Enrique Benavides: más de 50 años haciendo de Papá Noel
10 de diciembre de 2017

Para ser Papá Noel hay que tener el carisma suficiente y ese ángel que permite que los niños se acerquen con toda confianza para tomarse una fotografía o pedirle un deseo por la Navidad, sin que siquiera sospechen que tras la barba blanca y el traje rojo se encuentra alguien de carne y hueso.
Por Roxana Ortiz A.
Fotos: Jorge Esquivel Z.
Papá Noel es el papel perfecto para don Enrique Benavides Vargas, quien heredó la tradición de su padre y que espera que en pocos años su hijo tome el lugar, aunque este insista que no será posible, porque para eso se tiene que nacer.
Y es que cuando habla de los niños, del cariño que le demuestran, de la felicidad que observa en sus caritas, de la confianza que le dan para pedirle deseos que muchas veces ni sus padres imaginan, de llorar al leer cada carta que recibe o simplemente recordar momentos que pasó con ellos, hace que se le quiebre la voz y alguna lágrima asome por sus ojos.
Don Enrique lleva haciendo de Santa Claus hace 54 años, tradición que heredó de su padre cuando tenía 29 años. Lo encontramos sentado en un sillón de la sala y a simple vista pareciera ser un personaje navideño más de los que adornan el lugar, hasta que saluda amablemente.
Cuenta que descubrió que su padre interpretaba a Papá Noel cuando tenía once años. Le pareció raro que justo cuando entraba a la casa, su papá desapareciera, hasta que lo encaró, hecho que no le afectó, porque ya sospechaba algo, además los chicos en el colegio ya habían descubierto el “engaño” del viejo pascuero.
“Esas navidades eran maravillosas, nos reuníamos toda la familia en la casona que teníamos en la calle San Francisco, todo era algarabía y los niños esperábamos con ansias a Papá Noel porque sabíamos que nos traía los regalos”, cuenta ilusionado.
Trabajaba en lo que un tiempo se llamó Sid Sur hasta que se jubiló, pero antes ya su padre le había comunicado la intención de que lo reemplace bajo el traje rojo, porque sus fuerzas no le daban para soportar una noche larga. Aceptó, pero también heredó el viejo traje rojo que se había mandado confeccionar donde un sastre. En ese tiempo no eran muy comunes los viejitos pascueros en Arequipa.
A los pocos años de entretener a su familia se le ocurrió la idea de hacerlo también con otras familias del barrio y así comenzó a recorrer las casas vecinas antes y después de las 12 de la noche. El traje ya no daba para más y se mandó confeccionar uno a su medida con un sastre, el que le puso relleno incluido, para dar la forma de una persona robusta.
“La verdad que tenía mucho más peso que el que ahora tengo y creo que gracias al traje he bajado considerablemente porque se suda un montón y terminas muy agotado pero contento”, dice el señor Benavides.
Siempre fue inquieto comenta su esposa, porque luego del trabajo en la fábrica se iba a una cancha de fútbol cercana donde se congregaban muchos adolescentes y jóvenes a quienes les enseñaba defensa personal, karate, jiu jitso, lucha libre, lucha greco romana, entre otros.
Ha sido en tres oportunidades campeón nacional en lucha libre representando a la ciudad de Arequipa y por lo tanto también se dedicó a formar a muchos jóvenes en el deporte. Comenzó a estudiar Arquitectura en la universidad, pero por problemas que se presentaron tuvo que abandonar la carrera; pero le gustaron mucho las clases de marquetería y ahora en sus ratos libres se dedica a confeccionar pequeñas casas que utiliza como adornos.
EL MÁS FOTOGRAFIADO
Visitar las viviendas de los vecinos en la Navidad le causó cierta fama y luego le comenzaron a pedir que vaya a animar la fiesta navideña de algún colegio y no terminó hasta que no lo vieran paseando por calles como Mercaderes, San Francisco, la Plaza Mayor con su campana en mano aceptando peticiones de fotografías. Su ritmo ha bajado, pues ya lleva el peso de sus 83 años bien vividos y felices.
En los últimos años cumplió una agitada agenda al participar en celebraciones que se hacen en los colegios y hace algunos años atrás, es la figura principal del Mall Aventura, donde cientos de niños hacen largas colas para sacarse una foto con Papá Noel y dejar su carta de deseos. Y aunque para muchos puede ser extravagante, no cobraba por cada presentación que hacía, solo la voluntad que ofrecían los directores para pagar la movilidad, pues más le gustaba visitar instituciones educativas donde estudiaban niños de bajos recursos.
Ha calculado que por lo menos en el mall le han sacado unas 20 mil fotografías en toda la temporada, sin contar con todas aquellas que se toma en los colegios; pero ha perdido algunas campanas que niños traviesos se llevaban de recuerdo. La que tiene ahora se la trajo de Cusco.
LAS ANÉCDOTAS
Son cientos las anécdotas que ha tenido en todos estos años, el 90% dice son muy buenas y que guarda en su corazón, como el de aquel niño que le entregó una carta en la que había prendido con un alfiler un billete de 20 soles, en donde le decía que no quería regalos para él, porque ya tenía muchos de sus padres y de sus tíos, pero que con ese dinero ahorrado les comprara juguetes para los niños pobres.
“Hubo una niña de unos 8 añitos que se acercó y me entregó una carta en la cual no pedía juguete alguno para ella, pero que le concediera el deseo que sus padres no se divorciaran, porque tenía miedo que la dejaran de querer”, cuenta mientras se le humedecen los ojos. Consiguió la dirección de la niña y fue a entregarles la carta a los padres, pidiéndoles que reflexionaran sobre el pedido de su hija.
Una vez le pidieron fuera a animar la Nochebuena con una familia de Vallecito. Los padres les dijeron a los niños que estuvieran preparados que en cualquier momento llegaba Papá Noel con los regalos. “Cuando llegó a la casa había policías, patrulleros y todos los vecinos en la calle. Uno de los niños no quiso perderse la llegada del trineo y salió a buscarlo, pero después no supo cómo regresar, hasta que un trabajador de una chacra lo encontró y lo llevó a la casa”.
Pero no todos son gratos recuerdos. Cuenta que una vez estaba en la presentación de un colegio privado en donde siempre hay chiquillos vivarachos, con la ilusión perdida en el personaje, quien antes de subir al escenario, le dijo que Papá Noel no existía y que solo era un disfraz, cosa que le dijo era cierto, porque en la Navidad se festeja el nacimiento del niño Jesús y él era solo un animador. Luego se sentó en el sillón que le habían habilitado, pero no contó con que el pillo del estudiante iría por detrás y le arrancara el gorro con cabellera y barba incluida, dejándolo al descubierto ante todos los niños que estaba en el patio. “Me sentí muy mal, no por mí, sino por todos los niños que estaban ahí y a pesar que el director me pidió disculpas y me dijo que continuara con el show, me retiré. Es la primera vez que quise darle unas nalgadas a un niño”, contó.
Una vez que salía del mall, el taxi lo esperaba porque era demasiado tarde, lo interceptó una señora que no parecía estar muy bien de la cabeza, para exigirle se tomara una fotografía con ella, le pidió disculpas pero le dijo que era demasiado tarde y que regresara al día siguiente pero mientras se dirigía al auto la señora lo cogió de su pantalón y lo dejó con las piernas al aire y en medio de la gente que todavía estaba en el lugar.
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