Arequipa

La acuarela impredecible de Willy Nava

16 de abril de 2017
La acuarela impredecible de Willy Nava
El pintor arequipeño es un hombre de contradicciones. Irse a los opuestos y nunca encasillarse fue siempre el rasgo de su personalidad y obra. Está de vuelta en la Ciudad Blanca para una exposición de sus mejores lienzos
 
Por: Lino Mamani A.
Foto: Jorge Esquivel Z.
 
Willy Nava plasma en su vida su mejor cuadro: la impredecibilidad. Un hombre que buscó su libertad, pero que se casó dos veces. Ama su tierra desde Miami. Acuarelista que no se encasilla en el realismo ni en lo abstracto. SI Willy Nava escogería un color, sería el del arcoíris.
“Uno es travieso con la pintura”, estampa una frase como quien no quiere la cosa, como haciendo un boceto.
Las “travesuras” del acuarelista arequipeño iniciaron en el colegio y se condensaron a los 19 años en el café Mónaco. El punto de encuentro que quedaba en la calle Mercaderes, que aquel 1951 se convertiría es su primera galería. Entre cafés cargados y cucharadas de azúcar, se exponía por primera vez una colección de rostros de payasos en acuarela. ¿Payasos? ¿Quién pinta payasos? Willy Nava.
La inspiración le vino en retrospectiva. Siete años antes se escapó del colegio y junto a un amigo fugaron a Tacna en busca de un trabajo. Y lo encontraron como limpiadores de un circo. Bajo la carpa se fijó en una pareja de esposos que siempre discutían y sus caras eran adustas. Pero, a la hora de la función, el varón se maquillaba de gracia, saliendo a hacer reír al público. Todos tenemos algo de esos payasos, vivimos ocultando problemas.
Sus manos trazaron más de mil personas graciosas con expresiones distintas, hasta que se cansó de ellos y decidió variar. Pasó a los paisajes realistas de su tierra –andinos y urbanos– a la pintura abstracta, quitando las formas y quedándose con los colores, pero Willy Nava tiene una fijación con los sentimientos que reflejan los rostros. Cuellos largos, caras redondas y ojos grandes que delatan su sensibilidad al momento de coger un pincel y su paleta. 
Es el expresionismo figurativo. Su inspiración es lo cotidiano. Una dama cargando a sus hijos, una pareja detrás de una guitarra, un vagabundo de New Orleans con un pucho en la boca, tres jovencitas, un niño, caras y más caras –máscaras también–. Nava, el impredecible, tiene 82 años y sigue pintando lo que le plazca.
“No soy esclavo de los estilos. Mi estilo es solo pintura y agua”, nos dice.
El psicólogo clínico, José Dergan, conoció a Willy Nava en un restaurante de comida peruana en Miami, resaltó la obra del acuarelista desde su especialidad.
“Al analizar psicológicamente las vicisitudes de su expresión pictórica a dos relieves, notamos una contradicción perenne entre el apego a lo tradicional, a nivel costumbrismo, y su opuesto, es decir, el aspecto caótico, desorganizado y vivencial”.
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El artista arequipeño solo duerme cinco horas. Tres menos que el común de ciudadanos. Lo aprendió del historiador y diplomático Luis Alayza y Paz Soldán, quien le dijo que si quería triunfar debía ganarle tiempo a su vida. Así, decidió delinear su rutina más temprano para pintar. Decisión clave en su carrera como cuando de joven se pintó para Lima.
Willy Nava, el joven, quiso no hacerle caso a su talento y estudió Ciencias Premédicas. Y lo dejó. Luego, hizo caso a su talento y estudió en la escuela de bellas artes Carlos Baca Flor. Y también lo dejó. Quería sentirse libre, pero el sentimiento de libertad a la que alegaba era un decir. Estaba casado y tenía tres hijos. Pero también dejó Arequipa por la Capital.
El acuarelista quien ya tenía unos logros en el arte, trabajó como escenógrafo en Panamericana televisión hasta que un viaje de vacaciones a Venezuela marcaría su destino. El paseo le duró 20 años. En el país llanero profundizó su talento y la inspiración le vino encima, con las bellas damas, con los paisajes costumbristas, siendo sus años de oro. Allí se consagró. Cuando más quería su libertad, se volvió a casar con una periodista boliviana, Delma Berbetti. En 1995 partió a Estados Unidos, donde radica y de rato en rato vuelve a su tierra, para visitar a la familia y realizar exposiciones. Como lo hará este martes en el Colegio de Arquitectos. “Del realismo al abstracto”. Una muestra de su mejor obra.
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Willy Nava Benavente proviene de una familia de artistas. Su tío fue el poeta puneño Dante Nava; Alfredo Nava, otro tío, fue tenor y cantó en el prestigioso conservatorio de Montreal; Ronald su hermano es pintor; Arturo, su hijo, canta. Su padre Héctor fue poeta aficionado y doña Juana, su madre, tocaba guitarra.
La pintura era su sustento y la bohemia su aliciente. Como los antiguos artistas del siglo XX. Sus amigos de copas por lo general eran literatos. Compartió tragos con poetas como el chileno Pablo Neruda a quien recuerda recitando el poema “A Machu Picchu” tras varios vasos de alcohol, el autor brasileño Jorge Amado, el arequipeño Guillermo Mercado y el escritor Ciro Alegría. 
Le hizo caricaturas a Richard Nixon, ex presidente de Estados Unidos; al millonario David Rockefeller o a Henrique Capriles, el hombre que suscita la esperanza en Venezuela. Pintó en la un mural de nueve por tres metros de una cena romana para un restaurante y otro de cuatro metros para la boutique caraqueña Nino Carbone. Le vino la fama, amigos, trabajo y dinero. Sus obras están por diversos países de Europa y América.
–¿Hay alguna obra que nunca vendería?– le pregunto. 
–¡Mi autorretrato, porque esa no la comprarían nunca!–bromea como si asumiría el rol de uno de los payasos que suele pintar en acuarelas.
Sí existe un lienzo que nunca le pondría un precio. Es el que hizo en honor a su padre. Pinceleó a don Héctor en su urna fúnebre, fue la obra más dolida y difícil. Su padre fue importante en su carrera, quien le regaló sus primeras pinturas y lo alentó a seguir en el arte pese a que su madre le decía que se moriría de hambre. Don Héctor lo entendía porque también quiso ser poeta y se reflejaba en él. Fue el único hombre que estaba seguro que su hijo triunfaría. Willy, el impredecible, solo fue predecible para su padre.
 
DATO
La inauguración de la exhibición de acuarelas de Willy Nava “Del realismo al abstracto”, será a las 19:00 horas en el local del Colegio de Arquitectos (calle Bolívar Nº 207).
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