Arequipa

La algarabía arequipeña cuando Perú fue al último Mundial en 1982

10 de octubre de 2017
La algarabía arequipeña cuando Perú fue al último Mundial en 1982

Hoy la Selección Peruana juega con el corazón en la mano de 30 millones de peruanos, como cuando lo hizo hace 36 años. Aquella ocasión la celebración fue especial. Niños llegaron de Mollendo por su equipo rojiblanco y hasta el alcalde Villalobos se bañó en la pileta al ritmo del carnaval.

Por: Lino Mamani A.
 
Salía Perú a la cancha. La gente se reunía alrededor de los televisores a blanco y negro cuya señal no era en HD. El resto seguía la transmisión por radio. Todos con la expectativa a flote. Uruguay era el rival a vencer aquella tarde del domingo 06 de setiembre de 1981. El equipo peruano necesitaba un punto y conseguía la gloria: clasificar al Mundial España 82.
En los puestos de periódicos de la Ciudad Blanca se leía “Ahora o nunca”, titular del diario Correo en su edición dominical. Por la mañana, exactamente a las 10:40 horas, un grupo de 53 alumnos del colegio Nuestra Señora de Guadalupe viajaron desde Mollendo hasta la Plaza Mayor de Arequipa con el afán de hinchas.
Los escolares salieron el viernes haciendo una “marcha de aliento” a la Selección Peruana. Fueron 123 kilómetros recorridos en homenaje a los jugadores peruanos, mencionará después diario El Pueblo en su edición del 07 de setiembre de hace 36 años.  
El estadio Nacional de Lima era el templo verde. Los gladiadores estaban liderados por Héctor Chumpitaz, el eterno Capitán de América quien iba a jugar su último partido por la Selección, luego de anunciar su retiro. También figuraba el mollendino Juan Carlos Oblitas, entonces elogiado por su velocidad y regate. Oblitas ahora es director deportivo de la Selección Peruana que hoy se juega la clasificación a Rusia 2018.  Guillermo La Rosa, Gerónimo Barbadillo y Julio César Uribe, también formaban parte de ese equipo que fue el último en salir en los conocidos álbumes Panini. 
Ser uno de los 45 mil testigos en el estadio era casi imposible. La reventa ya obstruía el deporte  a la viva imagen y semejanza que ahora. Las entradas preferenciales en la calle costaban S/ 120 mil  y S/ 54 mil en esa época las populares, advertía El Pueblo.  
Ante los charrúas solo se necesitaba un empate y Perú clasificaba. El presidente Belaúnde se resistió a dar un score del partido. “No hago profecías. Si las hiciera me serviría de mucho en Palacio”, decía horas antes. El resultado fue empate a cero, desatando la algarabía en el país y en Arequipa no fue la excepción.
 
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Luego del pitazo final, los arequipeños se descontrolaron. Salieron de sus centros laborales o viviendas y llegaron a la Plaza Mayor, el lugar donde se concentraron. Niños, varones y damas arribaban como podían. A pie o en autos, que eran estacionados cuadras abajo porque el recinto estaba cerrado por la multitud.
Lloraban. Se abrazaban. Reían. Dos muchachos subieron a la pileta del Tuturutu, siendo una estampa retratada por este diario. “Perú Campeón, Perú Campeón, es el grito que repite la afición”, cantaban los arequipeños, al son de la banda de músicos de la Tercera Región Militar que llegó a la plaza para tocar la conocida polka.
Bailaban. Reían. Celebraban. El prefecto Javier Velásquez Ureta y el alcalde de Arequipa, José Villalobos, se unieron a la fiesta. Ambos con camisetas de la Selección se metieron a la pileta y ensayaron unos pasos de carnaval arequipeño en medio del agua. El festejo del burgomaestre le costaría al día siguiente serias críticas del Concejo Municipal, según publicaron los diarios porque se dedicó a “jugar carnavales”. No hubo desmanes ni hechos de consideración, algunos ebrios en las calles y sorprendentemente, los accidentes de tránsito se había reducido según informaba la Policía.
En la edición del lunes 07, El Pueblo, dirigido por Pedro Morales Blandet, titularía “Perú dando una lección de fútbol a los maestros de ayer que se defendieron con rudeza, se clasificó para España 82”. En el desarrollo de la portada, escribiría lo siguiente “Mayor fue la manifestación callejera con el primer triunfo ante Montevideo, que virtualmente aseguró la clasificación que ya se esperaba”. Mientras que Correo abrió con la frase “¡Ahora a España 82! (Uruguay a su casa)”. 
 
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Los días siguientes no se dejó de hablar de la Selección Peruana ni de Uruguay, que reclamaba por un supuesto favorecimiento en el arbitraje. El alcalde Villalobos ratificaba a la prensa su compromiso de otorgarle la medalla de oro de la ciudad a todo el equipo y cuerpo técnico, por tal hazaña. Así lo había hecho saber directamente al técnico Elba de Padua Lima, conocido simplemente como «Tim».
También se hablaba de la promesa que hizo la esposa de «Tim», Tomoris de Padua. La dama había permanecido durante 17 días en la Ciudad Blanca junto con el equipo nacional que eligió Arequipa para la aclimatación con miras al encuentro que sostendrían con Colombia. 
Tomoris, cristiana, acudió a la iglesia y ante la imagen de la Virgen de Santa Marta, encomendó a los jugadores para que les vaya bien en la clasificatoria que se disputaba en un grupo junto a Colombia y Uruguay. Tras cumplirse la clasificación, ratificó su compromiso de retornar a agradecer a la sagrada imagen.
Así fue la celebración en Arequipa cuando Perú clasificó a su cuarto mundial, aquel domingo de setiembre. Un día antes el FBC Melgar había caído por dos goles ante el Sportivo Huracán. Irónicamente, no pasaría mucho tiempo para que en la Plaza Mayor, los arequipeños nuevamente se congregaran. Esta vez para celebrar el primer campeonato del equipo rojinegro, pero esa es otra historia. Hoy la plaza se pintará de rojiblanco y nuevamente se cantará “Perú campeón, Perú campeón, es el grito que repite la afición”. 
 
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