Killary: “Busco que mi música le guste al que viste de sastre y al que usa ojotas”
30 de abril de 2017

La joven cantante de música andina estrenará en junio “Luna arequipeña”, su tercera producción musical. A propósito de su fugaz visita a la Ciudad Blanca, tuvo ocasión de conversar con El Pueblo
Por: Lino Mamani A.
Fotos: Adrián Quicaño P.
Ni siquiera pronunciaba bien la “r” y ya cantaba en un escenario. Tenía cinco años y su padre Iván Catacora le permitía subir a cantar en las presentaciones que realizaba su agrupación en Corire. Ahora Killary brilla con luz propia. Paradójicamente su nombre quecha significa “Luz de luna”. Killary, cantante arequipeña de música andina, quien representó al Perú en el festival Viña del Mar hace tres años, presentará en junio su tercer disco “Luna arequipeña”, un homenaje a la música de la tierra del Misti.
¿Qué recuerdos te trae la canción “Palomita de barro”?
“Palomita de barro” me recuerda mi infancia, esos momentos en que cantaba junto a mi padre y empezaba así, en algunas presentaciones a involucrarme en el canto. Es una canción que tiene mucho de mí, que me identifica.
¿Qué forjó en ti Corire, donde creciste de niña?
Ha hecho que yo me dedique tal vez a la música peruana. Sin desmerecer lo de fuera, creo que el cantar algo más autóctono te hace ver la vida de diferente forma, te hace sentir que estás retribuyendo un poquito. Tal vez la vida te da un don y si tú lo puedes retribuir dándole a tu tierra, ayudando a que la cultura se difunda y no se pierda, te hace sentir plena.
-Precisamente, ¿en qué momento decides pasar de cantante amateur a cantante profesional?
Fue cuando grabo el primer disco (Canto al amanecer, 2008). Le dije a mi padre que quería grabar un disco de la música que nosotros hacíamos siempre, que habíamos escuchado, que estábamos siempre cantando juntos. Ahí conocí a un productor con quien grabamos el disco y se estaba creando una línea musical, que es tan difícil en un músico, era el sendero musical. Así empezó a crecer mi carrera como cantante.
-¿Qué buscas transmitir a través de tu música?
Busco que la gente se enamore más del Perú, que cuando escuche la canción se acuerde de lo que son, de lo que tienen adentro, donde tienes de tus abuelos, de tu mamá, de la gente que te crió. Quiero que la gente se conecte consigo misma, que recuerde esa sopita caliente, cuando escuchaba huayno, el momento más grato y que se vuelva algo cotidiano en tu vida. La idea de hacer música andina peruana nueva es que se reconozca que no está lejano a ella, que no es la música de una fiesta patronal, sino que sea algo cotidiano.
– Viajar a Lima te proporcionó conocer otros géneros musicales, que a diferencia de otros músicos, los asimilaste pero no te absorbieron.
Hay un momento en la adolescencia, ya tirando para adulta, donde empiezas a reconocer la belleza de la música foránea, conocer que la música es del mundo, que es bellísima. Está el rock, el jazz, el soul, el blues, cuando estudiaba música todos hacían lo mismo y yo era la única que cantaba música andina, era el bicho raro y eso hizo decirme que estoy ben, que tengo una base sólida diferente y lo agarré como una herramienta más, porque el músico no solo puede quedarse en algo, sino que yo me pongo a estudiar mucho la música andina.
-¿Cómo balanceas estos géneros?
Hay bastantes fórmulas, hacemos música fusión y lo más importante es reconocer lo más difícil y lo más difícil es lo que tienes en el oído todo el tiempo, lo más difícil es encontrar lo tradicional, la raíz del folclore y es muy complicado. Empieza por reconocer el género andino y encontrar qué instrumento lo enriquece.
-Pasaron cerca de tres años de tu presentación en Viña del Mar (2014) donde la gente te abucheó y te hicieron un boicot. En aquel momento, al término del show, ¿lloraste de impotencia?
¡Uy, sí claro! Fue una experiencia crucial en mi vida personal en aquel momento. Porque fue un momento donde decido si sigo haciendo música o no. Es muy doloroso que se metan con tu música.
¿Qué fue lo más desagradable?
Justo que se metan con tu música, no importa si te griten de todo, importa que se metan con tu don, tu arte, al que tanto te has dedicado desde los cinco años. ¿Por qué existe tanta maldad? Ahí entiendes que hay que seguir luchando.
-¿Cómo hiciste para no caer en la frustración?
Fue una introspección, fue un momento en que decido analizar lo que sucede y ver que todos los obstáculos o cosas negativas que pueden suceder, sirven para seguir adelante y seguir armando tu camino correcto. Lo más bonito de un ser humano es la paciencia, lo que es en el fondo. Ahora gracias a Viña, empiezo otro renacer musical.
-¿Anhelas la revancha?
No, son etapas y no iría a un festival así, porque es amenazador en todos los sentidos. Creo que la música no está para eso, el arte no está para una competencia, porque es imposible, todas (las músicas) tienen una belleza.
– A través de tu música rompes el cliché de que hay música clasista, que se escucha en algunos lugares y otras no.
Creo que la música juega muchos papeles referente a las clases sociales, lo que trato de hacer es que le guste a todo el mundo, que le guste a la persona que solo viste de sastre y la que está con ojotas en la sierra. La música en el fondo es sentir, reír, espero que no existan las clases sociales musicales y que mi música no se forme en un sector.
-“Luna arequipeña” es tu tercer disco que estás próxima a presentar con canciones arequipeñas ¿Es un ajuste de cuentas con tu ciudad o una suerte de reencuentro?
Lo tomo por los dos lados, porque llegó un momento, en que por razones del destino, encontré en los yaravíes y pampeñas un amor muy grande. Mi abuelo materno cantaba yaravíes, hay un disco cantando con mi abuela, fue muy emocionante saber que no solo por parte de padre tenía lo de ser músico. Es lindo saber que hay una raíz musical importante en Arequipa. Fue después del 2014 (del festival) cuando me dije que quería entregar a Arequipa un disco de música nueva arequipeña. Sí, es un ajuste de cuentas porque se lo debo a Arequipa y un reencuentro porque es volver a esta tierra.
-¿Cómo salvas la música arequipeña?
Tengo mucha suerte de encontrarme con gente nueva. Conocí a Juan Guillermo Carpio con quien aprendí a conocer más lo arequipeño, hace unos años conocí a Pedro Rodríguez a quien lo invité como productor musical, siendo un conocedor le dije que quería cantar música arequipeña y tras conocer (la música) empezamos a innovar. Siento que este trabajo fue diario y de esa base parte decirle: Arequipa te entrego tus armonías pero a un estilo nuevo. Tiene un renacer musical.
-¿Es el que más trabajo te costó?
Es que todos son mis engreídos. Me costó mucho trabajo porque llevé a Pedro a Lima, llevar músicos arequipeños a Lima, fue difícil trabajar a distancia, pero es uno de los discos donde siento que soy otra, por tener tanta carga emotiva. “Luna arequipeña” tiene mucho trabajo, espero que el disco me traiga a vivir acá por un tiempo.
– ¿Qué queda de Killary al terminar un concierto?
Hace poco hubo los 100 años de Mariano Melgar, bajé de ese escenario con la sensación de hacer algo más. Siempre bajas y dices ¿qué viene?
-¿Qué espera Killary al inicio de un concierto?
Que te pongas a bailar, el contacto con el público es muy importante en un concierto. No me gusta que apaguen las luces, espero que llores, rías, cantes, grites, te emociones tanto como es la adrenalina de un concierto, es un enamoramiento mutuo.
– Te daré algunos nombres de personas y lugares y me dirás lo primero que se te viene a la mente:
-La docencia.
Luis Dunker Lavalle. Aprendí a tocar piano y soy profesora de música;
-Arequipa.
Mi vida, mi tierra con el olorcito a tierra mojada;
-Majes.
Mi niñez, si no hubiera vivido en Majes tal vez hubiera cantado jazz.
-Lima.
Aprendizaje y sigo aprendiendo;
-El Perú.
¡Amor, amo el Perú!
-Viña del Mar.
Retos, fue un reto
-Folclore.
Mucho respeto.
-Mercedes Sosa.
Es una de mis cantantes favoritas, es un gracias a la vida
-Sila Illanes.
Una voz potente
-El grupo Siembra.
Ahí fui la mascota del grupo de mi papá, yo cantaba dos canciones solamente.
-Iván Catacora.
Mi mayor profesor de todo, papá es papá.
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