Arequipa

Editorial: La pus peruana

26 de noviembre de 2017
Editorial: La pus peruana
La ciudadanía no tiene razón de sorprenderse cuando todos los días aparece un nuevo foco de suciedad entre quienes dirigen los asuntos públicos y que se prestaron a recibir sobornos de empresarios privados internacionales y muy probablemente también de socios peruanos, quienes, sobre todo desde el Brasil y aprovechando debilidades humanas, se prestaron al juego sucio de enriquecerse con el poder que les fue confiado por mayorías ciudadanas.
 
Después del gran terremoto moral que significó conocer las maniobras de la compañía Odebrecht que han enlodado a las clases políticas de distintos países latinoamericanos, ahora resulta que quienes estaban en la oposición, de los denunciados han terminado comiendo de la misma mano y cometiendo el mismo pecado.
 
El caso Villarán duele sobremanera por su condición de mujer, conocida como honesta y luchadora social, pero manchó, según todo indicio, con los mismos que lograron meter en un saco a gente que está o en prisión o que resulta sospechosa de la comisión de actos delictivos durante su gobierno aunque ellos mismos aparezcan como engañados por subalternos que se prestaron a malos manejos.
 
En este proceso penoso todos hemos empezado a sentir desconfianza hasta del vecino, y cada vez es más frecuente escuchar en boca de la gente acusaciones contra las autoridades en general como si fuese posible que en este mundo más fuesen los malos que los buenos.
Esperamos que esto sea un momento pasajero y doloroso de nuestra historia, y lo que es más importante que nuestros fiscales y jueces sean capaces de limpiarnos, imponiendo castigos, caiga quien caiga, porque el Perú tiene que mostrar a plenitud sus reservas morales, aquellas que hicieron grandes el país y no los miserables que se encaramaron con el voto popular solo para llenarse los bolsillos.
 
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