Arequipa

Editorial: Las cortinas de humo

3 de noviembre de 2017
Editorial: Las cortinas de humo

Resultan permanentes las cortinas de humo que se advierten en la política peruana, para evitar temas trascendentes como la reconstrucción del norte, la seguridad colectiva y la reaceleración de una economía desalentada en los últimos meses del gobierno de Humala y en los primeros de Kuczynski, por la inacción del Estado, las campañas políticas de enfrentamiento entre Ejecutivo y Legislativo y malvados afanes de quienes padecieran querer frustrar la consolidación democrática nacional.

Una discusión sobre la pena de muerte para los violadores de menores ocupa las pantallas de la televisión, las páginas de los diarios y los espacios noticiosos de las radios.
Hay ministros que adelantan opinión que es contradicha por el Presidente de la República, pero el ministro maltratado no opta por la renuncia ante el desacuerdo presidencial y así las cosas, la bola sigue corriendo mientras Ministerio Público y Poder Judicial no encuentran forma de detenerla.
En Arequipa, por ejemplo, un monstruo que violó a su pequeña hija y que terminó torturándole al introducirle una pila en la vagina, lejos de estar preventivamente para las investigaciones correspondientes goza de libertad y eso es intolerable cuando la ley faculta a los fiscales a acusar a quienes cometen acción semejante.
De qué serviría, se pregunta el ciudadano común, una pena de muerte que de seguro no se aplicaría por impedirlo la Constitución de la República y los tratados internacionales que suscribió Perú.
Para qué pensar en nuevas formas de castigo, cuando con la legislación actual no se aplican los existentes. No merece la pena perder el tiempo en semejante discusión y mucho menos que se quede en su lugar un ministro que se declara partidario de la misma y que es desautorizado y aún así se queda en su casa.
 
Con la legislación vigente es probable sancionar a quienes cometen delitos contra el honor de menores para que estemos pensando en que nuevos castigos creamos para tornarlos disuasivos de que se repitan semejantes desórdenes sociales.
 
Compartir


Leer comentarios