Arequipa

¿Evolución es también involución?

2 de febrero de 2020

Evolución es cambio en la diversidad, a diferencia de la involución que busca normalizar y estandarizar la conducta humana, bajo los mismos parámetros.

Por Mario Rommel Arce Espinoza

Un pasaje histórico, escrito por el escritor francés Alphonse de Lamartine (1790 – 1869), en su libro “Historia de los girondinos” (edición traducida al castellano, publicada en Madrid en 1847), relata una escena donde los jacobinos en vez de conspiradores parecían sabios que discutían con vehemencia las ideas de libertad. Como dijo Lamartine: “Nadie hubiera creído estar en una conjuración de demagogos, sino en una reunión de sabios que estaban delirando con las instituciones de la edad de oro”. Allí estuvo presente Maximilien Robespierre (1758 – 1794), “El incorruptible”, quien participó en la etapa del terror, haciendo que la aristocracia francesa fuera sometida a la guillotina.
El terror forma parte del vocabulario revolucionario, junto con la esperanza. Según el historiador francés Michel Vovelle (1933 – 2018), ambos sentimientos fueron las tendencias esenciales y contradictorias del proceso revolucionario francés. Por un lado, el miedo, la violencia, la destrucción del orden establecido; por otro lado, la ilusión que despierta la posibilidad de un cambio. El cambio entendido como progreso en el orden social, político, educativo y cultural. De ahí que el marqués de Condorcet (1743 – 1794) afirmara que la idea de progreso, para aquella época, requería “ilustrar a los hombres para convertirlos en ciudadanos”. Un paso en ese sentido era separar la religión de la instrucción pública. Esta idea planteada en el siglo XVIII, recién se consagró en Francia en el siglo XIX, al establecer la educación gratuita (1881), laica y obligatoria (1882). Fue así que la escuela pública se negó a adoctrinar, como afirma la historiadora francesa Anne Marie Chartier. En el caso peruano, la Ley Nº 162 de 1905, estableció que la instrucción primaria elemental era obligatoria, nada más. Esta diferencia obedece a procesos culturales diversos, pero sería muy ilustrativo evaluar las decisiones de ambos países para explorar la idea de progreso y sus implicancias en la formación de la consciencia ciudadana. En Francia la idea de libertad parece estar más legitimada en la historia de su proceso revolucionario.
La Revolución francesa ha sido materia de estudio desde diversas perspectivas. Una de ellas planteó el método psicológico para la interpretación histórica. Su representante fue Pierre Flottes, que entre otros temas se ocupaba de la dicotomía entre evolución e involución.
En términos generales, la evolución significa un avance, a diferencia de la involución que supone un retroceso. Flottes sostuvo que toda evolución implica una diferenciación, es decir, un nuevo estado de cosas que reconoce lo diverso, aquello considerado marginal, periférico, pero que por efecto de la evolución se incorpora en lo institucionalmente aceptado. En cambio, la involución es lo indiferenciado, lo que está normalizado para todos los miembros de la comunidad. Flottes afirmaba que la evolución tenía tendencia hacia la involución, y para graficarlo citaba lo dicho por Lamartine, refiriéndose a las revoluciones: “Desdichado el que las hace, feliz el que las hereda”. Con ello quiso decir que la revolución enarbolaba una bandera de lucha en contra del orden establecido, con la intención de revertir una situación anómala. Sin embargo, una vez conquistados los objetivos de la revolución sobrevenía la normalización de las conductas y el establecimiento de un nuevo orden igualmente arbitrario.
Como ejemplo citaré el caso del antiguo régimen en que predominaron las jerarquías y la atribución de derechos en función de la pertenencia a una clase social determinada. En otras palabras, la igualdad geométrica de que habló Ferdinand Zweig, en oposición a la igualdad aritmética, propia del nuevo régimen que no hace diferencia de clases, pero que haciendo uso del poder político impone la normalización de las conductas a través de un derecho unificado. En atención al principio de igualdad ante la ley, el ciudadano del nuevo orden republicano es tratado nominalmente en igualdad de condiciones. Sin embargo, el espíritu de la sociedad colonial continúa vigente en el periodo republicano de gobierno. Y con ello males endémicos como el servilismo, el racismo, la apertura hacia otras opciones de vida que necesariamente implica optar por un mayor pluralismo jurídico.
La normalización de las conductas, por medio de la enseñanza en la escuela, impone mecanismos de control sobre los niños y adolescentes en base a los contenidos del libro de texto. Esta evolución hacia lo indiferenciado, con contenidos únicos que proscriben del lenguaje el uso de palabras no aceptadas convencionalmente, como decir matrimonio civil igualitario, al mismo tiempo es una manifestación de involución, porque no se acepta lo diferenciado.
El pensamiento único parece caracterizar esta etapa de la historia en sociedades como la nuestra que todavía no aceptan los cambios operados en el mundo. Ya, para la segunda mitad del siglo XX, el historiador británico Eric Hobsbawm habló de la revolución cultural en su libro “Historia del siglo XX” (Editorial Crítica, 1995). Sobre el particular sostuvo que como parte de ese cambio se produjo el triunfo del individuo sobre la sociedad. Aconteció, entonces, un fenómeno de liberalización del pensamiento y del predominio de la libertad personal por encima de los intereses de grupo. Hasta entonces el sujeto estuvo sometido a conductas predeterminadas, establecidas convencionalmente y aceptadas como tales en las sociedades de occidente. Los roles de las personas dentro de la sociedad estaban claramente establecidos. El varón era la cabeza de familia, y en muchos casos el único aportante en la economía doméstica, la mujer circunscribía sus funciones a las labores del hogar y al cuidado de los hijos menores de edad. Las prácticas religiosas incluían ir a la Iglesia con periodicidad. No había control de la natalidad. El placer estaba reprimido para el sexo. Las conductas sexuales, como la prostitución, por ejemplo, estuvieron y siguen estando condenadas por la moral religiosa y el Estado. Hay una maquinaria legal que reprime conductas consideradas antisociales, por atentar contra las buenas costumbres. Sin embargo, por décadas la moral religiosa y el Estado han olvidado el componente placer para el tratamiento de algunas conductas humanas.
Con el advenimiento de la revolución cultural en la segunda mitad del siglo XX, comienza a imponerse la decisión de la mujer para decidir acerca de su conducta sexual. ¿Esto es evolución o involución? Si se trata de respetar lo diferenciado, sería involución a los ojos de los grupos que buscan mantener el control de las prácticas sexuales de las personas. Sería evolución si hay mecanismos de control para evitar la promiscuidad, con la consiguiente amenaza de enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, muchos mitos han desaparecido con el tiempo por obra de la ciencia, dejando atrás ideas aberrantes provenientes de los dogmatismos religiosos.
De acuerdo a Flottes, hay una interdependencia entre ambos términos: evolución e involución. En su libro “El inconsciente en la historia” (Madrid, 1971), propuso dos proposiciones: “Toda evolución tiende hacia la involución; toda involución tiende a destruirse por un movimiento evolutivo”. Esta aparente contradicción tiene su propia coherencia. Es la dinámica social la que introduce y acelera cambios. Por ejemplo: el triunfo del individualismo ha puesto en peligro a las familias tradicionales y a las iglesias tradicionales. En el siglo XX ya no existe una sola forma de unión matrimonial. Desde el punto de vista legal, el matrimonio religioso fue reemplazado por el matrimonio civil. Este paradigma, sin embargo, no es el único predominante, existen otras formas de unión que hoy gozan de amplia aceptación por los sectores progresistas y civilizados de la sociedad. El matrimonio civil igualitario entre personas del mismo sexo representa una nueva concepción del matrimonio como institución y como contrato. Su implementación normativa ¿es acaso parte de un proceso de evolución de la propia institución matrimonial? Por el contrario, la reacción de ciertos sectores de la sociedad civil contra dicha propuesta ¿es acaso un acto de involución contra el pluralismo jurídico?
Si la evolución aconseja el pluralismo jurídico, la involución mantiene la unidad del matrimonio civil entre varones y mujeres. No se abre a otras formas de unión matrimonial. Si el culto público de la religión católica era la única permitida en el siglo XIX, en el siglo XX se reconoce la libertad de cultos. Sin embargo, el dogmatismo religioso parece una nueva forma de involución en el siglo XXI, porque pretende consagrar la vigencia de un pensamiento único, que en muchos casos raya con el fanatismo religioso. Si esta situación representaría una nueva amenaza contra la evolución del pensamiento en un contexto de apertura hacia otro tipo de ideas, con especial énfasis en el pleno ejercicio de la libertad de pensamiento, entonces, ¿por qué razón ese tipo de discurso religioso, fundamentalista, goza de aceptación popular? Vuelvo a lo dicho por Condorcet, la educación es lo más importante para convertir a los hombres en verdaderos ciudadanos. Y también para lograr establecer una sociedad libre y liberada del prejuicio y la ignorancia.
De acuerdo a la propuesta metodológica de Flottes, a la evolución sucede la involución y a la crisis de la involución sucede la evolución. Hoy vivimos una nueva involución en materia económica y política, con la idea equivocada del “destino inexorable”, que cierra cualquier posibilidad de cambio. Considero necesario promover un movimiento evolutivo ante la crisis del modelo económico y, asimismo, el replanteo del modelo político en atención a los sucesos de los últimos años en el Perú.

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