Editorial: La inteligencia policial
1 de septiembre de 2017

Son cada vez más considerados los afanes del Ministerio del Interior en reactivar servicios de inteligencia que permitan adelantarse a las acciones delincuenciales que han creado pavor en la ciudadanía y especialmente en Lima.
La acción de grupos que analizan el accionar de las bandas es diaria y permanente, y los resultados son capturas de elementos que conformando grupos organizados y en muchos casos dirigidos desde las cárceles, daban lugar al sicariato y a la extorsión.
Las autoridades del gobierno actual comprobaron que los servicios de inteligencia estaban realmente desactivados y que la tarea de investigación que debe realizar la Policía para esclarecer todo lo que es de su competencia, no tenía respuesta adecuada en la administración del comando.
Las cosas tienen que cambiar o no será nunca suficiente el patrullaje de calle para detener lo que no es obra de delincuentes primarios, sino de avezados que capaces de realizar robos espectaculares en segundos, de matar por encargo y de realizar una tarea que no se puede combatir con solo patrulleros y policías de calle, sino con estudiosos del comportamiento humano en las áreas conocidas de cada ciudad por ser refugio de malhechores.
El ministro del Interior, Carlos Basombrío, ha hecho de conocimiento público también como es que movimientos vinculados al pensamiento Gonzalo, de Abimael Guzmán, se han infiltrado en el magisterio y eso entraña un gran riesgo para el futuro del país, para hacer olvidar lo que ocurrió entre los años 1980 a 1995, en que el terrorismo campeó en Perú.
El Ministerio del Interior debe tener la seguridad de que lo logrado solo será suficiente cuando la ciudadanía esté tranquilizada por el quehacer de su policía; cuando el Poder Ejecutivo y Legislativo doten de los recursos económicos indispensables y se legisle adecuadamente sobre los temas que siendo de coyuntura interesan siempre.
La tarea de inteligencia policial es vital para acabar con las mafias organizadas que han convertido a la delincuencia en un monstruo al que hay que detener para tranquilizar a la ciudadanía temerosa de los excesos que se advierten diariamente.
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