Consumo responsable gana terreno en Perú, pero la brecha persiste

Aunque crece la demanda de sostenibilidad, aún falta coherencia en el consumo.
Según el estudio de NielsenIQ (2023), el 78 % de los consumidores latinoamericanos expresa su preocupación por el medio ambiente, pero solo el 41 % afirma que sus decisiones de consumo están alineadas con este interés. Esta discrepancia, conocida como la “green gap”, es una alerta para las marcas que buscan conectar con un público que, aunque exige responsabilidad ambiental, sigue mostrando inconsistencias en su comportamiento.
En el caso del Perú, un estudio de Kantar Ibope Media (2023) revela que solo el 22.6 % de los peruanos menciona el medio ambiente o la sostenibilidad como uno de sus principales intereses.
PREOCUPACIÓN SEGÚN SECTORES
Esta cifra varía considerablemente entre los diferentes niveles socioeconómicos: en el nivel A/B, el interés alcanza el 32.1 %; mientras que en los niveles D y E cae a 18.3 % y 14.5 %, respectivamente. Esta brecha refleja no solo diferencias en prioridades, sino también un acceso desigual a productos y servicios sostenibles.
Por otro lado, un 82 % de los peruanos cree que las marcas deben ser activas en la protección del medio ambiente, pero esa expectativa no siempre se refleja en sus decisiones de compra. Aunque los consumidores exigen más sostenibilidad, aún no la integran plenamente en su estilo de vida.

DESAFÍOS PARA LAS MARCAS
“Las marcas enfrentan un doble desafío: responder a la creciente demanda de sostenibilidad y, al mismo tiempo, facilitar la transición del discurso a la acción. deben construir valor desde la sostenibilidad sin perder de vista la realidad del consumidor peruano”, afirma Willard Manrique, CEO del Grupo Crosland.
En este escenario, las marcas deben identificar formas de conectar con los consumidores de manera más práctica y accesible. Entre las recomendaciones, destacan las siguientes:
-Traducir el impacto ambiental en beneficios tangibles para el consumidor, mostrando cómo lo sostenible puede ser práctico y económico.
-Reformular los mensajes educativos, acercando la sostenibilidad a la vida diaria sin tecnicismos ni culpabilización.
-Segmentar la comunicación según el nivel socioeconómico, ya que la sostenibilidad se percibe y valora de manera distinta según el contexto.
-Mantener una narrativa coherente, más allá de las campañas puntuales, que refleje acciones continuas y verificables.

RECOMENDACIONES
Este enfoque no solo es relevante para los consumidores, sino también para el sector empresarial. El estudio Sustainable Value Study de EY (2023) reporta que el 69 % de las empresas que priorizan la sostenibilidad obtienen un retorno financiero superior al esperado. Además, las empresas que priorizan la sostenibilidad tienen 2.4 veces más probabilidades de lograr un valor financiero significativo en comparación con las que actúan de forma pasiva o reactiva.
“En el Perú, donde la conciencia ambiental coexiste con grandes brechas estructurales, el reto para las marcas no es solo hacer lo correcto, sino hacerlo de manera viable para públicos diversos. Comunicar de forma clara y educativa, sin sobreprometer, puede marcar la diferencia. Hoy, la confianza del consumidor se gana o se pierde en la ejecución, no en el discurso”, concluye Manrique.
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