Arequipa: Seis que subieron al Misti nunca regresaron
22 de octubre de 2017

En octubre de 1977 Teresa Yaqueto, una joven universitaria de 22 años desapareció cuando participaba de una excursión al Misti, un año después pasó lo mismo con Teresa Romero. Casi 100 años antes, los excursionistas ingleses Ryder y Rothwell se esfumaron sin dejar rastro en su intento de ascender a la montaña tutelar de Arequipa.
Al año, según el montañista Miguel Zárate, al menos 10 personas se pierden o accidentan en el Misti y son rescatadas, principalmente en Semana Santa. No obstante, alrededor de 3 fallecen tras accidentarse. Por estos días, la desaparición de Jhon Barrientos ha puesto nuevamente al volcán como escenario de otra historia trágica.
Por: Elizabeth Huanca U.

El Misti, el volcán tutelar de Arequipa, encierra misterios sin resolver y vidas sin hallar. “No es un peligro, pero hay que temerle. Para subir hay que estar preparado”, dice con respeto Miguel Coronado Zárate, el andinista arequipeño que ha subido más de mil veces al macizo símbolo de la Ciudad Blanca.
En octubre de 1977, la estudiante de sociología de la universidad Nacional de San Agustín (Unsa), Teresa Yaqueto, se perdió cuando subía al Misti con un grupo de compañeros y dos docentes universitarios.
Yaqueto organizó la excursión, pero nunca subió a la cumbre, se quedó en el sector conocido como “Los Tres arbolitos”, zona del volcán que hoy da cara al pueblo joven Independencia del distrito de Alto Selva Alegre. Nunca más se volvió a saber de ella.
Miguel, su padre, Carlos Zárate, el reconocido andinista que celebró sus 94 años en la cima de la montaña y su hermano mayor Carlos “Misti” Zárate, lideraron la expedición que buscó por tres meses a la joven de clase media alta, pero nunca hallaron su cuerpo. “Se buscó por aire y tierra. Hubo días en el que participaban hasta 300 personas a la vez buscando a Yaqueto”, rememora el guía de montaña, que hoy tiene 50 años de edad.
Su desaparición reveló algunos capítulos escondidos en la vida de la joven de 22 años. Por ejemplo, que su madre la maltrataba continuamente. Paralelamente se supo que era deportista aficionada al vóley y que el día de la excursión apareció con zapatos de taco para ascender a la montaña, un aspecto que no pasó desapercibido por los catedráticos. Uno de ellos contó, que los excursionistas subieron en parejas, pero ella se quedó al último y pidió que no la esperaran, pues los alcanzaría después. Ello no pasó.

Cuando Zárate empezó la búsqueda, halló las huellas de Teresa Yaqueto en el lugar donde fue vista por última vez. Siguieron el rastro y descubrieron que estas se encontraron en un punto con pisadas grandes, como las de un varón. El camino que dejaron ambos pares de calzado se perdieron para el lado del Pueblo Joven Independencia. Días después una mujer que vivía por este asentamiento y que aseguró ver a una joven acompañada de un varón moreno y alto por la zona, reconocía en foto a Yaqueto. Pero la investigación quedó allí.
La policía dio por terminada la búsqueda sin hallar el cuerpo, aunque la hipótesis de que ella habría huido con su pareja, cuya descripción encajaba con los rasgos del hombre moreno que relató aquella mujer a los peritos investigadores, quedó en el aire. “Cuando asumimos un caso, buscamos antecedentes, a familiares, además de la búsqueda propiamente dicha, por eso se llegó a la conclusión que aparentemente estaba embarazada y buscó a la pareja para escapar de su madre”, concluye con algo de dudas Zárate.
LA OTRA TERESA
Un año después, coincidentemente en octubre, mes de la Cruz ubicada en la cumbre del Misti, un diario local daba cuenta de la pérdida camino al volcán de Teresa Romero, una humilde mujer de la misma edad que Yaqueto.
La joven no era ajena a Zárate. Ella se inscribió en el grupo que iría en la romería al macizo y que él llevaría, por eso la recuerda.
Cuenta que la comitiva avanzó por la carretera que va a Chiguata para entrar por la zona del asentamiento humano Apurímac (parte más lejana de Alto Selva Alegre) y cuando empezaron a subir, la mujer desistió. Le dijo que había dejado a sus hijos con su hermana por lo que abortó la misión.
“Se fue a las 9:00 de la mañana a plena luz del día. Es casi imposible que se haya perdido en esas circunstancias”, comenta, aunque advierte que la zona era merodeada por delincuentes y personas de mal vivir. Por eso no descarta que haya sido asaltada y asesinada. Zárate guarda sus reparos. Como el de Yaqueto este era un caso extraño.
La denuncia de la desaparición de Romero fue dada a conocer 15 días después de que le grupo descendió del Misti. Zárate, lideró la búsqueda y en el camino encontró pistas interesantes.
Romero había mantenido una disputa con su hermana por un muchacho. El padre intervino para arreglar la situación, pero la relación entre hermanas ya se había quebrado. Un día antes de subir al Misti, Teresa dio signos de que preparaba una partida sin retorno. Se llevó varias de sus ropas planchadas. Su padre recuerda que cantaba constantemente “Mi última canción”, de la recordada Lucha Reyes. Teresa Romero jamás apareció.

VIDAS CRUZADAS
Un año después, la aparición del cadáver de una joven en una de las quebradas el Misti, remeció las primeras planas locales. “¿Sería alguna de las Teresas?” se preguntó Zárate.
En efecto, una carta dejada por un montañista en el Diario Correo y en la vivienda de Teresa Romero, indicaba que había encontrado el cuerpo de Romero. ¿Cómo sabía que era específicamente Romero? Dudó Zárate.
El montañista cuenta que la persona que dejó la carta jamás se identificó. Sin embargo, la señora de una tienda, ubicada a lado de la casa de los Romero (Independencia- ASA) logró ver al hombre cuando dejaba la misiva en el muro de la vivienda. “Era alto y moreno. Dijo que era andinista”, contó la mujer a la Policía. De él no se supo más.
Tras la noticia el padre de Teresa Romero y la hermana de Yaqueto, de nombre Imperio, acudieron a la sede de Medicina Legal, donde se identificaría el cuerpo. Sin embargo, nunca hubo una conclusión certera. En esos tiempos, no se hacían pruebas de ADN.
Los peritos señalaron que el cuerpo tenía más de dos años de fallecido, por eso para Zárate, el cadáver hallado podría ser de Yaqueto y no de Romero como decía la carta.
Durante el sepelio y entierro del cuerpo, las dudas crecieron. Zárate acudió al funeral al igual que Miguel Zavala, fotógrafo de este diario. Ambos aseguran que, Imperio Yaqueto se abalanzó sobre la caja de muerto y lloró desconsoladamente. Los Romero, ni se inmutaron.
“Con los efectivos policiales llegamos a la conclusión que Teresa Romero, se había ido para el lado de Puno por eso se llevó ropa planchada. Creemos que quien fue enterrada fue Yaqueto. Quien dejó la carta, habría sido su enamorado. Su descripción calza con la de él”, apunta.

MÁS DESAPARECIDOS
Zárate también cuenta sobre la pérdida de un joven adventista, varios años después. Este desapareció cuando bajaba del campamento conocido como “Las pirámides”, ubicado a casi 4 mil 400 msnm. El muchacho, era un vendedor de libros que vivía en La Tomilla. Según los testigos subió con un grupo de 40 personas de su religión por Semana Santa. Este se adelantó al grupo para traer la unidad que los llevaría de regreso a casa, pero en trayecto se habría perdido. Pese a la búsqueda, nunca apareció. Probablemente fue asaltado y enterrado en las faldas del Misti.
Otros casos de desaparecidos pero menos sonados fue el de los excursionistas ingleses Ryder y Rothwell, que desaparecieron sin dejar rastro alguno en el año de 1878. La noticia está impresa en el Diario La Bolsa.
DESAPARECIDOS Y MUERTOS
Zárate señala que a lo largo de su trayectoria como andinista ha liderado al menos 30 expediciones de rescates en los tres volcanes de Arequipa.
Confiesa que las pérdidas y accidentes son comunes en el Misti. Solo en Semana Santa, fecha en la que se perdió Jhon Barrientos, el grupo de montañistas de Arequipa, realizó tres rescates. Se reportaron tres accidentes y pérdidas. Por año, al menos 10 personas hacen llamados de auxilio desde el Misti para ser rescatados. No obstante, se reportan alrededor de 3 a 4 fallecimientos que no son difundidos.
Carlos Zárate, su hermano, hoy integra el grupo que lidera Eloy Caclla, el montañista que rescató el cuerpo de Ciro Castillo y Olivier y que ahora busca a John. Desde el viernes, el grupo se internó entre las quebradas del volcán con la esperanza de rescatar el cuerpo.
Carlos reconoce que el Misti es una montaña hermosa, pero con muchos peligros, por lo que quienes quieren coronar su cumbre, deben hacerlo con ayuda de guías. “Muchas personas se aventuran y se pierden. Y lo peor es que sus familiares dan la voz de alerta mucho tiempo después a quienes conocemos el lugar, por eso las huellas y las pistas se pierden y la búsqueda se complica”, comenta.
El mayor de los Zárate, ha participado en más de 100 procesos de rescate en el Misti y otras montañas. Ambos hermanos recomiendan que la Policía no permita ascensos al Misti en otoño e Invierno. El hielo en el camino, hace que la gente resbale y pueda tener un desenlace fatal.
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