Editorial: Devuelvan tranquilidad al país
26 de febrero de 2018

Es lógico pensar que ante el ruido político que realmente existe en el país, todos, encabezados por el presidente de la República, tenemos la obligación de hacer lo que sea necesario para tranquilizar las aguas alteradas, devolver confianza a los inversionistas y superar todo lo crítico derivado de las malas acciones de Odebrecht y otras compañías brasileñas, a las que se sumaron, muy lamentablemente también, empresas peruanas que participaron de alguna manera en los sobornos.
Esa contribución comprendía también a los organismos públicos encargados de investigar los alcances de las malas maniobras y a los organismos de justicia que deben profundizar indicios, y aprovechar del aporte de los colaboradores eficaces, para alcanzar verdades y lograr reparaciones para el Estado afectado.
Lejos de eso lo que se está observando con preocupación es maniobras de ocultamiento que no pueden ni deben seguir.
No solo hay que determinar quiénes son los autores, o sea los corruptores malvados y los corruptos entregados que hicieron daño a la hacienda pública durante los últimos gobiernos, y también hay necesidad de que al margen de que hablen los colaboradores eficaces como Jorge Barata, digan verdades los peruanos comprometidos en el intento.
Nadie debe ser protegido de lo que signifique como castigo y reparación por lo que ha ocurrido.
Comprendemos que hay límites jurisdiccionales que podrían explicar una aparente complicidad en ocultar los hechos y eso acrecentará el ruido político, aumentará la desconfianza y provocará más temor con respecto al futuro del país.
Sería deseable que, al fin, el presidente de la República lidere la cruzada de limpieza hablando de lo suyo, levantando cargos y precisando actos.
Mucho bien le haría el colaborador eficaz Jorge Barata en proporcionar una información comprobable de las indebidas acciones de Odebrecht en el Perú para que también se haga justicia con los inocentes o con los que pueden haber tenidos gestos indebidos que no son delitos y que pueden ser perdonados si disculpas se pide a la opinión pública.
Nadie debe permanecer sin hablar cuando sabe algo de los sobornos traficados en Perú en beneficio de intereses extranjeros que deben ser resarcidos al Perú por quienes mal hicieron.
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