“He aprendido a convivir con la soledad, aunque es difícil acostumbrarse a ella”

Por: Lino Mamani A.
– Don Porfirio, ¿cómo define la estética de su poesía en este nuevo libro?
Es un libro de poemas en prosa. Escribí varios poemarios en prosa. Inicié este estilo con Más allá del día. En este nuevo libro hay poemas que ahondan las temáticas existenciales, y la prosa poética, me parece o la siento más adecuada para expresar este tipo de reflexiones internas que se manifiestan a través de la poesía. Aún recuerdo la primera vez que me puse a escribir este tipo de poemas, en el techo de una biblioteca de Paris, donde había una terraza y yo solía quedarme hasta muy tarde, contemplando los techos de Paris en la noche.
-¿Es un libro más personal o íntimo? Lo digo porque noto sus evocaciones a la ausencia, la soledad, la muerte…
Todo libro de poesía, de alguna manera transmite algo íntimo de lo que somos al escribirlos, antes, durante o después. Este libro no es tan personal, desde el punto de vista biográfico o de experiencias vividas. El libro más bibliográfico que escribí fue Voz más allá de las fronteras, que fue prologado por Jorge Cornejo Polar, y refiere mi desgraciada experiencia en Madrid, en la época que se celebraba el V Centenario del llamado “encuentro de dos mundos”. En El poeta y la soledad abordo más temas existenciales cotidianos que podemos experimentar en cualquier momento de nuestra terrestre vida.
– La soledad es un tema crucial, ¿cómo sobrelleva su soledad en una ciudad como París, lejos de Arequipa?
La soledad siempre ha sido para mí, un desafío, un peligro, y sobre todo una compañera cotidiana. He aprendido a convivir con ella, aunque es difícil acostumbrarse a ella, dependiendo de nuestros estados de ánimo. Puede parecer una sombra, un peso que debemos ir arrastrando o un camino que debemos ir evitando. París es una ciudad terriblemente solitaria, y yo para palear esa “soledad” me “integro” a la ciudad, a las bibliotecas, a las calles, a los cafés, a las iglesias, aunque mi relación más estrecha es con el río y los parques. Así siento la vida de otra manera, con el ruido del agua, el viento que roza las hojas de los árboles, y el canto de los pájaros.
– Vuelve en sus versos a las palabras espectro, piedra y extranjera amada. ¿Qué simbología denota?
Son sueños que van y vienen como las olas y el viento, como las primaveras y los inviernos. El espectro es el peligro, la amenaza, la incertidumbre que siempre ronda o acosa nuestros sueños, tal como la muerte, la indiferencia, la pobreza, el olvido, la fatalidad en todos sus aspectos. La piedra es la fuerza interior que vive en nuestros pechos, es la dureza de la vida, es la tierra congelada por el tiempo, sobre la cual caemos y nos levantamos. La extranjera amada, es la bella imaginaria que siempre soñamos encontrar en el camino, en algún parque, a orillas del río; es una ilusión sublime del amor y la poesía.
– Cada verso en prosa tiene una traducción al francés, algunos poetas discrepan de las traducciones de los versos. ¿Su proceso creativo lo hace también pensando en la traducción?
Cuando nace el poema es un acto único, solitario y original. No hay, no puede existir en ningún caso, un condicionamiento. Nace como nacen los seres, como nacen las plantas y los animales. Es un acto vital, que no acepta condiciones. La creación es lo más maravilloso que hay en este mundo.
– Pasando a un tema más personal, ¿cuál es su búsqueda en la poesía?
La comunicación conmigo mismo y con los demás. La poesía es el medio a través del cual puedo expresarme, quizá mejor, el medio para alcanzar un equilibrio entre la vida real, la vida social, y mi propia existencia. También es un medio que permite hacer reflexionar, ese es un objetivo íntimo mío, que me gustaría crear entre el lector y la obra que lee, proyectado hacia la realidad.
– ¿El poeta tiene que ser profeta en otra tierra?
El poeta es profeta en la tierra donde está, en el lugar donde se encuentra. No se necesita ser exiliado, desterrado o vivir en un prado o en un páramo para escribir poesía. La poesía está en el alma.
– Pero, ¿por qué los poetas de regiones no son valorados a pesar de su buena obra?
Falta una verdadera voluntad de comunicación, a nivel institucional, como el problema de la distribución de los libros. El dilema de la promoción y valoración de la poesía es siempre eterno. Quizá falta un acto de solidaridad entre los promotores culturales y los poetas de las distintas regiones. Aunque siempre ha existido y existirá esos micromundos que existen en las grandes ciudades, que se autopromocionan sin tomar en cuenta lo que se hace en otros lugares del mismo país.
– ¿Cuáles son sus libros de cabecera y a los que siempre vuelve?
La obra del siglo de oro español, la literatura francesa del siglo XIX, la generación perdida norteamericana, la literatura rusa, la greco-romana. Ahí están las obras de las que me nutrí desde mi temprana juventud. No puedo olvidar a Rulfo.
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