Editorial: La drogadicción y la comercialización entre estudiantes
28 de febrero de 2018

La micromercialización de drogas ilegales en la cercanía de los planteles, sobre todo de secundaria, sean estos privados o públicos, es un hecho conocido, oportunamente denunciado y combatido solo a medias.
Todos los años, al borde del inicio del año académico que corresponda, se dice, por parte de las autoridades de educación y de la policía nacional, que se realizarán medidas de control severo alrededor de los locales donde se educan niños y jóvenes para disuadir a los comercializadores de cocaína y similares de venderlos a la par que las golosinas.
Pero entre el decir y el hacer hay trecho largo y no satisfecho. Debe reconocerse que en las cercanías de todo centro de enseñanza los malvados se las agencian para ofertan pitillos, polvos y otras formas de consumo para muchachos y muchachas que en temprana edad se entregan, con cualquier disculpa, a la drogadicción.
Se necesitan operativos que deben complementarse con alertas de los maestros y también por la vigilancia que los padres de familia deben tener para con sus hijos y advertir a tiempo de lo que puede ser grave daño para la salud no solo de los involucrados, sino para sus familias y los hijos que pudieran gestarse a edad temprana.
Si no existe concurso de padres y maestros la prevención y la represión no alcanzarán el objetivo de sanear a una juventud tentada frecuentemente por caer en el error de suponer que para algo bueno sirve drogarse.
Al inicio del año escolar es bueno reiterar advertencia sobre el peligro de las drogas que se venden en los alrededores de escuelas y colegios.
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