Internacional

China creó islas artificiales vertiendo arena durante más de una década

13 de enero de 2026

Las nuevas bases en el mar de China Meridional redefinen el equilibrio de poder y generan fuerte impacto ambiental.

Durante más de 12 años, China ha desarrollado una de las transformaciones territoriales más agresivas del planeta al crear islas artificiales sobre arrecifes del mar de China Meridional, mediante el vertido masivo de arena y sedimentos marinos. Estas nuevas superficies, hoy equipadas con pistas de aterrizaje, puertos y sistemas militares, han cambiado el mapa geopolítico de la región.

El proceso se inició a fines de 2013, cuando Pekín comenzó a rellenar siete arrecifes en los archipiélagos de Nansha y Xisha (Spratly y Paracels). En apenas 20 meses, el país logró ganar al mar aproximadamente 12 kilómetros cuadrados de nuevo territorio, cifra que supera ampliamente la superficie creada por todos los demás países reclamantes durante las últimas cuatro décadas.

La técnica utilizada consistió en el dragado del fondo marino: el coral fue triturado, succionado y luego bombeado hacia zonas poco profundas, donde se fue compactando para formar nuevas islas. Posteriormente se levantaron muros de contención y se inició la construcción de pistas aéreas, carreteras, puertos, hangares y sistemas de radar.

Estas islas permiten a China mantener una presencia militar permanente en una de las rutas marítimas más importantes del mundo, por donde circula cerca del 30 % del comercio global. Países como Filipinas, Vietnam, Japón y Taiwán consideran que esta expansión busca consolidar un control territorial no reconocido por el derecho internacional.

Además del impacto político, científicos han advertido sobre el grave daño ambiental provocado por la desaparición de hasta 18 kilómetros cuadrados de arrecifes coralinos, afectando ecosistemas clave y la biodiversidad marina. Aunque autoridades chinas atribuyen el deterioro al cambio climático, diversos estudios señalan que la construcción de las islas ha sido el principal factor de destrucción.

Estas nuevas islas no solo modificaron el paisaje oceánico, sino que reconfiguraron la seguridad regional, estableciendo un precedente que convierte la ingeniería marina en una herramienta directa de expansión territorial.

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