La fuerza de la mujer que impulsó el desarrollo de pueblos jóvenes
11 de marzo de 2018

En el Día Internacional de la Mujer se acerca a la mesa una joven venezolana vendiendo rosas y tras ella un niño de unos cinco años de edad, buscando subsistir en un país que muchas veces les es adverso. Esta misma historia se repite a lo largo de los años y probablemente sea la misma que aquella que vivieron hace más de 30 años mujeres peruanas que llegaron de otras partes del país, buscando sacar adelante a sus familias.
Por: Roxana Ortiz A.
La mujer difícilmente se da por vencida, algunas veces de por medio tiene que estar la necesidad de alimentar y sacar adelante a sus hijos y algunas otras, alguien que les abra los ojos a la realidad que están viviendo.
En el primer gobierno de Alan García la situación se volvió crítica para los peruanos en general, los alimentos escasearon o si los había, eran demasiado caros; mucha gente comenzó a abandonar los campos y migrar a las ciudades para tratar de sobrevivir. Los pueblos jóvenes comenzaron a poblarse de jóvenes, hombres y mujeres que buscaban un mejor futuro, muchos de ellos ya habían constituido un hogar.
Se instalaron por los alrededores de la ciudad, y uno de los preferidos fue el distrito de Paucarpata; pero al igual que los venezolanos que llegan buscando una oportunidad, para muchos les fue muy difícil y las mujeres no eran ajenas a esa realidad, más aún cuando no había con qué alimentar a la familia. Preparaban alimentos que salían a vender a la calle, trabajaban en casas ajenas, cuidaban los hijos de otros, lavaban ropa y todo lo que les pudiera generar algún ingreso económico.
Nadie vive de amor y aunque los románticos se empeñen en negarlo, el dinero es vital para sacar a una familia adelante y cuando éste escasea, la violencia campea. Hasta la actualidad, aunque la violencia es generalizada, los mayores índices de afectados, están en las zonas alejadas de la ciudad. El maltrato físico era algo natural y lo normal era que el hombre tuviera sometidos a esposa e hijos; hecho que ya ha cambiado por completo.
“Al principio eran como animalitos temerosos, solo aceptaban lo que su pareja les imponía, eran golpeadas, maltratadas; ahora las cosas son diferentes, ahora no solo no dejan que nadie las maltrate ni les levante la mano, ahora ellas son capaces de aconsejar a otras mujeres sobre lo que hacer y a dónde ir cuando se encuentran con un caso de violencia”, dice Esperanza Medina, directora del Instituto Crece.
Ruth Oblitas llegó a las pampas de Paucarpata con un hijo en brazos, instaló su vivienda junto a otras mujeres en igual situación. Hacían lo que podían para generar recursos y sacar adelante su familia. El caso fue similar para Olinda Deza, Valeriana Jiménez o Valeriana Calachúa. La situación era muy difícil pero contaban con el acompañamiento espiritual del padre Guido Zegarra de la Orden Franciscana que constantemente las estaba apoyando.
Se comenzaron a organizar por grupos y así lograban conseguir dinero, con el que formaron las llamadas “tiendas comunales”, en donde ellas iban a comprar las cosas por mayor para obtener un buen precio y luego en las tiendas, vendían los productos para las personas del barrio sin incremento.
Con el dinero en mano para ir a abastecer las tiendas, las agarró el famoso paquetazo del gobierno de Alberto Fujimori, aquel que en campaña juró y perjuró que no lo iba a hacer y así logró derrotar políticamente a Mario Vargas Llosa, a quien lo acusó de querer destruir el país. El dinero que tenían en mano no alcanzó para nada y las tiendas quebraron y de ahí comenzó el asistencialismo a través de los comedores populares, pero además pasaron a estar completamente sometidas al partido de gobierno que las utilizaba con fines subalternos.
Surgió por entonces la organización Adra Ofasa, que proporcionaba apoyo a las zonas más pobres pero a cambio que se organizaran para capacitarlas en diversos oficios, es así que se ponen de acuerdo y forman la Asociación de Organizaciones de Mujeres de Arequipa (ASOMA), lo cual también les trajo algunas desventajas, porque al ser una organización privada, ya no recibían el apoyo de ninguna institución del Estado.
Nuevamente recurren a su asesor espiritual y consiguen hacerse un préstamo de 2 mil soles y comprar el terreno que ahora ocupan. En cuadrillas se organizaban para trabajar en diversas obras y parte de lo que conseguían servía para pagar el préstamo y también para ir levantando el local, en donde ellas mismas participaron en la construcción.
Allí lograron capacitar a decenas de mujeres en corte y confección, panadería, entre otros oficios, con que instalaron sus propios negocios. Aún tienen el local, lo han ampliado y parte del mismo lo han prestado para que funcione una cuna para que los niños de las mujeres del sector puedan ser cuidados mientras trabajan.
Tienen una panadería, con horno a leña, donde hacían sus primeros panes con leña que buscaban de los cerros, luego lograron la donación de un horno eléctrico con el que elaboraron pan, pasteles y hasta panetones de muy buena calidad; el problema es la falta de una cadena de distribución de los alimentos con la cual no cuenta, además de la dura competencia que hay por el lugar. A ello se suma que el local ha sido afectado por las lluvias y tiene filtraciones, por lo que desde diciembre no pueden producir.
“Estas mujeres son valiosas, no solo han sacado adelante a sus hogares, sino también han ayudado a otras mujeres, porque en el local que han construido, reciben charlas a cargo de diversos profesionales que han logrado mejorar su calidad de vida. Este sábado tenemos la segunda charla sobre corrupción y han salido tan motivadas de la primera, que han decidido salir en marcha por el distrito, manifestando su rechazo a este tipo de actos”, indicó la ingeniera Esperanza Medina, uno de los motores principales para que el cambio en este grupo de mujeres se concretice.
“Ahora saben cómo se inicia la corrupción, saben que si no corrigen un pequeño mal comportamiento en sus hijos, en el futuro pueden cometer delitos, saben lo que es bueno y lo que es malo”, añadió.
ASOMA desde hace muchos años se ha convertido en un referente de las mujeres, agrupa a unas 500 integrantes, aunque activas son unas 200. Ellas son las que deciden quiénes son los candidatos de la juventud. No hay postulante a la alcaldía que no se reúna con ellas para presentarles sus propuestas.
Ahora están buscando apoyo para mejorar las instalaciones de su local, también reciben el apoyo de los profesionales de la panadería de la Universidad Nacional de San Agustín, quienes las capacitan en el mejoramiento de sus técnicas para la elaboración de sus productos.
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