Arequipa

El Señor de la Veracruz ya no va en hombros

12 de abril de 2017
El Señor de la Veracruz ya no va en hombros

Hace 17 años fue la última vez que la sagrada imagen del templo de Santo Domingo salió en procesión. Esta representación de Cristo crucificado tiene toda una historia que pocos conocen.

Por: Lino Mamani A.
Fotos: Miguel Zavala D.
 
La sangre sale de sus manos y pies que fueron cruelmente clavados. Las venas de sus brazos estirados lucen desmedidamente prominentes como si estuvieran a punto de explotar de la piel, como un globo inflado. Los brazos soportan el peso de su cuerpo clavado a una cruz de madera, mientras con la barba crecida su rostro se eleva hacia el cielo con un gesto tranquilo, como obedeciendo el mensaje para el que fue enviado. Es el Señor de la Veracruz, imagen sagrada que está en el altar mayor de la iglesia de Santo Domingo, una escultura cristiana cuyo origen se confunde con la leyenda y realidad.
 

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Se dice que fue obra de Dios. Hace años en una Arequipa que cinco años antes fue fundada por los españoles y legaron el cristianismo entre otras tradiciones. El prelado superior de Santo Domingo quería mandar a tallar una imagen de Cristo que sea imponente, pero no halló al artista adecuado. Así pasaba los días buscando y rezando, hasta que un día llamaron a la puerta del templo, eran tres jovencitos que llegaron a la ciudad y que pedían cobijo en el templo. 
Como agradecimiento se comprometieron a tallar la imagen deseada, pero con una condición: que nadie, inclusive cuando le alcancen el almuerzo, ingrese al cuarto donde trabajarían. Pasaron tres o cuatro días y al preocuparse por los chicos, el cura decidió entrar y vio una bella imagen de un Cristo crucificado, pero no estaban los muchachos. Son ángeles dijo y agradeció a Dios.
Se dice también que fue hecha por un humano. En 1998, unos investigadores de la Universidad de Salamanca de España llegaron a Arequipa siguiendo el rastro del escultor Bernardo Pérez de Robles, quien en Lima realizó imágenes para diferentes iglesias. Tenía la destreza en cristos crucificados. Los expertos encontraron en el archivo un contrato suscrito entre Pérez de Robles con el mayordomo de la Archicofradía de la Veracruz, para tallar en madera una imagen encarnada lo más real posible. Así hizo en 1966 el Señor de la Veracruz, que significa la “verdadera cruz donde fue crucificado Jesucristo”, la imagen de detalles únicos que yace imponente en el altar mayor, apenas uno ingresa al templo.
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La sagrada imagen, una de las más grandes de Arequipa, era sacada en procesión por su fiesta del 14 de setiembre y por Jueves Santo, recordando aquella escena cuando el Hijo de Dios es sentenciado a muerte. Recorría por calles como Piérola, Mercaderes, Plaza Mayor, General Morán y retornaba a su casa en medio de aplausos, cánticos y rezos. 
A mediados de 1700, se extinguió su hermandad porque la tradición mandaba que solo los españoles podían pertenecer. Pero luego, la devoción es revivida por familias como la de Eduardo Posignon, cónsul de Francia que vivía en la calle Santa Marta. Posignon, antes de retornar a su país, fue uno de los fundadores de la Hermandad del Santo Sepulcro en 1870, el más antiguo vigente de la ciudad. 
Esta hermandad empieza a retomar las procesiones de la sagrada imagen de Jesucristo en la cruz, alentada por los Villafuerte, Salomón, Navarrete, Lazo, Gómez de la Torre y por ilustres personajes como Guillermo de Belaúnde, Javier de Belaúnde, Francisco Bolognesi o José Luis Bustamante y Rivero.
Rafael Salomón cuenta que su abuela Julia Bendeck de Salomón era una devota fiel. Todos los días iba a Santo Domingo a dejarle flores al Señor de la Veracruz y a la Virgen Dolorosa. “De familia heredamos esta devoción. A diferencia de otras imágenes, esta parece obra de Dios”, dice.
La última vez que salió la Veracruz en procesión fue en el 2000, por ocasión del Año Jubileo. El entonces monseñor, Luis Sánchez Moreno, ordenó que se recree el Vía Crucis por todas las iglesias. Fue masiva, algunos seguían el recorrido luego de 37 años que había dejado de salir por algunas razones, la gente se emocionaba y no faltó quien derramó lágrimas. 
Ahora van 17 años en que ya no sale en recorrido. El Cristo de la Veracruz se mantiene estable en el altar mayor del templo a donde todavía sus fieles van a rezarle. Los padres del convento decidieron no sacarlo por precaución. Es una de las más antiguas de la Ciudad Blanca y con el movimiento puede deteriorarse su cuerpo. Actualmente, se nota que se quebró el dedo anular derecho.
Roberto Lazo, mayordomo de la Hermandad del Santo Sepulcro, explicó que muchos de los fieles esperan que algún momento puedan volver a sacar en hombros al Patrón de la Veracruz, al cual por lo pronto miran a una distancia prudente y en voz bajísima bautizaron como “El Altísimo”.
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