Arequipa

La dama de las joyas del volcán

26 de marzo de 2017
La dama de las joyas del volcán
La vulcanóloga Luisa Macedo Franco convierte la lava en alhajas para demostrar que una erupción no siempre es una desgracia, sino una oportunidad. ¿Por qué algunas piedras las pateamos y otras las colocamos en el cuello?

Por: Lino Mamani A.

Una roca que pudo matarla ahora es su amuleto. Abril de 2014. Moquegua. Un equipo de especialistas del Ingemmet subió al volcán Ubinas para tomar muestras de las explosiones. La vulcanóloga  Luisa Macedo Franco estaba en el equipo y tenía el presentimiento de que algo malo iba a pasar. Retornaron al pueblo por seguridad –aunque más fue por su insistencia-. La geóloga no quiso subir al día siguiente, pero sus compañeros le contarían que en el lugar donde estacionaron la camioneta el día anterior, una enorme roca había caído. El forado de tres metros de diámetro era la evidencia. Macedo se sorprendió  y dijo: “¡Gracias Señor!”
Tan solo una piedra del tamaño de un meñique puede ser letal a la velocidad que va lanzada desde el fondo del volcán. El de aquella vez era del porte de una tina. Su velocidad es mayor a la de una bala. Por eso la especialista alega su salvación a un mensaje divino.
Entonces, ingeniosa y sacándole el lado bueno, decidió cortar esa lava solidificada para que le den forma geométrica. Le puso incrustaciones de plata y ahora cuelga de su cuello como un collar. Doblegó así a su verdugo.
“En ese momento hubiéramos muerto, algo me anunció, me sacó del área y no pasó nada. Entonces, dije bueno es mi protección y lo llevo. Me da muchísima suerte”, cuenta ahora mientras toca el collar salvador.
Así la geóloga de 48 años, la única mujer de cuatro hermanos, la madre de tres hijas, se convirtió en la dama de las joyas del volcán. Cada vez que iba a capacitaciones en Chile, España, Costa Rica, Japón u otros países, sus colegas vulcanólogos le pedían que también les haga uno igual. Así  creó “Lava love” un emprendimiento para mostrarle a las personas que viven cerca del volcán a ver diferente. Así, la naturaleza te da esas piedras para que las moldees y puedas generar desarrollo. Mientras se explota al hombre para sacar oro de los cerros, los volcanes te regalan la materia prima desde adentro.


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Las rocas volcánicas no son cualquier piedra que pateamos en la calle. Según los expertos en el significado de las piedras, las lavas mejoran la suerte por su pureza porque son limpias, la manifestación más pura del planeta. Pero, según la geología, las lavas pueden expresar cuán activo está el volcán. El amuleto de Macedo era del Ubinas, uno que ya estaba en estado de disminuir la explosión.
Toda roca volcánica es materia prima para pulir, darle forma y convertirla en collares, aretes, llaveros u otros. Los del Sabancaya se diferencian a los del Ubinas y de Singapur, que también los manda a traer. La suerte no se vende, pero las alhajas sí.
El interés de este emprendimiento no fue económico, sino demostrar con el ejemplo. Sacarle el lado positivo lejos de lamentarse por las explosiones. Cuando empezó a explosionar el Ubinas, los pobladores atemorizados vivían en zozobra. Vendieron cuyes a un sol y vacas a 200 soles, para no perderlos. Los especialistas del Ingemmet trataron de explicarles que guarden la calma, que la emergencia pasaría. Empezaron a decirles que aprovechen la situación para abrir hoteles y restaurantes, vender suvenires con la imagen del volcán, para que ellos sepan que sí pueden hacer un negocio de ello y generar desarrollo en su sector.
-La gente tiene que salir adelante, no puede seguir esperando que papá gobierno les dé todo. El asistencialismos embrutece y hace daño a la gente. El Estado no tiene por qué ser papá Noel –sostiene la geóloga.
Costa Rica tiene un pueblo que en sus inicios se llamó El Burío que es un claro ejemplo. La población se dedicaba a la agricultura, hasta que un empresario llegó a la zona y construyó un hotel para los turistas que querían ver el proceso eruptivo del volcán Arenal. De a pocos se convirtió en una zona turística y el pueblo pasó a llamarse La Fortuna. Una noche en hotel puede valer mil 500 dólares y 100 dólares solo un masaje de manos. Es un punto de visita obligado.  Lo mismo ocurre en Japón, Chile, donde resaltan que sus productos agrícolas fueron cosechados bajo cenizas volcánicas, que fortalece los campos para cultivos orgánicos (no se usan pesticidas), hay turistas que van tan solo para bañarse en ceniza, para ver cómo salen fumarolas de los cráteres. En Italia desenterraron la ciudad de Pompeya que quedó sepultada tras la erupción del monte Vesubio, para atraer millones de turistas anuales en un museo. Pero en el Perú cerca de un volcán solo hay miseria.

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La dama de las  joyas del volcán siempre  admiraba los volcanes. De pequeña, alzaba la mirada  hacia el cráter y reflexionaba sobre su explosión y el daño que provocaría. En su retina se quedó grabada la desgracia ocurrida con la erupción del Nevado del Ruiz (1895), donde más de 25 mil colombianos fallecieron tras cuatro lahares. La muerte que más le impactó fue el de Omaira Sánchez, la niña que durante tres días estuvo viva con medio cuerpo bajo el agua y sobre los cuerpos de sus familiares muertos. No quería que esto se repitiera en Arequipa, cuya población está cerca del Misti. Quería salvar vidas, pero no del lado de la medicina como su padre quiso, sino de la geología, que estaba más cerca a la vulcanología.
No le teme a los volcanes, los respeta. Su primer ascenso fue romper taras. Cuando en los noventa postuló al concurso para hacer el mapa de peligros del Misti en la Universidad Nacional de San Agustín (Unsa), su alma mater, le dijeron que no lo lograría por ser mujer. Pero se hizo del puesto y realizó el trabajo con creses. Años después, esas personas confesaron admiración hacia ella por todo lo logrado.
Fue la primera vez que se realizaba ese estudio. Luego laboró como docente y la llamaron para el Ingemmet para realizar más técnicamente y ampliar el mapa de peligros del volcán arequipeño, más hermoso del país y más peligroso.
Luisa Macedo Franco disfruta de su trabajo. De sortear los riesgos. De subir a los volcanes cuando la prudencia dice que se alejen. Ascendió cuando estuvo embarazada, se ganó una hernia que le extirparon de la columna, pero le gusta su profesión.
-El día en que tu trabajo sea un trabajo te fregaste –dice Macedo sonriente y segura mientras el amuleto de lava resalta.
Para cuando en una decena de años deje de ejercer su profesión, la vulcanóloga se ve haciendo conferencias sobre cómo afrontar los fenómenos de la naturaleza. Por supuesto, que también, seguir sacando a flote sus ideas, como cuando los volcanes expulsan el magma para convertirlos en lava, lava que seguramente serán joyas de alta calidad.
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