Arequipa

Arequipeño es maestro que deja huella

7 de mayo de 2017
Arequipeño es maestro que deja huella
Desde pequeño dictaba clases a otros niños. Luego se hizo docente en una escuelita a la que llegó caminando. Su enseñanza fue captada por un cineasta y dio origen a La Señal, un documental que cosecha premios.

Texto: Rossmery Puente de la Vega P.
Foto: Miguel Zavala D.

Un domingo por la tarde, Julio Machaca Chuquimamani llegó caminando a Pillones. En el trayecto encontró a un padre de familia que le entregó las llaves de su cuarto y se marchó. La soledad del lugar lo sobrecogió.
Pero el primer día que fue a su escuela halló un salón de techo de calamina y paredes de piedra con barro que construyeron los padres con faenas. Encontró a varios alumnos y padres de familia. Habían esperado cuatro meses que les asignarán un docente. Comenzaron las clases en julio, cuando en el resto de colegios del país lo hacían en abril.
Machaca se tuvo que enfrentar a la dificultad del idioma. Los estudiantes de más edad se convirtieron en traductores para los pequeños. Con la práctica llegó a dominar el quechua. Ahora dicta clases en los dos idiomas.
Julio significa “de fuertes raíces”. Ha permanecido veintisiete años en la misma escuela. Cuando llegó a Pillones encontró a niños callados, cohibidos. “Cuando alguien les hablaba –recuerda Machaca– se escondían como una vizcachita”. Soñó que algo tenía que cambiar.
Todos los viernes en la tarde regresa a la ciudad. Su esposa lo espera en su casa de ampliación Pampas del Cusco, en Hunter. En su barrio no hay calles, hay empinadas gradas de cemento. En su sala sobresalen coloridos libros y material educativo de consulta ordenados en un estante y una mesa de trabajo.
Su esposa también es docente. Ella prende su laptop y revisa papeles mientras escucha a su esposo en la entrevista. Elogia el trabajo de Julio. Dice que en Pillones es director, profesor, asesor, mediador y hasta médico para sus alumnos. Quiere que participe en el concurso Maestro que deja huella. “Seguro piden muchos papeles”, replica él.
Ella lo incentiva, pero Machaca vuelve al relato de sus estudiantes. Habla con pasión sobre ellos.


APRENDIZAJE CON LA NATURALEZA
En Pillones construyeron una represa. La primera escuela adonde llegó Machaca ya no existe. Toda la población fue trasladada a otra zona por la empresa de generación eléctrica Egasa. En el antiguo pueblo ahora hay un inmenso espejo de agua. Es la represa Pillones.
La nueva escuela fue construida de concreto, pero igual el frío ingresa al aula y carecen de agua de potable. Los escolares tienen que ir con baldes y carretillas a un manantial a buscar agua. Adaptarse a las nuevas condiciones fue complicado. Para el profesor le significó aumentar en dos horas la caminata que realiza desde el pueblo de Imata hasta el nuevo local.
Junto a la escuela está el Club de Madres que ha sido convertido en un albergue para los estudiantes y el profesor. La Posta Médica está a treinta kilómetros.
Machaca ha enfrentado a la adversidad con actitud. Sabe el valor del aprendizaje. Sabe también cómo atraer y desafiar a los estudiantes y provocar en ellos respuestas. Está convencido que hay que mejorar la autoestima de los escolares, incentivarlos en sus habilidades para lograr cambios.
Cada lunes que Machaca llegaba a su colegio encontraba los vidrios rotos de las ventanas, y desaparecían las galletas del desayuno. Crover era un niño travieso, lo recuerda sonriente. Un día hubo un concurso de plantas medicinales, donde el pequeño rebelde destacó. Su madre lo fue a ver y lo felicitó. Su cambio fue inmediato, fue nombrado brigadier. Ahora es ingeniero geofísico.
Tuvo que idear una forma de enseñanza adaptada a los cuatro mil 900 metros sobre el nivel del mar. Distinta a la que pintan en los libros oficiales del Ministerio de Educación. Cumplir el currículo educativo recurriendo al entorno natural y la Reserva de Salinas y Aguada Blanca.
La tarea que tuvo que hacer no fue fácil. Las conversaciones con las personas de la zona ayudaron para idear sus clases en el aula y el campo. Participar del chaccu, la esquila de camélidos, los incentiva a calcular ganancias con la venta de la lana, sensibilizarlos en la conservación de la especie. El lavado de los animales para contar y hablar de la limpieza o el pago de la tierra. Cada costumbre de la zona la ha convertido en una lección.

LOS INICIOS
De pequeño ya enseñaba a otros niños en la iglesia a la que acudía junto a sus padres. Quería ser profesor. Estudió la primaria y secundaria en Puno, donde nació, era un alumno regular. Su familia era comerciante. Se trasladaron a Chivay en Caylloma, donde actualmente viven sus padres, y de ahí a la ciudad de Arequipa. Es el mayor de siete hermanos, cuatro de ellos docentes. Recibió las enseñanzas.
El profesor ha cambiado su vida desde que llegó a Pillones. Tiene los ojos pequeños, la piel tostada por el frío, que suele llegar a catorce grados bajo cero, –ahora está en cuatro grados– y a la vez el intenso sol que quema durante la mañana. Para abrigarse debe ponerse cuatro chompas, casaca, medias de lana de vicuña, guantes y gorro.
Machaca es adventista, su esposa católica. “Julio sabe toda la Biblia”, lo elogia. Desde que es profesor ya no va a la iglesia, pero lee todos los días la Biblia. Es un hombre de fe. Toca la guitarra y el órgano, lo aprendió de pequeño cuando integraba un coro.
Para comunicarse con su familia, la tecnología lo ha ayudado, ahora vía WhatsApp. También un cerro, al que sube desde hace dos años sube en busca de señal para llamar a su esposa e hija que también estudia docencia, para seguir los pasos de sus padres. Lo descubrió una noche, cuando vio una luz en el cerro, era un trabajador de Egasa que le contó al día siguiente que ahí ingresaban las llamadas.

LA SEÑAL
El trabajo del profesor en las aulas llamó la atención de un cineasta argentino, Leandro Pinto, que visitó los pueblos alrededor de la Laguna de Salinas, buscando historias que reflejaran la desdicha de escolares pobres de las alturas del Perú. Fue en el encargo que recibió del Ministerio de Educación de Navarra – España.
En su búsqueda Pinto encontró a varios niños que caminaban 20 kilómetros para llegar a la escuela, que eran bilingües, que ayudaban en la crianza de 300 y 500 cabezas de ganado. Al pequeño Miguelito haciendo rodar un aro de jebe guiado por un palo. Una escuela donde aprendían de las necesidades y realidad de su entorno.
La idea de Pinto fue consultada por Machaca con los padres de familia. Al inicio hubo temor, pero aceptaron. Captaron su enseñanza en el aula y el campo. Su travesía para llegar hasta el colegio, su salida a las 04.00 de la mañana de su casa en Ampliación Pampas del Cusco, en Hunter, su viaje en combi hasta la vía de Evitamiento, y luego en bus hasta Imata, donde ahora utiliza una moto de segundo uso que compró para llegar hasta la escuela. Al inicio lo hacía a pie, y luego en bicicleta. El documental todavía no ha sido estrenado en Arequipa, pero ya cosecha elogios en el país y el extranjero.

SU SALIDA
“Me gusta lo que hago. Lo único que se hacer, es lo que estoy haciendo”, dice Machaca, cuando sus colegas le increpan de su permanencia en una sola escuela tan lejana. Es un docente de retos. Por su trabajo no recibe incentivos o beneficios adicionales, al contrario, no ha podido seguir maestrías o doctorados. No le preocupa. Está convencido que para ser buen docente hay que tener compromiso.
Su salud lo está obligando a volver a la ciudad. Padece desde hace diez años de una gastritis que se ha vuelto crónica, por no ser riguroso con sus alimentos. Hace unos días una palpitación acelerada lo alertó y asustó a su familia. Sus defensas han bajado, este año enfermó de gripe varias veces. Machaca tiene 52 años de edad.
En Pillones, hay cada vez menos niños. La población que predomina en Pillones es adulta, los jóvenes migran. Machaca tiene nueve niños de distintos grados. Siente que su tiempo en las alturas está llegando a su fin. Lo dice con nostalgia, pero sonríe cuando le dicen que está cambiando vidas.
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