra y recursos a la ciudad. La relación entre ambos no era de dependencia parcial, sino de integración absoluta. Ciudad y campiña formaban una sola realidad territorial.

Por eso resulta imposible comprender la historia de Arequipa observando únicamente su centro histórico. La verdadera historia también se encuentra en las acequias que aún recorren el valle, en los andenes que sobreviven en las laderas y en los pueblos que continúan conservando la memoria de aquel territorio original.

LA MEMORIA DE NUESTROS ANCESTROS 

La grandeza de Arequipa no fue construida únicamente por virreyes, comerciantes o arquitectos. También fue construida por generaciones de agricultores que hicieron florecer el desierto, por comunidades que cuidaron el agua y por pueblos que dieron forma al paisaje que hoy reconocemos como propio. Antes de la ciudad estuvieron los pueblos, antes de las calles estuvieron las acequias, antes de los monumentos estuvo el territorio. Y quizás por eso, para comprender verdaderamente a Arequipa, primero debemos volver la mirada hacia aquellos pueblos que la hicieron posible.

«Antes de la ciudad estuvieron los pueblos. Antes de las calles estuvieron las acequias. Antes de los monumentos estuvo el territorio».

También lee: Alcaldesa de Arequipa y regidores dejan cargo hasta el 4 de octubre

Compartir


Leer comentarios