Kid Felipe, el boxeador que pasó a la historia del deporte arequipeño

Fue un destacado deportista nacional e incluso llegó a pelear con éxito en Venezuela.
Por: Darío Pariente Guzmán
Dentro y fuera de los cuadriláteros Felipe Morales Delgado, más conocido en el mundo del box como «Kid Felipe», fue un señor de señores, un caballero a carta cabal. Por eso sus amigos, admiradores y aficionados de ayer y de hoy, lo recuerdan con cariño porque, además, obsequió emociones a miles de espectadores arequipeños, peruanos y extranjeros que lo aplaudieron, frenéticos, allí donde exhibió su talento deportivo y donde obtuvo muchísimos triunfos para el deporte mistiano.
Su cuna original fue el travieso barrio de Siete Esquinas, escuela al aire libre donde nació la afición al deporte de los puños en Arequipa. Nacido el 1 de mayo de 1932, Felipe ya adiestraba sus manos para presentarse en los preliminares de las programaciones sabatinas en el Coliseo Municipal Tristán, testigo mudo de grandes jornadas deportivas.
LA ÉPOCA DE ORO
A partir de 1948 asumió la presidencia de la naciente Liga de Box don Raúl Díaz Uré, vecino de la calle Tristán a quien le fascinaba el deporte en todas sus especialidades. Raúl estimuló y apoyó a «Kid Felipe». Desde 1951 empezó a cosechar lauros y medallas, es decir, triunfo sobre triunfo: Título de Campeón Nacional Ligero en Lima, Campeón Sudamericano en Chile, debut y ganador en el esplendoroso Luna Park de Buenos Aires, Argentina y otras tantas jornadas que lo llevaron a la cúspide. En otra final derrotó al famoso mapocho Óscar Viacava. En un interbarrios batió su propio «récord» al combatir y derrotar a sus rivales en todas sus competencias («creo que fue en 1948», dijo).
Hoy recuerda con marcada emoción sus gratísimos momentos indelebles en su hogar de Miraflores, parte baja, donde nos relata una y mil anécdotas y si se trata de contar los «rounds» que ganó, ríe y dice que no alcanzan los números para precisarlos. Se asentó en su nuevo barrio miraflorino hace sesenta años.
Recuerda algunos nombres de boxeadores ilustres como José Corrales e Isaac Tapia Aréstegui. Don Isaac fue catedrático en la Facultad de Educación de la Universidad de San Agustín. Boxeador de polendas, dictaba cátedra ante sus rivales, precisa.
También actuó en el estadio Melgar disputando varios torneos para pesos ligeros, pero su máxima aspiración en esos años fue llegar a Lima. Para la inauguración del Estadio Nacional se construyó allí un cuadrilátero vestido con lona fina donde alternó con Lolo Espinoza, César Frontado, Isisola Arispe Sánchez, entre otros. Su deslumbrante carrera obtuvo una de sus cimas en la ciudad de Caracas, Venezuela, donde en una competencia sudamericana resultó sub-campeón habiéndole derrotado por escasos puntos el cafetalero Justiniano Arias, en la modalidad de ligero. Después se sucedieron más campeonatos nacionales, en uno de los cuales derrotó a Lucho Corrales, el favorito y engreído de entonces.
BUEN AMIGO Y COMPAÑERO
«Kid Morales» siempre lució bigotes pequeños y negros que hacían juego con sus ojos vivaces, también negros que le resaltaban más cuando sonreía luego de un triunfo y ahora mismo al momento de relatar, emocionado, su ejemplar vida deportiva.
Entusiasmado revela que admiró la gran habilidad, destreza, brillantez y técnica del representante de Puente Bolognesi, Hugo Medina. «Tenía una zurda demoledora y hasta peleó con el profesional Raúl Lazo que manejaba mejor la derecha», rememora. Raúl perdió y entró en cólera por haber sido derrotado por un «amateur». Lazo ya era profesional.
En el gimnasio del máximo valor nacional, Mauro Mina, en la ciudad de Lima, en una velada de 1958 peleó con Izisola a quien también derrotó.
Otra de sus marcadas emociones y experiencias las disfrutó en el famosos Luna Park de Buenos Aires, capital de Argentina, donde combatió con Óscar Pita, también en el escalón ligero. Lo derrotó por puntos en el quinto asalto.
DEL CANCHÓN DE BOLOGNESI A TRISTÁN
Sus recuerdos a veces interrumpidos por la emoción del momento, lo conducen a otro capítulo inicial de su carrera, al canchón de sillar del Puente Bolognesi entre 1947 y 1948 donde se trompeaba con otros aspirantes. Al año siguiente se graduó en el pequeño pero ya famoso coliseo Tristán. En este momento menciona a sus contendores Cebo Peláez, Tapia Zúñiga, Justo Salas, Augusto Rondón Lloque, al gran deportista y periodista Alfredo Cateriano y Falceto, Rodano Salas, y otros. Perdieran o ganaran, los boxeadores no percibían ni un centavo por su participación pese a las graderías repletas de aficionados que pagaban sus localidades. Ni siquiera un tazón de mazamorra, una taza de té o café. Tenían que refrescarse adquiriendo bebidas con sus propios peculios. «Pero por sobre todo estaba el honor y la dignidad del deportista», sentenció.
Pero lo que recuerda nítidamente es su primer combate oficial contra Rómulo Azpilcueta -Siete Esquinas versus Ejercicios- un viernes de 1947 en el coliseo Tristán y el último encuentro con Frontado en Lima en 1965 a quien derrotó. En ese tiempo un tal Max Aguirre explotaba a los boxeadores «amateur» y profesionales. En esa contienda Aguirre apostó como ganador al ligero Frontado, su engreído. «No quiero recordar a este personaje que hizo mucho daño al deporte de las cuerdas», expresó.
PRIMERO EL ESTUDIO
La familia del talentoso e inteligente Felipe no quiso que se profesionalizara pese a que entrenaba disciplinadamente, todos los días, de una tres de la tarde en el Coliseo Municipal de Tristán. Estudiaba de noche en el Colegio Independencia Americana y en el día trabajaba en la botica Socorro, propiedad del tío farmacéutico Raúl Herrera Mendoza que le enseñó la nomenclatura de los medicamentos y el mundo de la preparación de fármacos manuales milagrosos. No se quedó allí. Estudió farmacia técnica y se graduó sin contratiempos.
La ejemplar y apasionante vida del deportista no acaba allí. Contrajo matrimonio un mediodía de 1953 con la dama Nury Carpio Manrique, con quien dieron vida a Jorge, José, Lula, Juan Carlos (Quico), Flor de María, Verónica, David, Miriam, María Antonieta y José Luis. Tuvo 28 nietos y 16 biznietos.
EN PESO LIGERO NADIE LE GANÓ
TAMPOCO SUFRIÓ «KNOCK OUT»
Después de tantos triunfos y no haber sufrido jamás un fuera de combate («knock out»), ahora lamenta que ni el gobierno de turno ni los sucesivos jefes del Instituto Peruano del Deporte (IPD) de los últimos quinquenios hayan apoyado la práctica del box.
– En Arequipa ya no tenemos valores nuevos. Raúl Lazo contribuyó a malograr el deporte de los puños por traer elementos que no practicaban el box como una disciplina rigurosa. Frecuentaban cantinas y bares de ínfima categoría, daban vergüenza. Sin embargo vale recordar a Raúl Zúñiga (profesor y abogado), Antonio Torres, Cabezón Núñez, René Silva, Calvo Peláez, al propio Chocolate Torres y otros que por el momento no recuerdo, que me disculpen. La práctica del box requiere inversión, es necesario implementarse con guantes profesionales, vendas, protectores, zapatillas y otros elementos pero sobre todo buena alimentación y educación, charlas, gimnasios de primera categoría, buenos entrenadores, etc.»
Dueño de una lucidez admirable, se declara admirador de Sugar «Ray» Robinson, Joe Louis, la maravilla de maravillas Cassius Clay (Mohamed Alí), Sony Liston (¡Que tal pegada!) y algunos grandes del mundo.
EL BOX ES UN ARTE SIN VICIOS
– El box es un arte, un espectáculo de primer orden, además de la inteligencia, prima el juego de cintura, saber cómo se esquiva, intuir dónde va a disparar el adversario. Todo eso se ha perdido en Arequipa y en nuestro país. Nos ha derrotado el tiempo. Se ha perdido la magia del box. Recuerdo ese combate entre Bombón Coronado y el arequipeño Julio Cerpa, memorable, en el Estadio Nacional, emocionante. Recuerdo también a Pascualito Pérez, Óscar Pita, Kid Gavilán, y otros más. Ya no retornarán esos tiempos triunfales para el deporte de Arequipa.
Para Morales uno de los paradigmas como entrenador y boxeador fue don Ángel Torreblanca. Ofreció clases magistrales de cómo aprender a boxear. Tuvo muchos discípulos en los inolvidables torneos interbarrios.
ESPERAMOS RECONOCIMIENTOS
OFICIALES PARA UN GRAN GLADIADOR
Él sentenciaba que para ser un buen boxeador, no se fuma, no se toma licor, se practica deporte por lo menos tres horas al día, se es disciplinado, austero, no encandilarse con el triunfo, recibir con modestia los galardones. Debe contar con muchos atributos más. Pero sobre todo, ser educado y respetuoso.
Kid Felipe está, desde niño, muy cerca de la cultura, del deporte, de la lectura. Ama a la juventud y tiene esperanzas en su futuro. Aconseja que los muchachos de hoy que sean emprendedores y que estudien mucho sus profesionales.
A pedido de esos miles de aficionados al deporte del «ring» de cuatro perillas, de historiadores, de periodistas y de cuantos lo conocieron y aplaudieron, consideramos que es el momento de otorgarle las distinciones oficiales regionales, municipales y de otras entidades que bien se lo merece, en vida.
¡Cómo no otorgárselas a un gladiador ejemplar!
Leer comentarios