El Foro de Diógenes: Arequipa cuna de las libertades

Por: Dr. Fortunato Turpo Choquehuanca.
Arequipa, cuna de las libertades, mesa olímpica de la justicia y permanente acicate de la rebeldía que se extiende cada día en la mente de su juventud va diseñando en esta aldea global su verdadero camino, buscando la integración de los pueblos con una personalidad original por todos celebrado, y reconocido como el portaestandarte del desarrollo político, económico, social y cultural, es el baluarte de esta parte de la región andina.
A los doce años conocí las entrañas de esta Ciudad Caudillo. Desde aquel entonces me interné en las profundidades del quehacer cotidiano, así como del decantado regionalismo, que para él no existe otro mundo sino el ideal, su Arequipa. Así, nuestra presencia ha sido enriquecida por el afán espiritual que nos permitió convivir con la élite intelectual de aquellos años. Somos testigos de muchos hechos y realidades, de sueños, tropiezos y utopías terrenales, como de acciones cívicas de la población arequipeña, que siempre peleó por ser diferente en una lucha constante de su personalidad ante la adversidad de intereses políticos.
Ese aire quijotesco de Arequipa, sin duda, atrapó nuestra conciencia. La atmósfera intelectual de los artistas, juristas, políticos y escritores de la ciudad blanca contagiaron a mi espíritu con sus encantos de creatividad y estudio. Ante este reto, nuestra sensibilidad intelectual respondió con creces. Entonces empecé a valorar esta tierra del yaraví para cantarle en cada momento de su lucha. Confieso, de manera muy humilde, que logre desde temprano, la amistad de importantes personalidades arequipeñas que me he permitido describirlos a lo largo del contenido de este libro como homenaje a ellos y a la población entera, donde juntos lidiamos por su desarrollo.
Asimismo, de manera excepcional, en aquellos años, caminé por las callecitas coloniales de San Lázaro, como en las republicanas del Centro Histórico, así como de la gran campiña arequipeña, reflexionando y admirando la incontenible rebeldía characata.
Estas impresiones juveniles impregnaron en mi sentimiento para querer a la Ciudad Caudillo. Fortalecieron mi voluntad para reunir mis reflexiones, mis análisis, mi admiración, y floreció el cerebro para recoger los testimonios de un pueblo siempre en pie de guerra. Al margen de cualquier interpretación que pudiera herirnos, con la mente límpida y el espíritu transparente y lleno de alegría, con el espíritu de un nuevo siglo que nos vio discurrir, trazamos la historia del nuevo rostro de Arequipa. De una Arequipa sin resentimientos regionalistas, sino de una nueva, contemporánea y solidaria. De esta manera, durante muchos años, escribimos esta obra: “Arequipa República Independiente. Reflexiones sobre el orgullo arequipeño”.
La pérdida de identidad cultural y la ausencia de un proyecto nacional que integre al país y a la macrorregión sur, nos hace pensar austeramente sobre nuestra peruanidad. Pareciera que se va extinguiendo, no obstante, la dirigencia política que se ufana de un país integrado social y económicamente.
Las diferentes etapas de la historia de esta región, desde su fundación preinca, inca y colonial, pasando por la Emancipación, la Independencia y la República, el comportamiento de sus habitantes y sus autoridades han sido muy singulares, al ser siempre vistos como colonialistas, hispanizantes y más tarde separatistas, lo que explica el carácter dual de su población.
No por gusto se le llama República Independiente. Tiene todos los ingredientes de un Estado organizado, que nos invita a pensar en la autodeterminación de los pueblos cuando las decisiones las toma el pueblo o, cuando no se le escucha en sus demandas. No es una utopía, es una proyección. Es uno de los fundamentos por los que se conformó la Confederación Perú -boliviana que tuvo sus frutos en Arequipa, cuyas consecuencias finales aún hay que estudiarlas, así como el Tratado de Paucarpata.
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