Editorial: El rasca rasca de los políticos
25 de enero de 2018

No fue prudente el Papa Francisco cuando en reunión con 60 prelados peruanos reunidos en el arzobispado de Lima, y en una cita privada preguntó qué pasaba en el Perú, cuando cada presidente que terminaba su mandato era objeto de prisiones preventivas sobre la comisión de presuntos delitos.
En el viaje de regreso a Roma, Francisco no pudo menos que lamentar que la versión hubiese sido trasmitida por alguien infiltrado entre los obispos o por una inocencia de alguno de ellos de repetirla.
Lo cierto y negativo es la reacción que se ha producido sobre tal decir, no hubo un solo político representativo de los partidos actuantes en la vida nacional, que no se haya sentido ofendido por la interrogación del Santo Padre, y que no haya recusado al propio presidente Kuczynski por haberle dicho al Papa que lo más malo que tenemos en Perú es la clase política.
Dos compañeros apristas, desencontrados desde hace tiempo, coincidieron en rechazar la expresión del Pontífice y dijeron que se trataba de una intervención indebida en la política interna peruana.
La prensa nacional ha atribuido responsabilidad en lo dicho por José Bergoglio a información recibida de Kuczynski y presentado como prueba de la afirmación que cuando el Presidente se inclinó, al pie de la escalinata del avión, que llevaría a Roma al Santo Padre e intentó besarle la mano, el Papa en forma visible y reiterada no lo permitió.
En todo caso y a pesar anecdótico de lo ocurrido, todo ciudadano u hombre público que llega al país está asombrado de lo que ha traído como consecuencia la escuela Odebrecht, que enseñó a muchos, nacionales y extranjeros, a sobornar o a coimear.
La corrupción es en estos tiempos el mayor mal peruano, pero debe decirse en descargo que también, al igual que en Brasil, se hace todo lo posible para castigar a quienes se metieron en bolsillo propio el dinero de todos.
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