Editorial: Los atentados contra SEAL
3 de febrero de 2018

La denuncia pública formulada por el presidente del directorio y el gerente general de Seal, Hernán Vela y José Málaga, respectivamente, permite suponer que los atentados cometidos contra esa empresa, y que resultaron pagando más de mil usuarios, están dirigidos a dañar la imagen de sus ejecutivos y el prestigio de empresa arequipeña más que centenaria.
En los distritos de Bustamante y Rivero, Sachaca y el Cercado, y entre el 23 y 30 de enero, conocedores técnicos de los equipos de Seal malograron la trasmisión de cables neutros de 6 subestaciones, lo que provocó una sobrecarga en equipos eléctricos e informáticos.
La ley establece que cuando estas fallas se atribuyen y demuestran ser responsabilidad del comercializador de energía, esta empresa estará obligada a reponer lo malogrado, sea pagando las reparaciones o en caso de daño irreversible, comprando aparatos en sustitución.
Seal ha declinado tener alguna intervención en lo infelizmente ocurrido. Han sido manos terceras que a sabiendas han ocasionado el daño que terminó afectando a los usuarios que sufrieron daños en televisores, computadoras y en otros aparatos sensibles a las variaciones del voltaje.
La Policía y el Ministerio Público deben realizar una pormenorizada investigación para determinar quién tiene, efectivamente, la culpa de lo sucedido y si hay manos malsanas, bueno sería determinar a quién pertenecen para sancionarlos ejemplarmente.
A esto también se debe llamar por su nombre, y se trata, sin duda de actos terroristas que deben ser determinados en sus alcances y sancionados ejemplarmente, en comunidad que no sufrió atentados semejantes ni durante la época de Abimael Guzmán.
Lo ocurrido en la Seal, debe ser llamado por su nombre. Son actos de terrorismo que terminan afectando a usuarios inocentes de todo problema interno que pudiera haber al interior de esa empresa o algún conflicto de relaciones humanas entre trabajadores y empresarios.
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