Arequipa

“La Tarumba” un circo con madre arequipeña

4 de noviembre de 2018

La Tarumba tiene raíces arequipeñas. Estela Paredes, “la madre” de uno de los mejores circos del país, nació en la Ciudad Blanca. La directora de Gestión y Desarrollo del exitoso circo – teatro vivió su infancia en el distrito de Miraflores, en la calle José Gálvez, en ese tiempo estudió danza hasta que años después siguió la carrera de Administración en Estados Unidos, en la Alverson Bussiness College, para luego formarse en artes escénicas dentro y fuera del Perú.

Este año la arequipeña trajo a la ciudad junto con su esposo y fundador de La Tarumba, Fernando Zevallos, el espectáculo “Ilusión”. Una puesta en escena dirigida a revivir la infancia, a soñar y creer en la magia del circo.
Los artistas, que vendrían a ser los hijos de Paredes y Zevallos, dentro de una carpa encandilan, encantan y convierten a los adultos en niños y a los niños en artistas.

Entre ese grupo de hombres y mujeres sorprendentes se cuenta a Geovanni Alfredo Aguilar Paredes, un joven de 26 años de edad, malabarista, nacido en México, pero enamorado de la cultura peruana y de su gente. El egresado de Artes Escénicas y Circenses Contemporáneas, en la Universidad Mesoamericana de la ciudad de Puebla, forma parte de la familia de La Tarumba. Y, aunque no se formó en la escuela de La Tarumba, hoy como dicen la mayoría de los artistas aprende mucho más de un circo, que por particularidad tiene volver mejores a los mejores.

El artista con el número “Percha de rebote”, una presentación basada en paragüeros adicionados a una vara, hace rebotar una pelota. Aguilar, en el número dos de “Ilusión”, es el comienzo de la historia que trae La Tarumba, un niño que va al circo y que desea convertirse en artista.

Hijo de un químico farmacobiólogo, Alfredo Aguilar, representa y trata de transmitir al público lo que él vivió cuando fue la primera vez al circo.

“Ver a un ser humano traspasar sus límites es increíble y más cuando eres niño, yo consideré y aun cuando estaba en la universidad que esos artistas eran como semidioses, pasando de lo natural a lo sobrenatural. La Tarumba es una ilusión viva, una familia que transmite la esencia de un circo, creer en la magia y rescatar su cultura porque La Tarumba es mucho de todo el país”, dijo.

El artista les dice a los niños “que se dejen envolver por la ilusión y a los padres que vayan a esta puesta en escena porque volverán a ser niños”.

Otro artista es Ángel Vivas, un venezolano especializado en el antípodismo o arte de los malabares con los pies. Procedente de una familia circense, quinta generación, creció y aprendió el arte a través de su abuela en el circo “Ayala hermanos”. A la familia de La Tarumba llegó a través de la invitación de Julio Revolledo, un historiador de circo y manager que recomendó a Zevallos a Vivas. El artista aunque baila relativamente bien, pero no con mucha experticia, en sus actos de malabarismo los ejecuta con finura, sencillez y elegancia. El antípoda, moviendo sus pies en el aire mueve objetos como si fueran sus propias manos.

“Aunque La Tarumba tiene su escuela, estar aquí y ser parte del espectáculo es como estar en una escuela porque se sigue aprendiendo, música, matiz, arte, cultura, peruanidad, se aprende en cada temporada, en cada acto, es por eso que este circo es distinto a todos, tanto que hasta aprendí a bailar a ritmo de cajón”, dice Ángel.

El artista tiene el tercer número del segundo acto de “ilusión” y en su presentación como cuando era niño, trata de que las personas, niños, jóvenes y adultos, se enamoren del Circo, tal cual como lo hizo él en su infancia.
“Ilusión, la historia de un niño que va al circo con su abuelo, es un espectáculo, una puesta en escena que estamos seguros enamorará y hará revivir aquellos instantes de niñez de los adultos y hará en los niños creer en el valor de la perseverancia”, indicó el artista.

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