Arequipa

Kallpaturu, el proyecto que le saca la lengua al cáncer infantil

26 de diciembre de 2017
Kallpaturu, el proyecto que le saca la lengua al cáncer infantil

Las artesanías se venden en redes sociales y el dinero sirve para ayudar a los niños que afrontan su tratamiento contra el cáncer.

Apenas se anuncia en su página de redes sociales que hay toritos nuevos, de inmediato se agotan y se acumulan los pedidos. ¿Pero qué tienen estas artesanías que tanto llaman la atención de quienes apenas los ven, quieren tener uno?
A diferencia de todos los toritos de Pucará, estos tienen la lengua dorada, aquel color que representa a los niños que tienen cáncer.  
Surgieron hacen algún tiempo, cuando Verónica Salas García, estudiante de Ingeniería Industrial de la Universidad San Pablo, tuvo que enfrentar la enfermedad de su niño. Un día, mientras  esperaba  una consulta en el hospital para el tratamiento de su hija, le entregaron un pequeño torito de arcilla y le dijeron que lo pintara, de acuerdo a su creatividad y lo que sentía en esos momentos.
Al principio no le tomó importancia, pero luego decidió hacerlo, como para pasar el tiempo y refrescar su mente. Pintó la lengua de color oro, porque es lo que identifica a los niños que padecen cáncer. Le gustaron los resultados de su decoración y decidió conseguir más.
Al ver tantas necesidades que pasan las madres de  niños con el mal, decidió ponerlos a la venta y todo lo recaudado, donar para aliviar los gastos que demanda el cáncer. Se  contactó con algunas amigas que de inmediato se interesaron en el proyecto y decidieron ayudar.
A través del Facebook publicaron las fotos de los toritos y explicaron la idea y de inmediato surgieron los pedidos.  
Llamaron al proyecto Kallpaturu: “Sácale la lengua al cáncer”. Se trata de una palabra compuesta que en quechua significa fuerza. “Es la fortaleza del toro protector”, explica Verónica, quien vive de cerca el proceso para enfrentar el cáncer de su pequeña hija.                       
“Este proyecto consiste en ayudar a las familias, mediante el pintando de toritos de arcilla, a sobrellevar la enfermedad de sus seres queridos. Al mismo tiempo, la venta de estas artesanías ayuda también a familias de escasos recursos económicos que se encuentran en la misma situación”, explica.  
En los pasillos de la Clínica Angloamericana de San Isidro, Lima, en menos de dos meses Verónica y seis mamás, junto a 7 niños, pintaron más de 60 toritos, y ya han vendido por adelantado más de 100. Los materiales que utilizan son pinceles, mandiles y acrílicos brillantes que no contengan ningún elemento contaminante o tóxico.  
En este corto periodo, Kallpaturu se ha convertido en una asociación sin fines de lucro que, tras la venta de los toritos, espera recaudar una importante suma de dinero para donar a otras familias, principalmente del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN). 
Cada torito tiene un valor simbólico de 25 soles y se vende principalmente mediante la página de Facebook de Kallpaturu, aunque un centro comercial  también  los está apoyando.
Cuando tienen  un torito especial, más grande,  lo subastan y así logran obtener un poco más de ganancias. Verónica egresó en 2010 de la universidad San Pablo y sus conocimientos técnicos y la formación humana que recibió fueron complemento para sacar adelante el proyecto. 
“A veces las ideas son las que salen en los peores momentos. Los valores recibidos, la solidaridad, el querer sacar adelante a las personas que padecen esta enfermedad jugaron un papel importante en el desarrollo de Kallpaturu. Esperamos que más personas se sumen a esta causa”, expresa.
Vero, como la llaman sus amigos, espera replicar el proyecto en otras clínicas y hospitales de la capital y las provincias. Su objetivo es que cada vez más niños con cáncer reciban un tratamiento oportuno y que la falta de recursos no sea impedimento para la lucha contra esta enfermedad que involucra a toda la familia.
 
EL TORITO DE PUCARÁ
El torito de Pucará es una pieza de cerámica característica del distrito de cerámica característica del distrito de Pupusa, en la provincia de Azángaro, del departamento de Puno, y vendido tradicionalmente en la estación de trenes de Pucará. Fue usado en un inicio en las ceremonias de marcación y para la procreación del ganado, protección, felicidad y fertilidad en la vida matrimonial, esta pieza cerámica se ha convertido en un símbolo de la identidad sur andina peruana.
Existe una leyenda que dice que en Pucará, se registraba hace mucho tiempo una sequía prolongada, ya no había agua, se estaban secando los pozos. Entonces cierto día a un campesino indígena se le ocurrió hacer una ofrenda de sacrificio al Dios Pachakamaq, decidió subir al peñón de Pukará, llevando consigo un toro y de esa manera hacer sus peticiones de lluvia.
El toro que llevaba parecía adivinar que algo le pasaría y se resistía subir con su amo. Ya estando arriba, el toro quiso sobarse en el peñón, logró hincar con su cuerno la roca y  asombrosamente brotó agua, tanta agua que el pueblo pudo sobrevivir. La población asombrada por tal milagro admiró mucho más al toro. 
A partir de ese entonces el toro constituyó un elemento ritual, utilizado en la marcación del ganado. Esto provocó la inspiración de artesanos alfareros, que en un inicio fue símbolo de ceremonias, y ahora le atribuyeron poder de protección, por eso es que en este pueblo, todas las viviendas tienen  un torito en el techo.
 
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