Arequipa

Las alas de una mujer militar

25 de marzo de 2018
Las alas de una mujer militar

La vida militar no es nada sencilla, y no cualquiera se atreve a dejarlo todo por seguir esta vocación de servicio, sólo los valientes se animan a emprender esta aventura, que en verdad puede brindarte los momentos más gratificantes de tu existencia. Hoy precisamente contaré la historia de una dama que no ha sucumbido al sacrificio que puede significar hacer carrera militar y a más de uno nos dará una valiosa lección de vida y perseverancia.

 
Por: Paola Gómez Ríos
 
De ojos grandes y mirada intensa, pero sobre todo con una sonrisa en el rostro que refleja la felicidad de servir a su Patria en la Fuerza Aérea del Perú (FAP). Así es la mayor FAP Arita Okpo Dueñez, de 37 años de edad, quien es un ejemplo de la mujer militar porque con persistencia y compromiso diario ha venido alcanzando sus más ambiciosas metas.
Le gusta volar, viajar, y hacer deporte. La primera es su gran pasión, la segunda fue una obligación de niña pero hoy es su hobby principal y la última es una necesidad para seguir escalando peldaños en su carrera militar. Cree en Dios, aunque no profesa ninguna religión, y en sus propias palabras es muy empeñosa, agradecida, servicial y disciplinada.
 
Arita Okpo está en la FAP no solo por la compensación económica que recibe de forma mensual sino porque tiene la necesidad de servir al Perú y ser útil a la sociedad. En este sentido, está convencida que la mejor decisión de su vida fue ingresar a la Fuerza Aérea, donde no solo fortaleció el cuerpo sino el alma, porque ha consolidado sus valores.
 
SU INGRESO A LA FAP
Arita Okpo es una peruana nacida en el extranjero, en la ex Unión Soviética. Un 18 de noviembre de 1980 llegó a este mundo para iluminar la vida de sus padres, que siempre la han adorado por ser la única hija mujer. Desde pequeña fue traída a la capital, Lima. Estudió la primaria en el Colegio de Monjas Señora de la Consolación y la secundaria en El Buen Pastor.
 
Gran parte de su niñez y adolescencia se las pasó volando, sostiene. Y es que por razones de trabajo su madre viajaba mucho y ella le hacía compañía. Es entonces cuando empieza a llamar su atención  las aeronaves. Le causaba asombro ver la magnitud de estos objetos y más aún verlos en el cielo sin que nada los sostuviera, además que tenían la propiedad de trasladar personas.
 
Junto a su madre desde los 14 años empezó a asistir a la Escuela de Aviación Civil ubicada en Lima, allí no solo podía apreciar de cerca las aeronaves, sino también subirse y pedir explicación a pilotos sobre estas. Y aprovechaba el tiempo al máximo porque también practicaba paracaidismo. Cuando acabó el colegio a los 16 años empezó a ser sus primeros pininos en el modelaje. Afirma que por una cuestión de curiosidad incursionó en este campo, empero, desertó de la idea de continuar una vida profesional aquí porque consideró que no le auguraba un buen futuro.
 
Una tarde, revisando junto a su madre el periódico se enteró de algo que en ese momento le parecía imposible. La FAP sacó un comunicado realizando un llamamiento a mujeres que deseen servir a la Patria y pensó que era no solo su gran oportunidad de poder estudiar aviación que tanto le gustaba sino también administración, ambos sus grandes sueños.
Sin pérdida de tiempo fueron con su madre a averiguar a la FAP las posibilidades de su ingreso, y como en dos días cerraba la convocatoria, tuvieron que trabajar arduamente para conseguir todos los requisitos a la mayor brevedad. Con todo lo requerido, pero sobretodo muchas ganas de triunfar Arita llegó un viernes por la tarde a la base aérea Las Palmas.
“No lo va a lograr”, “Se va a regresar en dos semanas”, “Arita no está acostumbrada a sufrir, no va a aguantar”, decían sus familiares cercanos a su madre, quien en ningún momento perdió la fe en ella y no solo la ayudó a hacer realidad ese proyecto, sino que la empujó a no rendirse ni dejarse vencer ante cualquier obstáculo que tenga en la vida. “Al comienzo extrañaba mucho a mi madre y a mis hermanos, pero con el tiempo aprendí a llevarlos en el corazón”, señaló.
 
Arita entró a la Escuela de Oficiales de la FAP por cinco años. El grupo que integraba fue la Segunda Promoción de Mujeres en la FAP. Eran en total 161 jóvenes de las cuales 16 eran damas. “En la FAP conseguí 16 hermanas”, afirma; pues dice que el compañerismo es una herramienta que te ayuda a sobrellevar cualquier obstáculo que se te presente en la carrera militar.
 
Hay que destacar que la Fuerza Aérea del Perú ofrece a las damas diversas especialidades como Pilotaje, Ingeniería de sistemas, Administración de personal, Abastecimiento, Finanzas, Ingeniería Aeronáutica, Comunicaciones y Electrónica, Meteorología, entre otras.
 
UN DÍA DE CUARTEL
En el cuartel uno debe levantarse a las 05:30 de la mañana. Una hora en que quizás algunos recién están llegando a casa. Cuando te decides por realizar la carrera militar debes dejar atrás la flojera, la pereza y, sobre todo, la cama caliente. Debes estar puntual y en fila para realizar el deporte diario en el patio, luego debes asearte y arreglar tu cama para tomar desayuno.
 
Luego tienes que acudir al dictado de cursos militares y los relacionados a la carrera que escogiste. Al finalizar la instrucción debes volver a asearte y presentarte para una nueva revisión. Luego tienes un descanso para en horas de la tarde retomar las actividades académicas y finalmente practicar la disciplina que escogiste como atletismo, natación, yudo, etc. Empero, hay que destacar que brindan además talleres variados. Arita escogió, por ejemplo, Teatro.
 
A las 21:45 horas viene el toque de silencio, donde no se debe escuchar ni el zumbido de una mosca porque es el momento de descansar. En los tiempos de Arita no estaba permitido el uso de celulares en el interior de las bases aéreas, pero los jóvenes sí tenían momentos de distracción con los juegos de mesa y televisión, disponibles en áreas comunes.
 
CARGOS OCUPADOS
Luego de haber estudiado cinco años, Arita empezó a trabajar en la FAP, ocupando diferentes cargos en la Dirección de Información e Interés de la FAP, Prensa, Relaciones Públicas, en el Departamento de Apoyo Social y otros, pero siempre en Lima. En el año 2016 por disposición de sus superiores es enviada al Ala Aérea N° 3 de la FAP en la Ciudad Blanca, para desempeñar labores de prensa.
 
A la base aérea acude de lunes a viernes de 07:45 hasta las 16:45 horas. Pero aquí no acaba el día de Arita, porque regresa a casa cerca de las 18:00 horas solo para cambiarse para asistir a sus clases de inglés y luego al gimnasio. Estudia el idioma extranjero porque le abrirá muchas puertas, además que le ayuda a crecer personal y profesionalmente. 
Y acude al gimnasio porque no solo le ayuda a cuidar la salud y mantenerse en forma, sino porque dos veces en el año rinde exámenes de esfuerzo físico en la Fuerza Aérea del Perú, y en este sentido requiere estar activa. 
 
“ME GUSTA CONOCER CULTURAS”
Como la labor que Arita cumple en la FAP es solo de lunes a viernes, ella aprovecha sus dos días de descanso para hacer lo que más le gusta: viajar, porque le gusta conocer nuevas culturas. En los dos años que lleva en Arequipa ha visitado el cañón del Colca, el Valle de los Volcanes, Cabanaconde y Chachas. La comida arequipeña es su debilidad, porque la considera realmente exquisita y adicional al sombrero macora que ya se ha comprado tiene el proyecto de adquirir uno del Colca, debido a que le atraen mucho los coloridos bordados que estos exhiben.
 
Segura de sus capacidades afirma que en 10 años tendrá el cargo de Coronel en la FAP. Ella se ve trabajando en la Dirección de Información proyectando acciones cívicas en beneficio de los más necesitados de su país. La disciplina y persistencia que le pone a todo lo que hace seguro la llevarán a cumplir este sueño, porque las alas de esta mujer militar no se las corta nadie
 
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