Editorial: La tarea de la Defensoría
16 de diciembre de 2017

La Defensoría del Pueblo fue creada en la Constitución de 1993 y su primer directivo máximo fue el arequipeño Jorge Santistevan de Noriega, quien hizo lo justo y necesario para darle el nivel que se requería y participar de un proceso de transición política inevitable al llegar a su fin el gobierno de Alberto Fujimori y asumir las funciones presidenciales Valentín Paniagua, devolviendo institucionalidad al país.
La Defensoría impulsó la creación de oficinas regionales en todo el país, para que el beneficio de sus gestiones y la detección temprana de los problemas que se originaban pudieran ser atendidas en cada una de las jurisdicciones y en Arequipa se encargó tal misión a un destacado abogado como es Rolando Luque Mogrovejo.
Por convenir a los intereses institucionales ha sido designado como representante del Defensor del Pueblo en Arequipa, Ángel María Manrique Linares, anteriormente gerente regional de Educación, quien del sector privado es ahora invitado a colaborar en los esfuerzos de luchar contra la corrupción, defender los derechos de las personas y colaborar en la tarea de reducir discriminaciones, deficiente comportamiento del aparato público y reclamar por actos de injusticia.
El anterior defensor del Pueblo, Manuel Amat, se desempeñará como representante de la Defensoría, en la vecina región de Moquegua y esto también es un hecho afortunado, porque son frecuentes los desacuerdos de Arequipa con sus vecinos inmediatos y entre Amat y Manrique pueden darse posibilidades de diálogo constructivo y satisfactorio.
La designación de Ángel María Manrique Linares en la Defensoría del Pueblo de Arequipa es una noticia grata, esperándose un diálogo fecundo entre el organismo representado por él y quienes se sientan vulnerados en sus derechos y atenciones por parte del Estado.
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