Editorial: El voto golondrino
25 de octubre de 2017

En el proceso electoral municipal de los últimos años fueron frecuentes las denuncias de la existencia de votos golondrinos, que definieron a los triunfadores en base a supuestos domicilios de quienes sufragaron superando incluso los votos de los nativos del lugar.
Esta práctica no sería posible a nivel provincial, por la dimensión de las ciudades capitales, pero sí permitía que mediante ofrecimientos electorales un candidato ajeno pudiera resultar ganador en distritos pequeños y gobernar de acuerdo a sus particulares intereses, sin importarles el bienestar colectivo.
Una norma aprobada por el Congreso y ya promulgada por el mismo ente Legislativo, ha ordenado el cierre del padrón electoral de 2018 con un año de anticipación, cuando la mayoría de partidos y movimientos regionales o provinciales no han elegido a sus candidatos y el voto golondrino ha sido muerto antes de nacer.
El ciudadano que cambia de domicilio o que rectifica nombre o distrito de residencia, podrá efectuar el trámite correspondiente después del día 22 de octubre, pero esa modificación no figurará en el padrón electoral que corresponda a las elecciones de 2018, con lo que se cierra la puerta a la posibilidad de traslados que puedan modificar los resultados electorales por la presencia de votos ajenos al distrito donde se sufrague.
Hasta ahora es la única medida adoptada por el Parlamento para evitar manejos indebidos por parte de politiqueros o traficantes de terrenos, que antes aprovechaban de la ocasión para infiltrarse en los procesos electorales y hacer de las suyas con tierras del Estado, de la Región o del municipio distrital correspondiente.
Es de esperar que no tengamos más sorpresas de cambio en relación al 2018, pues es malo cambiar las reglas de juego cuando virtualmente el proceso está iniciado para renovar los gobiernos regionales y las municipalidades provinciales y distritales al vencimiento de su periodo constitucional.
Liquidar el voto golondrino significa dar garantías a las ciudadanías distritales para que la contienda electoral de 2018 se defina solo entre los habitantes de origen de cada lugar, rechazando a quienes llegan con otro tipo de intereses inferiores a los válidos.
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