Educación pública: Más allá del cemento y el gasto

Por: Pía Quispe Lozano, economista especialista en inversión pública y desarrollo social.
Hace un mes inició el año escolar en el Perú. Y, como es habitual, regresaron los titulares sobre aulas inconclusas, techos a punto de colapsar y condiciones poco dignas para el retorno presencial de miles de escolares. No es nuevo. Cada marzo evidencia el desfase entre el discurso de la inversión pública y su ejecución real en sectores fundamentales como la educación.
En 2025, el presupuesto de inversión pública para la región Arequipa asciende a 2 mil 856 millones de soles, de los cuales 403 millones (14 %) están destinados al sector educación. Esta asignación convierte a la educación en la segunda tipología de proyecto con mayor presupuesto, solo superada por transporte. Desde una lectura presupuestal, esto podría interpretarse como un esfuerzo importante por atender el sector. Pero una mirada más fina —y crítica— revela que el problema no es cuánto se invierte, sino cómo, en qué y con qué resultados.
Según el diagnóstico de brechas del Ministerio de Educación, el 80 % de las instituciones educativas de educación básica regular en Arequipa tienen capacidad instalada inadecuada. Esto implica deficiencias estructurales, falta de equipamiento y espacios no aptos para el aprendizaje. Ante ello, se responde, en la mayoría de los casos, con proyectos de infraestructura física, sin considerar variables como contexto territorial, pertinencia pedagógica o sostenibilidad operativa.
Invertir en aulas y mobiliario es necesario, pero insuficiente. La evidencia muestra que la calidad educativa mejora cuando las intervenciones integran factores como formación docente, currículo actualizado, soporte psicoemocional y condiciones de entorno adecuadas. Aislar la infraestructura del resto del sistema educativo es perder eficacia e impactar marginalmente en los aprendizajes.
EL OTRO ACTOR: SOCIEDAD CIVIL ORGANIZADA
Frente a esta brecha estructural y operativa, en diversas regiones del país ha surgido un actor clave que rara vez figura en el debate técnico: La sociedad civil organizada. Estas iniciativas no ejecutan millones ni reportan al MEF, pero están generando impacto directo en comunidades educativas vulnerables.
En Arequipa y Cusco, por ejemplo, operan organizaciones como Yachaywasi y HOOP Perú. Ambas trabajan en zonas con limitada presencia estatal, ofreciendo refuerzo escolar, talleres de habilidades blandas, inglés y acompañamiento emocional. Su enfoque es territorial, descentralizado y orientado a resultados sociales concretos.
Yachaywasi impulsa programas de formación ciudadana y asesorías alineadas al currículo nacional, dirigidas por voluntarios nacionales e internacionales, muchos de ellos exbecarios de programas como Beca 18. Además, promueve el liderazgo juvenil a través de su programa “Activistas por la Educación”, con un enfoque en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Por su parte, HOOP Perú tiene más de 12 años de presencia en Cerro Colorado (Arequipa), donde además de fortalecer competencias académicas, promueve proyectos como “Ruwana” (emprendimientos liderados por madres de familia) y “Flora Circular” (Economía circular). Su visión es clara: Educar no es solo formar estudiantes, sino transformar entornos.
A pesar del impacto demostrado, estas organizaciones operan al margen de la lógica institucional del Estado. Esto plantea una reflexión necesaria: ¿Por qué el Estado no articula estratégicamente con actores sociales que ya están presentes, son eficientes y conocen el territorio? ¿Por qué seguimos pensando la inversión pública solo desde la óptica de la obra física y no desde el fortalecimiento de ecosistemas de aprendizaje?
INVERSIÓN CON VISIÓN, NO SOLO CON PRESUPUESTO
En un contexto de recursos escasos, demandas sociales crecientes y una ciudadanía cada vez más exigente, el gasto público en educación debe dejar de ser solo un indicador financiero y convertirse en un instrumento real de transformación social.
Un nuevo año escolar ha comenzado. Pero no se trata solo de volver a clases, sino de repensar cómo, para qué y con quién estamos educando. Y eso empieza por entender que la educación de calidad no se construye solo con cemento, sino con alianzas, visión y propósito.
También lee: Despliegan 900 inspectores de transporte por Semana Santa
Leer comentarios