Arequipa

Editorial: El conflicto de los Sutep

19 de julio de 2017
Editorial: El conflicto de los Sutep

Cuando nació el Sindicato Único de Trabajadores en Educación del Perú, fundado por el desaparecido líder moqueguano Horacio Zeballos Gámez, pasó a convertirse en la organización sindical más poderosa del país y provocó temores en los gobiernos dictatoriales o democráticos que desde entonces existen en el Perú.

El Sutep se vacunó contra el extremismo terrorista y no fueron pocas las veces en que deslindó su posición diferente con quienes eran seguidores de Sendero Luminoso o pretendieron utilizar la organización magisterial en favor de sus intereses desestabilizadores de la democracia peruana.
Zeballos Gámez murió cuando gobernaba Fernando Belaúnde, y el Sutep se mantuvo fiel a sus principios de origen defendiendo la reivindicación de los profesores y enfrentándose a los gobiernos que sobrevinieron.
Después un grupo extremista, al que se vinculó el Movadef, se infiltró y desestabilizó el Sutep nacional, particularmente en los conflictos recién ocurrido en el Cusco, donde hay una huelga magisterial de 33 días, y también en Arequipa, motivo por el cual el Gobierno lo señaló con dedo acusador.
Oficialmente el Gobierno ha logrado un acuerdo con el Sutep tradicional, pero los rebeldes no lo aceptan y tienen exigencias, como la de ganar un sueldo mínimo de 2 mil soles, a partir del mes de julio, y no esperar hasta el inicio del presupuesto del 2018 para alcanzar los nuevos sueldos y el incremento de la partida presupuestal para educación.
El Cusco sigue alborotado con graves problemas para el turismo, y en Arequipa, aunque en minoría, la agitación también persiste.
El Sutep está agitado desde afuera, con dos dirigencias en Arequipa y con reclamaciones callejeras que subsisten y que evidencian que la unidad sindical de los profesores está virtualmente quebrantada.
 
El último conflicto magisterial ha debilitado al Sutep nacional y obligado al Gobierno a dialogar con los alborotadores cusqueños que han sido acusados de irracionales, y que, lamentablemente, también tuvieron eco en Arequipa.
 
Compartir


Leer comentarios