Editorial: Las verdades sobre el Gasoducto
2 de noviembre de 2017

Un velo de misterio se ha tendido sobre el gasoducto del sur, después que el consorcio integrado por una compañía brasileña, otra española y una tercera peruana, desistió de continuarlo ante el fracaso de una gestión financiera para pagarlo.
Hasta ahora no puede determinarse cuál es el valor de lo que se ha hecho en el gasoducto para que sea compensado por el Estado peruano, y a la par se realice una licitación internacional destinada a completar el proyecto.
El Gobierno encargó a ProInversión la tarea de determinar las mejores condiciones para licitar la etapa complementaria de lo que permitirá llevar gas para consumo industrial y domiciliario a los departamentos que tenían cifradas esperanzas en el gas de Camisea.
Ahora resulta que en una exposición informe realizada en Madrid por ProInversión se afirma que es improbable que dicha licitación se realice en los primeros meses del 2018, y también se observa desencanto por el rendimiento económico de la Interoceánica que sumada al proyecto del gasoducto podrían convertir a potenciales clientes peruanos para la exportación a inversionistas de Brasil y Bolivia.
Si esto es así corremos el riesgo de que el gasoducto quede convertido en un elefante blanco y que solo ha sido útil para que se hagan grandes negociados y sobornos durante los años de gestión de los presidentes y ministros de Estado que participaron de dudosas operaciones en regímenes anteriores.
ProInversión estima probable que se puedan reducir los costos finales del gasoducto, cuyo valor ha sido paulatinamente reajustado mediante adendas que deben ser objeto de investigación, puesto que hay procesos abiertos para esclarecer los alcances de las malas acciones.
El gasoducto no puede seguir siendo un sueño para el sur. Debe concretarse a la brevedad posible para que se vigorice la economía de la región, se genere empleo y se obtengan resultados de lo que tenemos en el subsuelo.
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