Arequipa

El escultor de ángeles

24 de septiembre de 2017
El escultor de ángeles

Para crear, esculpir, escribir en lápidas no hay que tenerle miedo a la muerte. Para darles vida a los ángeles, cristos, marías, vírgenes, flores y espinas de mármol hay que tener el talento en la piel, en las manos.

Por: Roy Cobarrubia V

El cementerio La Apacheta tiene mucho de creatividad, de arte, de gente desconocida y oculta tras un cincel. Daniel Hilpa Ylpa es uno de aquellos artistas incógnitos que le han dado vida a la necrópolis más antigua de la ciudad. El artesano, con más de medio siglo de vida no le tiene miedo a la muerte, nunca se le ha presentado un aparecido, no ha escuchado ruidos, no ha sentido el escarapelo de la piel o se le ha parado los pelos de temor. “Para hacer lápidas no hay que tener miedo a la muerte, yo no temo morir, pero sí a que conmigo se acabe el arte”, dice el rey del taller de mármol.
 
Su ambiente de trabajo es un mundo albino en donde rostros casi espirituales lo observan. Los ojos de Cristo parecen seguirles a los visitantes, María empolvada, con su mirada triste o con la expresión de una esperanza dice que la muerte no es el fin, es el inicio de una nueva vida. “El arte es imaginación, comprender la vida y su fin”, expresa Daniel, mientras esculpe una lápida.
 
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“Cuando un hombre se rebela a la muerte, se complace en tomar uno de los atributos divinos: dar”, escribió el escritor Ernest Hemingway. Hilpa descubrió que en la tristeza de otros, el recuerdo, la nostalgia y en el amor perdido se puede encontrar belleza y un poco de felicidad. “Anécdotas en el trabajo he tenido muchas, pero lo que lo te deja este trabajo es que descubres que la gente es grata. Muchas personas luego de entregarles la lápida para sus seres queridos regresan y te agradecen con un: ‘señor, es un trabajo muy hermoso’ o con una botella de whisky”, narra.
 
Eso de hacer lápidas es un trabajo minucioso, de muchos detalles, de detenerse a observar las formas, las líneas. ¿Pero cómo se aprende a ser escultor de ángeles?, pues a los nueve años y pintando murales con tiza de pizarra. 
 
En el colegio, en el Mariscal Sucre de Yanahuara, Hilpa dibujaba en la pared verde del periódico mural de su colegio, composiciones y mensajes según la fecha del año. “Dibujaba en el Día de la Madre, Fiestas Patrias, aniversario de Arequipa, la celebración que aparecía. Mi profesora, Ruth Márquez, me incentivaba y recuerdo que le decía a mi mamá: ‘señora, su hijo tiene talento, ¿por qué no lo inscribe en un taller de arte?’”, narra el escultor de mármol. Lo cierto, era que Daniel trabajaba en la calle Santo Domingo, cerca de la iglesia del mismo nombre con Antonio Macedo, un escultor de lápidas que lo tenía como ayudante y aprendiz.
 
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“Fue por el arte que lo dejé todo a los 15 años”, declara parado dentro de un centenar de lápidas y 500 cinceles de todos los tamaños y formas. A los 18 años el aprendiz dejó al maestro y abrió un local en la calle Pizarro. “Creé mi propio negocio y le puse de nombre: El ángel”, según narra, no fue difícil iniciar. La gente lo buscaba y sabían del talento casi natural con el que trabajaba. “Mis clientes se pasaban la voz y fui ganando nombre con mi trabajo”, y lo hizo, uno de sus primeros trabajos y que aún perduran en el tiempo, fue la lápida de Víctor Apaza, el hombre que pasó de asesino a santo. 
 
«Fue uno de mis primeros trabajos, una cruz y el nombre de Apaza. La dama que me pagó por confeccionar la lápida me dijo que buscaba trabajo y que se lo había pedido a Apaza, primero vino a cotizar el precio de la lápida y al mes regresó. Al parecer el deseo se le había cumplido”, cuenta. La lápida, aunque sencilla por su forma, continúa ahí con el nombre de Víctor Apaza y  miles de personas visitan la tumba del santo popular y  ven la obra de Hilpa. Sumado a ese trabajo se encuentra la escultura que da paso al mausoleo de María Nieves y Bustamante, famosa por escribir Jorge o el hijo del pueblo.
 
“Daniel es un hombre muy perfeccionista, ama su trabajo, cada una de sus obras tiende a ser mejor que otra, un detalle, algo siempre cambia y es mejor que otra pieza”, dice la esposa de Hilpa, Graciela Huagpuma. Las lápidas, son construidas en mármol, una roca constituida principalmente por calcita y dolomita, de textura cristalina blanca y traída de Italia.
 
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Daniel tiene un sueño, conocer Italia y observar las obras de Miguel Ángel, en la tierra del Renacimiento, un deseo que dice, desea realizar antes de que se le acabe la vida, antes de que sus manos no puedan esculpir más. “Cuando yo muera se acabará el arte, ya no hay muchachos interesados en desarrollar este oficio, crear lápidas, de crear el último contacto de los muertos con la vida. Cuando yo muera, mi taller se quedará sin rey”, expresa el artista para decir que por estos tiempos ya no hay discípulos, aprendices interesados en seguir un legado que al parecer se pierde en el tiempo.
 
El taller de Daniel, “El Ángel”, como lo conocen en la Av. Vidaurrázaga, tendrá vida hasta que una tarde, de cualquier día, parta a acompañar a otros ángeles. Ese día, según ha dicho el escultor de mármol, su lápida será sobria y solo llevará su nombre. El epitafio dirá que nació un 21 de julio de 1954 en Chivay, Caylloma y que estará por siempre vivo al lado de sus obras al lado del eterno mármol.  
 
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