Editorial: La plata no viene sola
11 de septiembre de 2017

Desde luego, no tenemos el propósito de ocuparnos de la expresión del expresidente Alan García Pérez, quien, en algún momento y en una conversación privada con Jaime Bayly, afirmó que «la plata viene sola», ni tampoco referirnos a la mención que al tema ha hecho en el local de la Cámara Peruana de la Construcción, el presidente Kuczynski y que ha provocado un alboroto político.
Lo lamentable es que Pedro Pablo Kuczynski se haya referido al decir del expresidente y líder aprista para afirmar exactamente lo contrario, es decir, que al dinero de las inversiones hay que procurarlo conseguir ofreciendo un país con seguridad jurídica, con estabilidad económica y en proceso de crecimiento indetenible.
Efectivamente, la colocación de recursos extranjeros o incluso nacionales, en el propio país son consecuencia de buenas alternativas para quien disponiendo de dinero desea invertirlo en un país de estabilidad, de respeto a las leyes y a la Constitución y con una administración de justicia, cuyo quehacer debe ajustarse al derecho y al recto criterio de los jueces.

Esa es la forma deseable que merece recibir un país como el nuestro que vive en democracia, sin interferencias de poderes y con absoluto respeto a la independencia de los mismos.
Hay formas, como bien lo demostró en reciente entrevista televisada el exministro de Transportes y actual vicepresidente de la República, Martín Vizcarra, quien afirmó que desde el día siguiente de asumir el cargo la actual administración gubernamental encontró formas de reducir los costos de las obras públicas, estableciendo una competencia entre empresas nacionales que permitieron reducir los valores de la obra estatal hasta en un 15 por ciento, en relación a lo que se había estimado como costos en la administración de Humala.
Nadie se ha quejado, a propósito de tales empresas de la limpieza de procedimientos y de la honestidad jugada.
Eso quiere decir que en ese juego no hay lugar para la coima ni el soborno sino, por el contrario, con un proceder benéfico para el país y no para el bolsillo de algún particular.
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