Arequipa

Editorial: Ayuda no oportuna no sirve

19 de enero de 2018
Editorial: Ayuda no oportuna no sirve

Quienes fueron víctimas de catástrofes naturales, incluyendo a los habitantes de Pisco que sufrieron por un fuerte temblor, hace años, reclaman una atención oportuna inmediata y finalmente efectiva de parte del gobierno central y de la inquietud que en similares situaciones deben cumplir autoridades como regiones y municipios.

En Caylloma, por ejemplo, y tratándose del caso de Arequipa, debe lamentarse que no se haya reconstruido, la gran mayoría de las casonas que cayeron por tierra como consecuencia de la furia de la naturaleza.
De esto ha pasado virtualmente un año, y el destino de un programa de ayuda real para los que ahora han sufrido los efectos de otro temblor en Caravelí, hacen temer que les ocurra la misma mala suerte.
Cuando se hacen simulacros preventivos para evitar daños por sismos y tsunamis, era lógico pensar que los organismos del Estado, encargados de dar información exacta de lo ocurrido en cada caso, serían eficientes para evitar dudas y excesos en el decir de las gentes.
La presidenta del Consejo de Ministros y el jefe del Sistema Nacional de Defensa Civil, han tenido que aceptar como cierto que no tenemos eficiencia en la respuesta a un temblor.
Es más, se sabe ahora que en el caso de Caravelí, el más reciente de los sismos ocurridos en nuestra Patria, se produjo una demora en la precisión de sus alcances que motivó que autoridades locales, regionales y de Lima, se preocuparan por datos que no fueron verificados inmediatamente, y que supusieron, por ejemplo, que no se tomara una decisión con respecto a una alerta en las zonas costeras.
También es necesario que sean autoridades de los mismos lugares donde se producen las desgracias, las que administren el apoyo gubernamental, para que no tengamos que lamentar lo que ocurre, cuando desde Lima se intenta planificar la reconstrucción de un pueblo semidestruido.
 
Así como hacemos simulacros de prevención a la población, también tenemos que perfeccionar el funcionamiento de los organismos estatales para saber, inmediatamente después de producida una catástrofe qué se debe hacer para enfrentarla eficazmente.
 
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