Editorial: Los tratos recompuestos
30 de septiembre de 2017

La verdad es que entre la desaprobación por el Congreso del Gabinete que presidió Fernando Zavala y el voto de confianza que se supone recibirá la nueva presidenta del Consejo de Ministros, Mercedes Aráoz, habrán transcurrido casi 30 días.
Todo un mes, sumado a los anteriores desde los tiempos de Humala Tasso, que los programas de reaceleración económica, reconstrucción del norte y otros indispensables para la recuperación económica nacional siguen como estaban.
En el transcurso, y en la cita de Perumin 2017, realizada en Arequipa, fue posible advertir que los empresarios e inversionistas vinculados a la minería, se siguen debatiendo en la duda con respecto a cuál será el futuro nacional y el cumplimiento de promesa reiterada del gobierno de destrabar inversiones que solo en ese sector se acercan a los 50 mil millones de dólares.
El Gobierno está ganando tiempo y nadie sabe para qué lo hace, y, por el contrario no está ganando nada, sino perdiendo oportunidades para empezar obras proyectadas y dinamizadores de la generación de empleo que supone comenzara a invertir en la recuperación de los daños del niño costero y en general de aliento al empleo.
En la política no se puede ni debe perder tiempo. Las concertaciones que se procuran entre los partidos con representación parlamentaria y el nuevo gabinete, transcurren días que debieran ser utilizados para permitir la agilización de entrega de recursos económico a obra pública para que una sensación de alivio llegue a todos los sectores y se resuelvan cuanto antes los problemas que están pendientes.
La inacción es el peor de los males y una de las primeras tareas del nuevo gabinete, debió ser obtener la confianza del Congreso sin esperar dos semanas o tres para, investido por todos los poderes iniciar la tarea detenida de devolver confianza a la nación y a los inversionistas propios y extraños.
En el fondo el país está sin gabinete, lo cual resulta inconcebible cuando la inacción ha sido la causa principal del descalabro y la pérdida de confianza de los inversionistas en la capacidad de hacer del gobierno de Kuczynski.
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