Feminicidio: cuando el amor mata
21 de enero de 2018

El 2017 cerró con 13 casos de feminicidio en Arequipa. La Ciudad Blanca es la segunda del país más violenta y sigue imparable.
Por: Lino Mamani A.
Tenía 23 años y unas ganas por salir adelante. La última vez que la vieron, fue el 31 de diciembre. Eliza Huahuacondori había salido del fundo agrícola de las Pampas de Yuramayo, en Vítor, donde laboraba. Después no se supo nada de ella durante 11 días. Era como el desierto o el valle la hubiera escondido. Hasta que la policía encontró sus restos en un descampado del distrito de San Juan de Siguas.
El victimario era su expareja. Christian Roque de 28 años, el hombre que dijo amarla pero que en realidad se había obsesionado con ella. En manos de este sujeto la dama falleció. Christian Roque terminó por confesar que primero la golpeó en la cabeza y luego procedió a asfixiarla. Para desaparecer sus restos, la enterró, pero el crimen que creyó perfecto fue descubierto. Huahuacondori es una de las primeras víctimas de feminicidio en lo que va del año.
Lamentablemente Arequipa, la Ciudad Blanca, la segunda más importante y la que engloba una serie de riquezas naturales que hace hinchar de orgullo el pecho, también es a aquella donde el abuso en contra de la mujer es imparable.
Según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) solamente el año pasado se registraron 121 casos de feminicidios y 247 tentativas. La Ciudad Blanca se ubica segunda a nivel nacional con más registros de este tipo de delito con 12 feminicidios y 25 tentativas. Solamente es superada por Lima Metropolitana (31 feminicidios y 75 tentativas).
En el 54% de los casos las víctimas tuvieron un vínculo de pareja con sus verdugos. Eran sus convivientes, esposos, enamorados, novios e inclusive sus exparejas, quienes ni siquiera deberían acercarse a ellas, indicó la coordinadora del Centro de Emergencia Mujer – Miraflores, Ruth Gallegos Esquivias.
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El proceso de maltrato inicia generalmente con insultos. El 60% de las denuncias son por violencia psicológica. Frases hirientes que perturban a las víctimas, con las que los sujetos anticipan su mal carácter. Posteriormente, detalló Gallegos Esquivias, vienen las agresiones, que empiezan con empujones o cachetadas –que algunos consideran insignificantes– y luego con golpes certeros o con objetos. Las razones principales son los celos o porque las agredidas quieren terminar la tormentosa relación.
Gallegos Esquivias informó que si se incrementan los casos es que precisamente es porque hay mayor voluntad de denunciar a los maltratadores.
La Corte Superior de Justicia de Arequipa recibió más de 30 mil denuncias por violencia familiar, desde que en el 2016 entró en vigencia la Ley N° 30364, que previene, sanciona y erradica de delito. La norma establece que apenas ingresa un caso, pasa a los juzgados para que dicten medidas de protección a favor de las agredidas. Los magistrados disponen que los violentos se alejen del hogar, que no vuelvan a golpearlas, medidas que se cumplen parcialmente porque no hay suficiente personal policial que vele porque se ejecuten.
Aun existiendo estas ventajas, lamentablemente, existen las damas que no se atreven a ello y, por temor, siguen encerradas en un ambiente de violencia apenas cierran la puerta de su hogar.
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Es más frecuente este tipo de delito en la región. Inclusive, los victimarios terminan no teniendo la condena que la ley refiere. Campañas como Ni una menos están teniendo eco en algunas víctimas para darles esa fortaleza que les permitan levantarse y acudir a las comisarías o a buscar ayuda, para acabar con el suplicio de insultos, golpes y humillaciones de parte de sus agresores.
Esta semana una movilización en contra de la violencia tuvo eco en Islay. La provincia costera, a donde por esta época muchos acuden a veranear, fue el escenario de una movilización donde las damas, niños y varones pidieron que se pare la agresión contra las personas, en especial en contra de las mujeres.
La indignación de la población las motivó a salir. No concebían que José Luis Chávez Mamani (50), alias “Van Dame”, fuera liberado luego de que es señalado como el autor del feminicidio cometido en contra de Fabiola Bernal Delgado (53), su expareja. El sujeto no habría escatimado en coger su arma de fuego y quitarle la vida a Bernal con cinco certeros disparos. Sin embargo, esta muerte aún queda impune porque el sospechoso se encuentra en las calles, ante la impotencia de los familiares de la víctima.
Mientras unos son liberados otros sí son enviados a la cárcel. El mototaxista Christian Roque fue enviado a nueve meses de prisión preventiva mientras se realiza su juzgamiento. Samuel Alejandro Tejada Zegarra fue sentenciado a 20 años de prisión por quemar y matar a su expareja que estaba embarazada. Juan Pedro Mamani Mamani, en un juicio rápido, el 2016 fue sentenciado a cinco años y 10 meses por tentativa de feminicidio.
La especialista precisa que si bien se consiguen condenas contra los agresores, el daño provocado en las víctimas y en sus familias es irreparable. Especialmente los hijos quedan con un hogar descompuesto y de acuerdo a sus respectivos análisis, requieren de frecuente tratamiento psicológico.
El feminicidio es la última etapa de la violencia. Las autoridades, desde sus responsabilidades, están llamadas a escuchar los gritos de las víctimas y tenderles las manos para que no sigan incrementándose las cifras de violencia. Porque el amor no debe confundirse con golpes.
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