El Foro de Diógenes: El quehacer político en el Perú

Por: Dr. Fortunato Turpo Choquehuanca, autor del libro “República de aristócratas”.
Lo que viene aconteciendo en las últimas cuatro décadas en el Perú, mucho se asemeja a lo ocurrido en la historia de la Patria: caudillismos, partidos políticos sin sustento ideológico y al servicio de intereses personales y de grupo; así como grupos empresariales que nunca dejaron de manipular a la autoridad. Este escenario de intereses y manipulaciones se consagra con la corrupción enraizada en todos los niveles del Estado.
En la hora actual, la elevada inseguridad ciudadana, violencia política, el elevado costo de vida y el deterioro en servicios esenciales son los factores que, al ser transversales, han promovido esta caída estructural, lo que afecta drásticamente la calidad de vida de los peruanos, sumidos en la pobreza. Lo que indica que gran parte de la población se siente vulnerable ante el avance de la criminalidad.
Asimismo, la violencia política refleja la inestabilidad y la pérdida de confianza en las instituciones, cuando vemos el conflicto de las instituciones y/o poderes del Estado. Desde muchas décadas atrás, se ha descuidado la seguridad ciudadana y la estabilidad institucional, factores fundamentales para el bienestar social.
Lamentablemente la población peruana electoral es la más inocente, tonta e “ignorante”, como lo afirmó con autoridad el expresidente José Alberto Mujica Cordano del Uruguay, cuando se refirió a las elecciones presidenciales realizados en el Perú, en 2016, en la primera fase señalando que le había sorprendido el proceso, porque habíamos elegido a una japonesa y a un norteamericano, y se preguntó finalmente: ¿Dónde están los peruanos? Y se respondió el mismo presidente con la frase ya conocida de “que la población peruana era ignorante”. Tremenda verdad, que nunca debemos olvidar los peruanos.
Como resultado de esta realidad, desde hace décadas, nos encontramos asfixiados de podredumbre, de seres malolientes y abominables, que pasaron por la máxima magistratura del Estado como presidentes de la República; augustos representantes que personificaron a la nación ante los Estados del mundo, que sorprendidos cada día ven que los presidentes del país al finalizar su mandato salen directo a las prisiones como autores de delitos que enriquecieron sus arcas personales y la de su familia. Las personalidades delincuenciales no deben representar y no representan al país en el mundo global, que la tecnología de la información y las comunicaciones lleva rápidamente la noticia, cruel y asfixiante, a todos los países del orbe.
Sin duda, la sorpresa es enorme en el mundo como lo hemos constatado en varios países de América y Europa. Sin comentar y abundar más sobre esta negra realidad, esta situación del Perú es una vergüenza internacional, que difícilmente se va a despejar de la mente universal. Las razones son infinitas, que como lo reiteramos, todo esto ha enraizado en la estructura administrativa del Estado a través de los poderes de gobierno, donde lamentablemente no llegan las personalidades cumbres, los profesionales y académicos de sapiencia y de conducta intachables.
Esta realidad nos está demostrando que hay una crisis de representación que la clase política lo ignora.
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