Augusto Polo Campos y su última visita a Arequipa
21 de enero de 2018

Augusto Polo Campos estuvo en el 2014 en Arequipa. Fue quizás una de sus últimas visitas a la Ciudad Blanca. El famoso compositor de música criolla, era por esos días de diciembre, un vidente, un hombre capaz de vivir en más de dos mundos. Andaba con un bastón para ancianos, y siempre con una botella de agua en la mano. Vestía ligero, jean azul, un polo azul, y una polera roja, algo desaseada, y unas zapatillas sencillas.
Famoso compositor dijo alguna vez que deseaba morir en la Ciudad Blanca.
Por: Roy Cobarrubia V
Augusto, era una imagen alejada de su juventud, lejos de su porte de galán, remoto del hombre de terno con mirada altiva, orgullosa, imponente. Sus cabellos, eran ya cenizos, sus ojos, eran los de un abuelo bonachón, sus manos temblaban y decía que la diabetes le había quitado mucho de él mismo. En ese entonces tenía 82 años. Sentado en una habitación, con la mente por momentos en un lugar y luego en otro, o acostumbrado a evitar las preguntas, contestaba lo que él quería. Lo que le parecía necesario. “¿La fama es efímera señor Augusto?”. Se le preguntó aquella vez. “No, es una forma de sobresalir entre los demás”. Contestó mientras miraba el cielo y con una mano decía que se había acercado más a Dios. Con una mano que traía hacía su rodilla, mientras bajaba de nuevo la mirada a su interlocutor, contaba estar cerca de la gracia.
Polo tomaba agua y preguntaba la hora, a dos de sus descubrimientos musicales, dos señoritas de las tantas que se juntaron a su fama, a su forma sencilla y cautivadora de atrapar a la gente.
“Hoy debería estar en cama, esta diabetes me impide caminar a libre albedrío, pero estoy acá gracias a Dios”, decía mirando al cielo, señalando a un ser supremo al que parecía pedirle más tiempo para continuar escribiendo.
Decía que para escribir no había espacios ni momentos especiales, que la magia, que la inspiración nacía en cualquier momento, y quizás lo decía porque el tiempo, los momentos eran algo a lo que nunca le había tenido respeto. “En papeles de cuadernos, servilletas, donde la inspiración nos encuentre, porque soy el secretario de Dios, decía y aludía sus versos al mismo Dios, que su posición de senescal de la casa del supremo, una especie de secretario de los tiempos difíciles del mundo le otorgaba el don de la escritura.
Polo miraba ya sin fuerza, y contaba sin avisar y haciendo oídos sordos de las preguntas: “Nací en Puquio, Ayacucho, en un pesebre como Cristo y me cayó una caja en la cabeza de burro, un milagro que me dio el don para rimar y encantar. Nunca aprendí a tocar guitarra, mi madre decía que era el arte de los románticos y de los perdidos, pero me refugie en la composición”, dijo aquella vez, corrigiendo una y otra vez que no le gustaba que le digan señor, que con “Augusto”, estaba bien.
El 1 de diciembre en la casona de la calle Bolívar 204, Augusto, pedía una servilleta para limpiarse la boca, sorbía un poco de agua y decía que tenía incontinencia urinaria. Paraba la entrevista y le decía a una de sus acompañantes que lo lleve al baño. El cantante de música criolla, catalogado entre sus congéneres como el más sabido y talentoso, dominaba el momento como si se encontrará en su casa. Luego regresaba con el mismo paso lento a la habitación.
“¿A que le teme Augusto?”. Recibía la pregunta, miraba, parecía digerir cada palabra y luego volvía a tratar de mirar fijo. “A que mis hijos sean infelices, a que les pase algo”. Contestaba mientras que con una mano, como un rey antiguo agarraba su bastón con la mano izquierda. “¿Fue perjudicial para ellos un padre con fama y dinero?”. Le preguntaban casi atrapado entre la espada y la pared. “La gente es mala”. Contestaba, atravesando todo muro. “¿El compositor más importante del Perú es pobre?”. Volvía a ser traído a su lugar. “No, no es pobre, tengo dinero y eso gracias a Apdayc”.
El criollo sabía que sería un recuerdo eterno y abusaba de sus donde de vidente. “Augusto Polo Santo, así me llamaron en Chile, país hermano, no sé porque Santo porque aún no he muerto”, decía mientras su cabellos grises se movían, mientras estaba vivo, y se pavoneaba de las 7 mil mujeres, que según dijo, tuvo a lo largo de su vida. Lloraba y con una servilleta de papel se secaba las lágrimas, pensaba en sus hijos tras su partida, luego lo olvidaba por momentos y preguntaba la hora. Decía que cuando caminaba por la calle veía a su madre. Le agradecía a Dios por ello. Contaba que su poder de adivino se había desbordado y recordaba que el 27 de noviembre de ese año, tuvo la visión, la premonición más importante. Había avizorado la declaratoria como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la Virgen de la Candelaria. “Hace unos días me desperté gritando, entonces me enteré que la Candelaria había sido declarada patrimonio. Yo solo soy el secretario de Dios”, dijo con convicción.
Ese era Augusto, un hombre que al final de sus días, de sus recuerdos, de su agitada, de su gloriosa vida, buscaba un amor mucho más grande que el de sus amantes. Este fue uno de sus versos, palabras que no se sabía si las había preparado o las había inventado allí mismo.
“Mi padre es una vereda, mi madre un sucio rincón, voy buscando la moneda que guarda tu corazón, me dejaron sin cariño, abandonado a mi suerte, sin pensar que siendo un niño me condenaba a la muerte, yo no maldigo a la vida nunca protestará mi voz, porque sé que algún día me abrirá la puerta de Dios”, recitaba siempre mirando al cielo.
“Augusto, ¿dónde te gustaría morir?”, le preguntaron. “En Arequipa y que mi lápida diga: Soy porque soy y como soy, porque siempre quise ser como soy. Porque la muerte es el paso a vivir en la eternidad, en el recuerdo de la gente”, dijo con su mirada a Dios, a quien llamaba amigo.
Augusto murió el 18 de enero, su muerte paso desapercibida y como la de un hombre más. Un argentino vestido de blanco le quitó los honores. El compositor deseaba que no lo olviden y que le recuerden cada vez que suene el trinar de una guitarra, en sus canciones, en sus versos entregados al amor, en las voces nuevas de la canción criolla.
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