La voz inconfundible de la radio
4 de marzo de 2018

Una historia de vocación. Desde pequeño aprendió a narrar, para luego trabajar en radio.
Por Roxana Ortiz
Fotos: Jorge Esquivel Z.
Cuando niños se reunían los amigos en el callejón Ibáñez, el que está a un costado de Plaza Vea, para jugar fútbol, en los terrenos de cultivo que había en ese entonces, y mientras sus patas hacían sus mejores jugadas, Percy Gallegos Fuentes les hacía la narración, cual partido de mundial. A los 14 años comenzó a trabajar en la radio, primero como operador y luego como locutor y ahora es uno de los más experimentados de Arequipa y aún se mantiene vigente, además de poseer una de las discotecas más completas de la ciudad, que ni él mismo sabe cuántos discos la integran.
Le llamaba mucho la atención el mundo de la radio. Tenía un amigo que en esos tiempos era controlador del locutor Guido Díaz Rivera, en radio Arequipa, de quien decían no tenía el mejor genio del mundo. Constantemente acompañaba al amigo a las cabinas.
Los locutores tenían un guión para mencionar las publicidades de los auspiciadores. Cuando ya no lo utilizaban, se los guardaba y luego en la casa, practicaba la narración. “Cuando iba por la calle Mercaderes y veía algún anuncio, como el de La Uruguaya, comenzaba a idear un eslogan y lo narraba en voz alta. Así hacía con todas las marcas que se le cruzaban en el camino.
Un día fue a la radio para encontrarse con el amigo, pero este no llegaba, mientras el locutor comenzaba a desesperarse porque estaba a pocos minutos de iniciar su programa.
“¿Sabes cómo manejar la consola?”, le dijo y se atrevió a decir que sí, porque había visto a su amigo hacerlo. Se sentó y con las indicaciones que le daba el experimentado locutor siguió adelante. Cuando llegó el amigo tardón, se paró para cederle el asiento, pero Díaz Rivera le ordenó que continuara y desde ahí nada le quitaría la pasión por la radio.
En poco tiempo consiguió ser controlador de algunos programas, pero también locutor y los celos no se hicieron esperar. Un día, por mala suerte, rompió uno de los discos de vinilo que eran propiedad de unos de los locutores y este quedó bastante disgustado. Poco tiempo después lo llamaron al despacho del dueño de la radio, porque el locutor lo había acusado de la desaparición de sus pertenencias luego que lo encontrara en su cabina, la que solo utilizó para hacer sus tareas del colegio. Le dijeron que lo iban a suspender por una semana, además del descuento correspondiente.
Llegó a casa hecho un mar de lágrimas, ofendido por la falsa acusación y fue su madre quien lo consoló y le aconsejó que presente su carta de renuncia. Lo pensó mucho porque le encantaba su trabajo. “Tú eres muy bueno, vas a conseguir cosas mejores”, le auguró. Al día siguiente se sorprendieron con su presencia y luego de sostener nuevamente su inocencia, presentó su carta, entre lágrimas. Le dijeron que no exagerara, pero la decisión ya fue tomada.
Como ya se había hecho conocido en el medio, además había solo emisoras locales, en poco tiempo lo llamaron para trabajar en radio Continental. “Dice el señor Enrique Humbert que le prepares un piloto para un programa romántico”, le dijeron. Humbert fue el fundador de radio y televisión Continental, el empresario compartía su vida entre Arequipa y Lima. En pocos días inició el programa Resonancias Musicales, que tuvo un gran éxito.
“El señor Humbert te llama a su despacho”, le dijo la secretaria. “Estaba asustado, no sabía qué había hecho mal, ya tenía mala experiencia con visitar las oficinas de los dueños”. “Su programa será de 7 a 8 de la mañana”, le dijo, lo cual fue una gran noticia para él, porque a esa hora se tenía una mejor audiencia, aunque para ese entonces era muy temprano. Por años llegó a ser la compañía de padres e hijos que se preparaban para ir a trabajar o al colegio.
Muchos recuerdan la canción que identificaba su programa “Hola, hola, buenos días, te llamaba para saber, si también tú estás contento, muy contento de querer…”, de Baby Bell, “!Qué bonita mañana!, ¡Bonito color!”, eran sus frases favoritas para levantar el ánimo de quienes lo escuchaban en la década del 60 y 70.
Uno no tiene que hablar mucho, por más melodiosa voz que tengas, la gente se aburre; pero eso sí, hay que darle una debida identificación, entonación, color, sabor, de acuerdo a lo que se quiere expresar, recomienda.
Sus programas se llegaron a difundir a todo el sur, por la buena señal que emitían las emisoras en ese tiempo y como casi siempre ocurre, los locutores llegan también a acumular una infinidad de fans, quienes se imaginan al príncipe azul que les habla a través del aparato radiofónico. Algunas veces se llevan grandes decepciones, porque al conocerlos ni siquiera llegan al 10% de lo ideado mentalmente. “Cuando me conocían muchos se llevaban una gran decepción, pensaban que era un impostor, hasta que me oían hablar”, cuenta divertido don Percy Gallegos, quien no para de contar las anécdotas vividas.
Cuando era muy joven y ya era bastante conocido, recibió la invitación del hijo de la propietaria de una emisora en Ilo, quien le pedía que administrara la radio, con varias ventajas a su favor, como quedarse con el 50% de la publicidad que consiguiera para su programa, además de su sueldo. “En ese tiempo yo trabajaba con buenas empresas que conocían de mi trabajo, así que para mí no era tan difícil conseguir auspiciadores, por lo que terminé a fin de mes ganando un sueldo extraordinario, aunque hacía de todo: controlador, locutor, administrador, vigilante. La dueña de la radio, que era de Puno, puso el grito al cielo y reprendió a su hijo por haber hecho ese contrato. Al día siguiente me propuso un sueldo inaceptable, así que renuncie”, cuenta Gallegos, quien regresó a Arequipa a buscar trabajo, pero se encontró con un amigo del diario El Pueblo, quien le ofreció nuevamente regresar a Ilo para impulsar la venta del periódico en el sur.
“Un día, de casualidad, escucho que una profesora estaba solicitando permiso del trabajo por su embarazo y estaban buscando un reemplazo, de inmediato fui a presentarme, pasé mi examen y terminé de profesor en Ilo por dos años”, narra.
A través de la radio también se oía una voz femenina, para anunciar la hora, por ejemplo. Un día se le aparece en la radio una jovencita de Tacna, que quería conocer al locutor que le alegraba las mañanas, quien también era apasionada por la locución y de la música. Luego de superar el impacto de conocer al flaquísimo y joven conductor, se hicieron amigos y le comenzó a enseñar algunos tips para introducirla en el medio. Desde entonces viajaba una vez por mes para grabar las secuencias. Se trata de Juanita Begazo Portugal, quien sigue viviendo en Tacna, tiene incluso un canal de televisión, todavía sigue prestándole la voz femenina a sus programas y con quien mantiene una eterna amistad.
Es apasionado también por el deporte y ha jugado muchos años en algunos clubes, especialmente el Internacional, por lo que siempre ha incluido en sus programas un espacio deportivo. “Para algunos les puede resultar raro, pero a mí me ha funcionado y siempre se tuvo una buena aceptación”, el que incluía en sus famosos programas “Resonancias Musicales”, “El sonido del Amor” o la “Discoteca del Oyente”.
Percy Gallegos trabajó más de 30 años en Radio Continental, luego pasó a Radio Mil, Concordia, regresó nuevamente a Continental y ahora se lo escucha en radio San Martín, pero también mantiene programas en Ilo, porque con el tiempo se ha tenido que ir adecuando a la modernidad, debido a que se cambian constantemente los formatos para almacenar y difundir la música, los discos, casetes, disquetes, discos compactos, USB, entre otros. Como tiene gran cantidad de discos antiguos, los LP o de larga duración y los de 48 revoluciones, tiene también los equipos para poder escucharlos, hasta unos de los más modernos recientemente adquirido que permite reproducir los antiguos discos de vinilo y pasarlos directamente a una USB.
Eso también le ha permitido hacer los programas en su propia discoteca y enviarlos a la radio en formato digital, lo que dice es un poco más complicado que hacerlo en una cabina donde se tiene el apoyo del controlador quien coloca la música. En su casa él hace todo, busca entre sus discos que tiene organizados por abecedario, prepara las canciones que quiere ofrecer a sus oyentes, la graba, coloca su voz y luego la envía.
Gallegos tiene dos hijos varones de su primer matrimonio, al enviudar se volvió a casar y producto de esta nueva unión tienen dos hijos más, con uno de ellos mantiene una productora, pero ninguno ha heredado su afición. “Cuando tú te mueras, yo voy a hacer tu trabajo”, le anuncia su pequeño nietecito, quien está presente todo el tiempo cuando graba sus programas.
Tiene un Chevrolet captiva, que mantiene como tesoro aunque muchos le han pedido que le ponga precio, por nada quiere deshacerse de él, a pesar que no lo usa constantemente por el pesado tránsito. Prefiere ponerse un casco y así se moviliza en moto por la ciudad. “Bonito color”, nos dice al despedirse.
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