Beto Ortiz: “Uno no se libera de sus fantasmas, solo las oreas”
4 de diciembre de 2017

Morbo es el unipersonal que el periodista, conductor de televisión y escritor presentará este sábado 9 y domingo 10 en Arequipa. Antes de la puesta en escena de esta obra documental, Ortiz contará todo lo que no se atrevió a decir ante cámaras.
Por: Lino Mamani A.
– ¿Cuán difícil te fue hacer el unipersonal Morbo, que es una especie de catarsis?
Yo no diré que ha sido difícil sino diferente, porque finalmente el teatro es un medio de comunicación, de hecho lo que hago en televisión es hablarle a una cámara, lo que hago en el teatro es hablarle a un público realmente existente. Pero igual fue un año de entrenamiento, de aprendizaje, de ensayos, porque Morbo es una obra de teatro documental. El teatro documental tiene la particularidad de que; primero, todo lo que cuentas es verdad, todo lo que cuentas es autobiográfico y segundo, no partes de un texto. Cuando ensayas una obra de teatro tienes una tabla de salvación en la cual aferrarte, que es el texto de la obra. En el caso del teatro documental no existe, partes de cero, partes de conversar mucho con tu director, de contarle tu vida, de lo que te gustaría o lo que piensas que podría servir y eso fue una etapa de meses. Antes de subirnos a un escenario fue simplemente sentarme con Gabriel de la Cruz, director de la obra, y contarle historias como una especie de catarsis. Nos sentábamos con una cantidad importante de café y hablaba, hablaba, hablaba y me iba preguntando de mi infancia, mis viajes, mis padres, él iba tomando nota y más o menos estructurando en su cabeza qué cosas podían servir.
A partir de ahí empezamos a hacer improvisaciones basadas en las historias que le contaba. Por ejemplo, el tema del Alzhéimer con mis padres queríamos que estuviera en la obra. Entonces, yo le contaba cosas que me pasaban cuando ellos estaban con la enfermedad y él me decía esto de acá vamos a actuar, vamos a hacer una escena y era un proceso largo (…). El teatro es un escenario grande que lo tienes que llenar, muchas veces con tu sola presencia porque, por momentos, no hay nadie más que tú en escena. Ahí hay que caminar, moverse, hacer aspavientos, bailar, pararse de cabeza.
– Dijiste que el teatro te desangra…
Sí, pues. De alguna manera es más corporal. O sea te exige que uses recursos que normalmente no estás acostumbrado. Me sacó de mi zona de confort porque yo me puedo parar en un lugar y hablar y hablar, pero el teatro no es solamente hablar; es transmitir emociones, pasar de cosas muy divertidas a trágicas y fue un aprendizaje bien interesante y tuvo buena respuesta, por suerte.
– Muy aparte de lo que significa el teatro documental, la dificultad también está en hablar de uno mismo, de los temas que quizá incomoden.
Sí, claro. De hecho esto es algo que vengo ya haciendo en las cosas que escribo, de alguna manera cuando hablas sobre ti mismo, sobre historias que te entristecen, que te incomodan y te avergüenza, porque eso es lo que el lector va a agradecerte, de que le des una parte de ti. Ya hacerlo en texto escrito es complicado, pero hacerlo de cara al público es un desafío mucho mayor. Puede pasar que te gane la emoción, que cuentes una historia triste y te pongas a llorar, como me ha pasado. Bueno, si pasa, pasa, así es, somos de carne y hueso.
– También se dificulta al considerar dentro del reparto a personas que no son actores profesionales, ¿cómo fue toda esa dinámica?
Los personajes que aparecen en la obra son personajes de mi vida, no son actores. Si tú haces una obra sobre tu vida, tienes que subir a tu mamá, a tu hermano, a tu vecina, a la gente de tu vida. Esa es la riqueza del teatro testimonial; no hablemos de actores sino de gente que sube a ayudar que una historia se cuente mejor.
– ¿Sientes que este “desnudo artístico” era necesario para saldar algunas heridas?
Yo no hago cosas porque sean necesarias. En la lista de pendientes de cosas que quiero hacer, estaba el teatro. Me pareció que era momento de hacerlo, simplemente porque quería sacarme el clavo, pero no creo que sea necesario.
– Precisamente, la parte del clímax del espectáculo es cuando escribes la carta a tu mamá. ¿Has escrito todo lo que querías decirle a Irma (Pajuelo), tu madre?
No, nunca le voy a poder decir todo lo que quería decirle, creo que uno siempre se queda con palabras que se guardaron. Pero seguramente es el momento más melancólico de la obra, no diría que sea el clímax porque la obra tiene varios clímax, me gusta definirla más como una especie de montaña rusa emocional, porque tiene partes en que la gente se muere de risa, partes en que la gente se queda paralizada (…), hay momentos cómicos y dramáticos también.
– Recuerdo una frase del último libro de Sergio Galarza (Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre), donde dice: “Entonces yo le mentía, y según fui creciendo le mentía menos, pero lo hacía. Y eso es lo que duele. Cuando por fin puedo decir la verdad, ella ya no está”. ¿Te ha pasado?
Sí, pero quizá con una lógica distinta que es la lógica de la enfermedad del Alzheimer. En el caso del libro que mencionas, Sergio Galarza lidia con una enfermedad que no le impide a su madre (que sufría de cáncer) estar consciente y estar ubicada en tiempo y en espacio. En el Alzheimer es diferente, porque es una especie de demolición interior de la persona. Entonces, no es que cuando yo quería decirle la verdad ya no estaba, sino que la persona que tiene el mal empieza a desconectarse de su mundo, entonces, las cosas que me pasaban (escándalos) ya no la afectaban porque no era consciente. De alguna manera eso fue bueno, que estuviera protegida -de una manera irónica- por la enfermedad.
– Eso lo cuentas perfectamente en Antes que me olvides, en ese texto…
Eres un especialista en Beto Ortiz, te puedo consultar cosas sobre mí (risas).
– Te decía, equiparando o haciendo las comparaciones…
Creo que uno se está -voy a usar un verbo muy manido que usa Vargas Llosa a cada rato- exorcizando. Estás tratando de sacarte encima historias que te obsesionan, que te duelen, que pesan, que no te dejan dormir, entonces, cuando escribes te subes con la ilusión de que te vas a librar de esos fantasmas. O sea, estas historias que me persiguen, que me acosan y me hacen la vida difícil o dolorosa por momentos, me las quiero quitar de encima, entonces, las voy a contar, las voy a escribir o pintar o actuar, pero no es verdad que te las sacas de encima. Todos vivimos con historias que nos vamos a llevar a la tumba, lo que hacemos es sacarlas del baúl, desempolvarlas un poco, mostrarlas a los demás como si fueran antigüedades o ropas de una persona que murió, entonces las sacas, las aireas y las vuelves a guardar, pero las vuelves a poner tú. No es verdad que uno se libere de sus fantasmas, solo las oreas un poco.
– Uno de esos fantasmas es la posibilidad de que también padezcas de Alzheimer y de ocurrir, indicabas que tenías un plan B, ¿cuál es?
¡Tú ya sabes demasiado! ¡Debes morir! (risas) ¡no te voy a contar acá, pues!, no me malogres la obra.
***
El unipersonal de Humberto Ortiz Pajuelo se promociona con el slogan “Hay ciertas cosas que no se pueden contar en TV”. El autor de Por favor no me beses detalla que en la televisión no puede contar sus temas personales, para ello hay otros espacios, como el teatro. ¿Morbo? Esta palabra que da nombre a su espectáculo y que se usa peyorativamente, explica el autor, hace que por curiosidad uno consuma contenidos deleznables o no, porque “todo es morbo”. Vargas Llosa escribió su estupenda novela La Tía Julia y el escribidor, suscitó curiosidades morbosas por conocer el amorío del arequipeño con su tía. Un chisme originó grandes novelas.
– Abordas temas de un pasado oscuro, del que te costaba incluso hablar y quedarte en el país, ¿por qué hacerlo ahora? ¿Quizá por lo que dices de Vargas Llosa, de que uno cuenta mejor su propia historia?
Hay que hablar de todos los temas. Uno tiene que asumir su historia con las partes bonitas y las partes no tan bonitas y eso vale para gente pública y también para gente no pública. O sea normalmente, tratas de ser el autor del relato de tu vida y todos tenemos un relato de nuestras vidas, no necesariamente tiene que salir en el periódico o en Amor, Amor, Amor. Puede ser que no te sigan las cámaras de “Peluchín”, pero también tienes historias escondidas, ¿cuéntame? (Risas)
– Pero ahora yo entrevisto
¡Claro, pues es bacán cuando estás de ese lado!, pero todos tenemos, pues. Todos somos autores de esa historia y todos decidimos qué parte de esa historia se sabe y qué parte de esa historia no. Cuando eres conocido, la chamba de escarbar en tu vida la van a hacer los demás. Cuando ya está todo escarbado con buldócer y lo que tienes es un amasijo de escombros, dices: ¡Ok!, ya me rebuscaron, ya me sacaron las tripas, ahora me toca a mí. Ahora yo voy a contar mi historia, soy el más autorizado porque es mía. Entonces, ya ustedes hicieron una leyenda negra, yo soy un diablo con cachos y colmillos, ahora yo voy a contar mi historia y ustedes deciden si me creen o no. El teatro tiene la facultad de que todo eso que es importante en televisión no importa. Por ejemplo, cuando estés en televisión tienes que disimular tus afectos y tus emociones, si estoy delante de una persona que me está aburriendo profundamente con su cháchara, tengo que poner cara de que me interesa, porque si yo me aburro el televidente se aburre más y cambia. (…), El periodismo en la televisión es el reino de la impostura. En el teatro es al revés.
(Cuenta cuando lloró al ensayar la escena de la carta que él escribe a su madre).
– Finalmente, una pregunta de cliché, ¿te arrepientes de algo?
No, nunca. Yo creo que uno tiene que firmar todas las decisiones que toma en la vida, especialmente las malas. Sería chévere que todo lo que uno decide hacer culmine en el éxito y la alegría de la comunidad, pero todos la cagamos y cuando haces eso tienes que decir: ¡yo lo hice!
Morbo, el unipersonal de Beto Ortiz, se realizará en el Teatro Fénix este 09 y 10 de diciembre. Las entradas están a la venta en Teleticket y en la boletería del recinto, desde S/ 38.
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