Falla humana habría sido la causa de caída de bus interprovincial a barranco en Ocoña
22 de febrero de 2018

Por: Roy Cobarrubia
Una falla humana pudo haber sido la causa de que 44 personas en la provincia de Camaná hayan perdido la vida, 24 queden heridos y dos aún permanezcan desaparecidos dentro de un bus de la empresa Rey Latino que cayó a un abismo, a 15 minutos de llegar al puente de Ocoña, en dirección Chala – Arequipa. El accidente, ocurrido la noche del miércoles, pudo ser por error humano. Pasajeros indicaron que el chofer estaba cansado, como refirieron, inclusive algunos de sus compañeros de trabajo. El conductor habría pestañeado unos segundos.
Sin embargo, son las investigaciones las que determinarán lo ocurrido ya que no hay mayores luces al respecto. El conductor del bus, Marcos Ortiz Hidalgo, quién sobrevivió junto con otras 23 personas al suceso, los frenos le habrían fallado al momento de tratar de dar vuelta en una curva, considerada por algunos conductores como peligrosa. Hidalgo, conductor del vehículo de la empresa Rey Latino, señaló a la policía de que el accidente ocurrió por una falla mecánica. “Me falló los frenos”, indicó a agentes de la Policía de Carreteras quienes lo ayudaron y trasladaron al hospital de Camaná donde fue atendido.
La declaración del chofer puede ser cierta pues en la zona se observa el quemado de llantas en la vía, hecho que podría sustentar lo dicho por Ortiz. Sin embargo, aún no se descarta que el incidente haya sucedido porque un segundo vehículo, versión del fiscal de turno que llegó al lugar, pudo haberle complicado la maniobra a Ortiz y haberle hecho perder el control del bus.
“Vamos a verificar si la empresa cumplió con los horarios o si contaba con los dos conductores, eso está en proceso de investigación no podemos adelantarnos al caso”, dijo el gerente regional de Transporte, José Gamarra. Sin embargo, de acuerdo a algunos sobrevivientes el bus partió de Chala una hora tarde, producto al parecer de problemas en el vehículo.
TESTIMONIOS
“¡Dios mío!”, fue lo primero que dijo Alipio Layme al ver cuerpos regados y fuego a orillas del río Ocoña. El hombre, de 40 años de edad, sobrevivió de milagro a la caída de más de 170 metros de altura del bus en el que viajaba, Rey Latino, destino ruta Chala – Arequipa. El vehículo, que dejó como saldo 44 personas muertas, 24 heridos y dos personas desaparecidas estaba ya marcado por el destino.
“No iba a salir ya de Chala, el viaje estaba planeado para las ocho y media de la noche y salió a las nueve y media, muchos quisieron quedarse, pero viajaron”, contó Layme, quien en el estrepitoso accidente solo sufrió un golpe en el rostro. Según narró, dormía como todos en el bus, cuando sintió un tirón, y un fuerte golpe en la cara y en el pecho al ser recibido por unas rocas. “Viajaba en el primer asiento del segundo piso, donde se mira el camino. Yo dormía, todos dormían. Cuando sentí el tirón abrí los ojos y sentí que mi cara chocaba con las piedras, me tapé con mis brazos la cara, y sentí que el cristal se quebró”, contó Alipio. El hombre en el primer impacto del bus, cayó en una pendiente de piedras y quedó tendido alrededor de vidrios rotos. El vehículo daría luego vueltas de tonel, proceso en el que el segundo y el primer piso del bus quedó como si fuera un huevo aplastado.
Layme, luego de estar aturdido unos 3 minutos, intentó pararse, pero sintió un fuerte dolor en el pecho y pudo observar tendido a los pies de una pendiente de un barranco, lo que parecía una pesadilla, una escena terrorífica que hoy dice jamás olvidará, gritos y cuerpos tendidos, alumbrados por el fuego “Sentí un olor a gasolina y carne quemada”, dijo. El accidente sucedió a las 12:30 horas en el kilómetro 782 de la Panamericana Sur, Ocoña.
Su amigo, Ronald Boza Márquez, quien viajaba a su lado junto con su esposa y su hija tuvo parecida suerte, se salvó pero perdió a su familia, su esposa y a su pequeña hija murieron por el impacto. Después de eso todo fue gritos de auxilio hasta que llegaron los bomberos y los policías. Los sobrevivientes fueron trasladados al Hospital de Camaná, 9 en total y 14 a la ciudad de Arequipa a distintos nosocomios.
En el caso de los que fallecieron, la policía y los bomberos iniciaron un trabajo de recuperación y de salvamento laborioso desde las cuatro de la mañana del miércoles. El lugar parecía una necrópolis con cuerpos sin enterrar en un lugar agreste de tierra y piedras pequeñas y filudas. Según contaron algunos pobladores que se acercaron a la zona a ayudar, el trabajo fue complicado, pues la altura y el estrecho espacio para maniobrar dificultaron la labor de salvamento de los bomberos y de la Policía. En el intento de apoyar, un grupo de pescadores de la zona ofreció trasladar los cuerpos a través del río Ocoña en balsas. La empresa se realizó a las 11:00 de la mañana y fue un éxito. Los cuerpos ya sin vida fueron trasladados a la morgue de Camaná.
MORGUE Y HOSPITAL
El hospital de Camaná durante la tarde del 21 de febrero se convirtió en un lugar sin cabida para la felicidad. Rómulo Alcahuamán, de 45 años de edad, quien viajaba en el asiento número 36, un número de asiento que según dijo escogía cada vez que viajaba, desde mucho tiempo atrás por un motivo que hoy parece entender, solo sufrió un golpe en el brazo, un corte y un hematoma en el rostro y en la costilla. “Siempre tomo ese asiento. No sé joven creo que comencé a usar ese número una vez que le rezaba a la Virgen de Chapi a quien le agradezco me haya salvado”, dijo entre murmullos, sentado en la sala de espera del hospital de Camaná. Pero su salvación también le ha resultado ser una pena en el alma, pues el hombre llora hoy la muerte de su esposa Venancia Pequeña y de su hija Maydé Alcahuamán.
La ciudad de Camaná, la Av. Lima, lugar en donde los comerciantes y veraneantes llegan a la urbe para disfrutar del sol se paralizó. La policía cerró la tercera cuadra de la Av. Lima lugar en donde funciona la Morgue de Camaná. Padres, hermanos, hijos, amigos y vecinos se acercaron al sitio para identificar y recoger los cuerpos de sus seres queridos, la espera fue eterna bajo el sol camanejo y las ascuas de volver a ver el rostro de sus seres queridos.
Algunos llegaron a recoger un cuerpo y dieron con la cuenta que sus familiares tuvieron otra oportunidad. Toribio Chullunquia, padre de David Chullunquia, llegó a la morgue de Camaná para identificar y llevarse el cuerpo de su hijo, sin embargo el joven de 28 años de edad, con sueños para estudiar Ingeniería de Minas, se encontraba metros más allá en el Hospital de Camaná, internado con graves heridas, pero con vida. Fue el peor accidente de tránsito terrestre ocurrido en Arequipa. Una tragedia que duele.
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