Don Pepe Valdez Pallete 50 años haciendo teatro
4 de septiembre de 2017

De no tener esa enfermedad que poco a poco le ha ido robando la vista, hasta guiarse solo a través de las sombras, seguramente don Pepe estaría rodeado de jovencitos ávidos de aprender teatro practicando algún libreto, pero en horas de la tarde, nunca por la mañana. “Yo no terminé Derecho porque las clases eran a las 7 de la madrugada, una o dos horas antes recién me había acostado”, cuenta José Antonio Valdéz Pallete, fundador y único director del grupo de teatro Talía, en 50 años.
Por: Roxana Ortiz A.
En el mes de junio fue su última presentación, a pesar que la enfermedad que tiene la lleva hace varios años. Los jóvenes actores incluso no se daban cuenta de su problema, porque se guiaba a través del oído, que ya también le ha comenzado a afectar. En este caso las sombras eran sus aliadas. ¿Del resto está todo bien? Todo, recalca, y cuando digo todo es todo, dice coqueto, aunque siempre guardó absoluto respeto por quienes usualmente lo acompañaban.
“Felizmente tengo una buena memoria, solo cuando me hablan de personas que se portaron mal o que no me caen, me hago el que no me acuerdo. Por lo menos tengo una justificación”, comenta riendo, quien está comenzando escribir la historia del teatro arequipeño.
Ya ha tenido algunos accidentes por su falta de visión, la última vez “chocó” a un carro. Calculó el paso por la sombra del vehículo, pensando era un auto, pero se trató de un pequeño camión con remolque, avanzó por la pista para chocarse con la unidad, terminando en el piso. “Generalmente voy por las esquinas donde hay semáforos y me pongo al lado de las gordas, ellas nunca corren, espero que avancen y yo también, aunque ahora los conductores no respetan a nadie”.
Cuando tiene el antojo de algún café o algo en especial, sigue la ruta trazada, por donde sabe que no hay huecos o barreras. Lleva sus anteojos oscuros y camina erguido. Nadie se da cuenta del problema. ¿Por qué no usa bastón?, le pregunto. Me mira serio y dice: (porque distingue de cerca) “Eso es para los viejos”. ¡Ah!, perdón, no sabía, le digo. “Además nadie tiene que enterarse por lo que estoy pasando”, agrega. Espero no lea esta nota.
Es difícil hacerle la entrevista con puntos concretos a una persona que estuvo acostumbrada a mantener horas de horas charlando y que de la noche a la mañana se encuentra solo debido a las circunstancias, teniendo miles de temas por platicar. Fueron más de cuatro horas y solo se pudo obtener algunos detalles.
“He estado escribiendo todo este tiempo, he hecho algunos libretos. Algo tengo que hacer con mi tiempo”, cuenta quien hace 50 años, junto con algunos amigos, fue espectorado de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de San Agustín, cuando Patria Roja asumió el poder y decidieron fundar Talía.
El día para don Pepe se iniciaba a partir de la hora del almuerzo y terminaba con las primeras horas del siguiente. Era común verlo en la redacción del diario Arequipa al Día, mientras se cerraba la edición a partir de las 10 de la noche, revisando las diversas publicaciones. Era noctámbulo y asiduo a los cafés. No tomaba alcohol, pero le encantaba una buena conversación, especialmente cuando estaba rodeado de jóvenes escuchando sus experiencias sobre diversos temas o él contaba las propias.
Cuando Juan Velasco asumió la presidencia, en Arequipa también surgieron algunos líderes y se hicieron de la administración de la Unsa, donde se hacía bastante cultura. Allí surgieron varios grupos del Partido Comunista. “Eran gente notable. Comunistas pitucos, qué gracioso”, ríe. Ese fue el punto para que los actores expulsados, como Antonio Gonzales Polar, Eusebio Quiroz, Carmela Núñez, Hugo Valenzuela, su hermano Luis, Julio Arce su suegro, su esposa Gaby Arce, entre otros, decidieran formar el grupo de teatro Talía. La reunión fue en diciembre de 1966, donde lo eligieron como director y luego estrenaron la primera obra el 17 de mayo de 1977 de Bertolt Brecht: Terror y miserias del tercer Reich.
“Yo trabajaba en el diario El Pueblo, tenía a mi cargo las páginas editorial, cultura y deportes, así que aprovechaba para promocionar la obra. El día del estreno la mitad del Teatro Municipal estaba lleno de alemanes refugiados que habían llegado de los departamentos cercanos. Fue un éxito y allí recibimos la invitación para ir a un festival de Chiclayo, donde obtuvimos el primer puesto. Luego ya vinieron obras de artistas peruanos”, comenta.
Fue profesor de varios colegios en Arequipa, había que mantener a seis hijos. También periodista en algunos medios de comunicación como El Deber y El Pueblo y colaborador de El Comercio o La República en Lima, entre otros. Fue docente de la Universidad Católica de Santa María. Aclara, y así lo deja por sentado, que el teatro que hizo fue cultural, no comercial para ganar dinero, aunque le sobraron propuestas para dirigirlo.
Estuvo casado con la también fundadora de teatro y poetiza, Gaby Arce, con quien tuvo seis hijos. Llevó, dijo, una buena vida junto a su compañera, hasta que al nacer el quinto hijo, le dijo que iba a trabajar. Así fue docente del colegio Micaela Bastidas e ingresó al mundo de la cultura, llegando a ser presidenta de la Asociación de Escritoras de Arequipa, entre otros cargos.
Atribuye esa relación su divorcio. Asegura que nunca se portó mal, ni de palabra ni de acto, un día ella le pidió el divorcio, al cual accedió, recomendado por su abogado.
Con los años, sus hijos lograron nuevamente reunirlos y comenzaron a llevar una vida armoniosa, hasta que la enfermedad acabó con doña Gaby. “De verdad sentí la muerte de mi esposa, ya habíamos hecho las paces y estaba todo bien”, dice don Pepe, quien era difícil para contar algunas intimidades.
Un día llegó a los ensayos del grupo en la Católica y estaba un tanto raro. Sin expresión alguna, le caía una lágrima en el rostro. ¿Don Pepe está mal del ojo?, le preguntamos. “Seguramente algo me entró”, dijo. En el café confesó que su hijo estaba grave en el hospital. ¿Y por qué fue al ensayo, debió estar con él?, se le dijo. “No soy médico, yo no voy a poder hacer nada”. Su hijo, a quien sabemos quería mucho, se logró salvar.
COMPAÑERO GUZMÁN
La vida de Abimael Guzmán, el líder de Sendero Luminoso, de alguna manera va a estar ligada a personas que vivieron en Arequipa por ese entonces, y don Pepe no es ajeno al hecho. “Era mi compañero de clases, tanto en la Facultad de Letras como en Derecho, era un tipo excelente, muy culto, muy ilustrado, se graduó con una tesis brillante en ambas carreras. El jurado decidió darle una cátedra en Letras y publicar la tesis en Derecho”, narra.
Asegura que mientras estudiaba, nadie se imaginaba que iba a terminar así. En ese tiempo el Partido Comunista se dividió en varias facciones. Patria Roja, Bandera Roja y Estrella Roja, cada uno tenía sus respectivos semanarios, donde se hacía mucho análisis sobre política nacional e internacional. Estrella Roja, de Abimael, tenía un logo que decía: “Por el sendero luminoso de José Carlos Mariátegui”. Después desapareció de escena.
Era común verlo dice, acompañado de una joven, que prefiere no decir el nombre, porque luego se casó con un expresidente de la Corte, con la cual constantemente estaba leyendo libros. Nunca supieron si llegaron a ser pareja.
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