EDITORIAL: Año de la reconciliación y el diálogo
28 de enero de 2018

A solo tres días de terminar el primer mes del Año de la Reconciliación y del Diálogo, no se advierten inicios siquiera del necesario clima que permita un entendimiento en asuntos básicos entre el gobierno y la oposición parlamentaria, que resulta mayoritaria en las decisiones, para que puedan haber entendimientos mínimos sobre asuntos básicos que permitan aliento a la inversión y aceleración en quebrantada situación económica para el grueso de peruanos.
Ni siquiera la visita exitosa en gestos y en números del papa Francisco, han contribuido a la creación de un clima de respeto y consideración entre los personajes de la política nacional para trazar líneas esenciales para conversar y no necesariamente para pactar.
El Gobierno ha desistido de conseguir del Congreso facultades extraordinarias para legislar en asuntos urgentes y preferido el alcanzarlos como proyectos de ley para que sean analizados debatidos y, a su turno aprobados, o no, por el Parlamento.
Todas las noches, y en cada amanecer esperamos las buenas noticias de una conversación entre los líderes de las agrupaciones políticas sobre los asuntos que requieren de solución urgente.
Como decía el desaparecido conductor de televisión arequipeño, Humberto Martínez Morosini, “aquí no pasa nada” y el indulto a Fujimori solo ha servido para exacerbar pasiones y quebrantar unidades como ha pasado al interior de Fuerza Popular, haciendo la mayor la crisis política peruana y provocando la ira de sus protagonistas.
No es un decir inútil, y debe repetirse ahora, que los intereses privados y particulares puedan estar por encima del bien común y eso sigue ocurriendo con arañones constantes o con heridas cada vez más sangrantes.
Para avanzar en algo, alguien tiene que comenzar a extender las manos y solo entonces podremos caminar sobre seguro.
El Año de la Reconciliación y el Diálogo no puede ser solo un conjunto de letras y de buenos deseos sin una realización verdadera que no signifique otra cosa que un entendimiento mínimo sobre los problemas nacionales.
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