Arequipa

Editorial: Reflexión sobre la llegada del Papa

17 de enero de 2018
Editorial: Reflexión sobre la llegada del Papa

De seguro los peruanos tributaremos mañana una recepción inolvidable para Francisco, el papa latinoamericano que visita Chile antes de llegar a Lima y de estar también en Madre de Dios y en la Libertad.

Quienes vieron el lunes la llegada del Pontífice a Santiago de Chile, observaron falta de entusiasmo y evidenciaron temores fundados alrededor de la seguridad del Santo Padre en una nación donde el catolicismo se ha reducido y la asistencia de fieles a las iglesias es menor que en Perú y en donde, por desgracia, han habido algunos atentados y expresiones de disconformidad con la visita del jefe de la iglesia del estado Vaticano.
 
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Los peruanos daremos una atención especial a quien viene a defender en Perú el medio ambiente, a dar aliento a los sufrientes del norte por el Niño Costero, y que sin duda alguna tiene deseos de efectiva reconciliación para quienes aquí vivimos y para los equivocados que han estado provocando enfrentamientos que no fueron útiles, sino para el mal.
El fervor popular es evidente y puede atribuirse, en parte, a los recuerdos que dejó el ahora papa santo, Juan Pablo II, cuando estuvo en esta ciudad para beatificar a Sor Ana de los Ángeles Monteagudo y coronar a la Virgen de Chapi en una ceremonia de impresionante concurrencia como respuesta a un gesto que apreciaremos como parte de nuestra historia y de fidelidad cristiana.
Francisco no ha dudado en fijar los ojos en los alrededores de la tierra en que nació, ya estuvo en el Brasil, se interesó por una solución armónica y pacífica sobre la salida al mar de Bolivia, y ahora viene a Perú para defender el medio ambiente y saludar a los discriminados que habitan en las selvas.
 
 
Los peruanos tenemos, como devolución de la visita, la obligación de encontrar acuerdos para bien entendernos y procurar el progreso que nos ha sido negado en los últimos años por diferencias burocráticas y partidarias, y también por una corrupción que afortunadamente está devala, que debe concretarse en sanciones severas para los responsables porque hicieron mal uso de su poder para enriquecerse con el dinero del pueblo.
Esa será la mejor retribución del país al gesto pontifical y significará, sin duda alguna, que encontraremos una senda de unidad y un camino único para devolver progreso y empleo a un país que no se recupera del daño que le hicieron los que equivocaron camino.
 
Los peruanos tenemos la obligación de devolver la gentileza y el amor del Santo Padre, uniéndonos en favor de los pobres y procurando generar empleos y reducir las brechas económico-sociales.
 
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